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Mitos y realidades de la práctica del Derecho

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Mitos y realidades de la práctica del Derecho (Bigstockphoto)

Diego Mauricio Acevedo (asociado), Juan Pablo Colom (abogado) y Ludovica Pascarella (abogada)

Cuberos Cortés Gutiérrez Abogados

 

En la actividad diaria, dentro de las oficinas de abogados, es común escuchar cómo los recientes ingresados manifiestan algo de frustración por encontrarse con una realidad (profesional) para la cual nunca fueron concientizados en las facultades. Esta situación los lleva a una “queja” frecuente: la de no haber recibido ningún tipo de preparación práctica para su ejercicio profesional. Más aún, es también parte de la “normalidad” que el nuevo exprese que el cúmulo de conocimientos que ha logrado obtener en la academia, ya en la práctica, no puede aplicarlos.

 

Partiendo de ese hecho concreto, en las próximas líneas se busca analizar, desde un punto de vista crítico, ciertos mitos que rodean esta profesión y que han venido asentándose dentro de las facultades de Derecho, sin pretender con ello hacer un presagio apocalíptico de la abogacía; por el contrario, se pretende hacer un examen consciente desde la realidad de los estudiantes, que podrá ser clave para los futuros juristas, o simplemente para aquellos que demandan claridad en su horizonte profesional.

 

1. “Estudiando Derecho puedes dedicarte a lo que quieras”

 

Parcialmente cierto. Indudablemente, el Derecho es una de las ciencias sociales y humanas con mayor campo de aplicación. Como bien ha sido debatido en las aulas de clases de las distintas facultades del país, el derecho permea desde la sencilla tarea de la compra de un pasaje para usar el Transmilenio hasta los riesgos derivados de la utilización del servicio. En este orden de ideas, es innegable que el Derecho es un medio para llegar a un fin determinado, pero no es el único y en ocasiones tampoco es el más importante.

 

Ahora bien, cada vez más se vive en un mundo globalizado, que introduce nuevas formas de hacer negocios a un ritmo para el cual, por lo general, el ordenamiento jurídico no está preparado. Por esta razón, la profesión del abogado debe ser intrínsecamente dinámica y, más importante aún, interdisciplinaria. Es a partir de la colaboración constante entre las profesiones de las distintas ramas de los sectores económicos que se puede llegar al fin esperado por todas las partes intervinientes.

 

2. “Los abogados (quienes ejercen como tal o los que estudian para ello) no tienen vida”

 

Falso. El abogado tendrá la vida que decida llevar. El mercado laboral es lo suficientemente amplio para que un recién egresado escoja el camino que desee y de cambiarlo sobre la marcha, si así lo decide. No todos están condenados a ser “esclavos” de aquellas firmas con una presencia en el mercado más agresiva; ello dependerá en gran medida de los principios, valores e intereses de cada persona.

 

Sin perjuicio de lo anterior, antes de tomar cualquier decisión de índole laboral, se deben evaluar cuáles son las expectativas del trabajo, los compromisos por adquirir, las prioridades del desarrollo personal y la proyección a futuro como persona en sociedad. En este orden de ideas, será responsabilidad de cada uno escoger la vida que se desee, ponderando y buscando un equilibrio entre todos los aspectos que incidan en ello. Recuerden, los trabajadores también educan a los jefes.

 

3. “Los abogados son tramposos”

 

Falso. En toda profesión, lamentablemente, hay personas que no ejercen su carrera acorde al sentido social que cada una tiene. En el caso de los abogados, esta realidad ha generado un sentimiento de desconfianza por parte de la comunidad hacia ellos, si bien el norte común siempre es la búsqueda y aplicación de la justicia, independientemente de cada especialidad o enfoque.

 

Ahora bien, como cualquier otra profesión liberal, el abogado deberá realizar su mejor esfuerzo para perseguir y proteger los intereses de su cliente dentro del marco legal y ético. Sin lugar a dudas, esta formación básica y primaria del abogado responde a un proceso educativo desde las facultades de Derecho de cada universidad, que forman seres humanos antes que profesionales.

 

Es menester recordar que el abogado siempre deberá distinguirse por su correcto comportamiento, lo cual con seguridad hará que sea bien valorado.

 

4. “Lo peor que te puede pasar es el vencimiento de un término”

 

Cierto. En el ejercicio profesional habrá muchos obstáculos, dificultades y errores que podrán ser subsanados en diferentes oportunidades; desafortunadamente, el vencimiento de un término no es uno de esos escenarios. Contrariamente a la convicción de que solo los litigantes tienen que lidiar con la pesadilla de los términos, la verdad es que todas las actuaciones judiciales están pensadas para desarrollarse de manera cronológica en unos plazos perentorios señalados en la ley.

 

En este orden de ideas, si bien los términos podrían ser considerados el karma del abogado, son la herramienta que permite, en varios casos, lograr la aplicación de la justicia y obtener la seguridad jurídica. Asusta equivocarse en el conteo de los días, descubrir que ya venció el término o que se está venciendo, pero no hay que ponerle tanto misterio. Los términos, así como los errores, son el pan de cada día de los abogados. No hay que temerle a equivocarse, porque todo es una oportunidad de aprendizaje; lo importante es hacer siempre el mejor esfuerzo, lo más objetivamente posible, para reducir al mínimo estas situaciones, buscando, entre otras, las diferentes herramientas tecnológicas que actualmente permiten hacer más llevadero el control de los citados términos judiciales.

 

5. “Si estudias Derecho, solo podrás ejercer en ese país”

 

Parcialmente cierto. No cabe la menor duda de que, a pesar de ciertos elementos comunes, cada país tiene un ordenamiento jurídico propio conformado por normas, procedimientos e instituciones singulares. Sin embargo, las facilidades que existen hoy en día para acceder a la información han logrado mermar esa distancia física y cultural que en algún momento se constituyó como el obstáculo más grande, permitiendo entender que en las diferencias hay oportunidades de crecimiento.

 

Gracias a ello, en la actualidad es posible que profesionales de distintos lugares del mundo puedan colaborar y cooperar para estructurar políticas públicas con base en las experiencias y los conocimientos jurídicos de su país. Sin perjuicio de las diferencias procedimentales del Derecho, por lo general, muchas instituciones del Derecho son iguales en todo el mundo porque los principios generales son comunes. Ello facilita el entendimiento del ordenamiento foráneo y la posible cooperación internacional.

 

Un contacto directo, tempranamente

 

El ejercicio profesional muestra que, no obstante el gran número de profesionales, hay espacio para todos los intereses, así como una constante necesidad de evolucionar con las exigencias del entorno en el cual se ejerce. Sin embargo, para que el futuro jurista pueda, en primera persona, atestiguar que lo anteriormente citado son mitos o realidades, y asimismo dimensionar el campo de aplicación que existe para el Derecho, sería muy útil que dentro de las universidades se planteara como parte del plan de estudio que el alumno, desde el segundo año, ingresara al mundo laboral, bien sea en el sector público o en el privado, mediante prácticas tanto en oficinas como en la administración de justicia o en entidades administrativas.

 

Igualmente, desde las facultades de Derecho es preciso concientizar a los docentes, pues si bien es importante compartir el conocimiento con los estudiantes, mucho más es que estos puedan tener un acercamiento práctico al conocimiento; es decir, se debería indicar cómo aplica el Derecho, lo cual se podría hacer principalmente mediante el manejo de casos, talleres y seminarios de investigación.

 

Ello les permitiría tener un contacto directo con el mundo del ejercicio profesional, facilitando la comprensión de aquellos conceptos teóricos que aprenden sentados en un salón de clases. Esto, sumado a unas clases estructuradas sobre un modelo más casuístico, en el cual los estudiantes deban acudir a todas las fuentes del Derecho para lograr estructurar una respuesta y asumir una posición, los dotaría de las herramientas necesarias para poder enfrentarse a la vida laboral, no solo con mayor tranquilidad, sino también con un mejor entendimiento de su quehacer profesional.

 

Una realidad a la que ya se hizo referencia, pero que vale la pena retomar, es el hecho de que el abogado nace con un estigma social. Para la mayoría, es la persona que saca ventaja de los problemas ajenos, a tal punto de dificultar la resolución de los casos solo con el fin de recibir mayores honorarios. Si bien existen sujetos, no profesionales, de esta índole, dicho estigma obedece principalmente a la visión del derecho como una herramienta reactiva a la que acuden las personas después de estrellarse contra un problema con el que no pueden lidiar.

 

Para hacer frente a esta situación, debería promoverse desde la misma universidad un ejercicio proactivo de la profesión, en el cual el abogado actúe como asesor para prevenir los posibles efectos adversos de una actividad y no como ultima ratio, luego de haber acudido a canales alternativos de solución.

 

Para finalizar, dejo un mensaje a todos los futuros abogados, recién egresados y estudiantes: no le tengan miedo a su profesión, sáquenle provecho a una disciplina tan amplia como el Derecho y busquen la forma de mejorar su ejercicio y enseñanza desde el primer día de clases. Esta es una disciplina que se construye entre todos, lo que hay es campo de aplicación; así que no le tengan miedo a salir al mundo laboral, a equivocarse. Toda experiencia forma.

 

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