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“La corrupción de la sociedad no justifica la deshonestidad de los abogados”

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Sala Edición 5 - Imagen Principal

Los escándalos de corrupción que envuelven a fiscales, jueces y magistrados de las altas cortes han llevado a que muchos cuestionen la ética de los profesionales del Derecho.

 

En opinión de la abogada Betsy Yadir Perafán Liévano, profesora del curso de Ética Profesional en la Facultad de Derecho de la Universidad de los Andes, los medios de comunicación tienen mucha responsabilidad en ese estigma, pues solo hablan de los abogados corruptos, pero no de los honestos.

 

ÁMBITO JURÍDICO: ¿Cree que la crisis actual de la justicia obedece a la falta de formación en ética de los abogados?

 

Betsy Yadir Perafán Liévano: Sí. Aunque haya corrupción en muchos ámbitos, los abogados deberíamos dar ejemplo de honestidad. Se nos olvida –o nunca nos enseñaron- que nuestra profesión es un servicio social. Pero es que decir que “servimos” a la sociedad nos baja estatus; nos creeríamos menos que los demás, siendo que debería ser el mayor orgullo. Una sólida formación ética de quienes somos puente entre la sociedad y la administración de justicia (y, a la vez, parte de ambas) podría contribuir a la misma formación ética de estas. Y una aclaración: yo soy optimista, no creo que la crisis de la justicia sea un problema actual, sino que siempre ha existido. Más bien pienso que hoy está pasando algo muy bueno: esa realidad se está haciendo pública y denunciando.

 

Á. J.: Muchas universidades han suprimido la cátedra de ética en sus currículos. ¿Es necesario revivir esta formación?

 

B. Y. P. L.: Sí. Tanto en una cátedra aparte, como de manera transversal en todas las materias del pensum. Es importante que se dé espacio para la reflexión sobre las propias acciones y omisiones, y para la acción misma, pues no es solo quedarse pensando en el deber ser, sino generar ambientes de respeto, autonomía y solidaridad, donde los estudiantes participen en la toma de decisiones y en proyectos sociales. Entonces, no creo que sea un asunto de “revivir” la formación ética, sino de implementar la cátedra de una mejor manera. Algunas clases de ética suelen limitarse al planteamiento de dilemas morales en abstracto, lo que hace que el dilema sea falso (pues limita las posibilidades de solución) y lejano de las personas concretas en conflicto y de su relación.

 

Á. J.: ¿En dónde comienza la ética del abogado? ¿en la familia, en el colegio o en la facultad?

 

B. Y. P. L.:Comienza en la familia. Pero sigue en todo lugar y durante toda la vida. Es importante comprender que la formación ética no se limita espacial ni temporalmente: no nos quedamos con lo aprendido en casa y durante la infancia. Si nos habituamos a pensar por nosotros mismos, a conocernos, a recrearnos y a comprender que no “somos” de determinada manera, sino que “estamos siendo”, permaneceremos abiertos a aprender y a crecer. Claro, las instituciones educativas tienen un rol fundamental en la formación ética, porque la mayoría de niños, jóvenes y adultos pasan gran parte de su vida en ellas y –más que lo que les piden repetir- sus acciones van moldeando su personalidad.

 

Á. J.: ¿Qué tanta responsabilidad tiene la academia en los escándalos de corrupción de la justicia?

 

B. Y. P. L.: Mayor que todos los demás espacios de formación ética, porque es un lugar privilegiado para el libre intercambio de ideas, el trabajo en equipo, la investigación, la reflexión y la creación. El problema es que no lo aprovechamos en esos sentidos. Por el contrario, muchas veces preferimos la imposición de ideas, el trabajo individual y la repetición. Las investigaciones suelen quedar en diagnósticos y rara vez sus resultados son propositivos. Cuando lo son, planteamos recomendaciones para otros, pero no nos interesamos por hacer parte de la solución. Siendo así, el mensaje que damos es que los problemas sociales no son nuestra responsabilidad.

 

Además, los estudiantes no aprenden a crear, pues limitamos su imaginación; por tanto, cuando son profesionales se vuelven conformistas de la realidad y piensan que solo les queda adaptarse a ella: es decir, si es una sociedad corrupta, pues también hay que serlo y sacar ventaja de la situación. Entonces el mensaje es contradictorio y, como prima el ejemplo sobre la palabra, el estudiante amplía la distancia entre su discurso (lo que aprende a repetir) y su acción sin ver problema en ello. 

 

Á. J.: ¿Cómo superar el estigma del abogado corrupto que muchas personas tienen en su concepción?

 

B. Y. P. L.: Con contraejemplos. Si muchas personas tienen esa percepción, probablemente es porque ha conocido un caso de corrupción (sea personalmente o a través de los medios de comunicación). Pero si la gente empieza a saber de casos de honestidad mucho más que de corrupción, su concepción cambia. Los medios de comunicación tienen mucha responsabilidad en ese estigma, pues solo hablan de los abogados corruptos, pero no de los honestos. Seguramente somos muchos más los abogados honestos, pero eso no es noticia. Por otro lado, si hay abogados que se dejan corromper es porque hay ciudadanos que corrompen; por ejemplo, quienes contratan a los abogados para que ganen sus casos a cualquier precio. Entonces el problema es de todos. En la sociedad no comprendemos que realmente se gana cuando todos ganamos. Pero vuelvo sobre lo que dije al comienzo: la corrupción de la sociedad no justifica la deshonestidad de los abogados, porque nosotros estamos al servicio de la justicia y eso nos hace más responsables.

 

 

Betsy Yadir Perafán Liévano

 

Estudios realizados: es licenciada en matemáticas de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas y abogada de la Universidad de los Andes, magistra y Doctora en Educación de esa misma institución. 

 

Cargos desempeñados: ha sido profesora, entre otros, de los cursos Introducción al Derecho, Constitución y Democracia, Hermenéutica Jurídica y Sociología Jurídica y Ética Profesional en la Facultad de Derecho de la Universidad de los Andes.

 

Ocupación actual: es profesora asociada y Directora del Área de Educación Jurídica en la Facultad de Derecho de la Universidad de los Andes.

 

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