Columnista Online
Buscar Columnista Online

¿Hacia un bioproceso penal?

46222

Compartir por ×

Correo electrónico
¿Hacia un bioproceso penal?

John Zuluaga

Doctor en Derecho y LL. M. de la Georg-August-Universität Göttingen (Alemania)

Profesor asociado de la Universidad Sergio Arboleda

 

En tiempos del covid-19 se ha concebido una especie de organización inmunológica de la sociedad, como atinadamente lo ha dicho Byung-Chul Han. En clave del distanciamiento físico y social se vienen moderando las libertades de interacción a los fines de contener la propagación del virus. Esto ha transformado innumerables existencias expresadas no solo como realidades individuales, sino, además, como identidades colectivas o institucionales con sus respectivas memorias y cotidianidades. Esta transformación también ha tenido repercusiones inmediatas en la realidad de los procesos penales. En estos se viene configurando un tipo de interacción dirigida a prevenir la exposición de los sujetos y escenarios procesales frente al covid-19.

 

Con esto se inaugura una suerte de ensamble entre bioseguridad y proceso penal, que parece prometer una justicia funcional a los distanciamientos. Dicho en otras palabras, un proceso penal mediado por la bioseguridad y el andamiaje propio de los biotrajes, tapabocas, cabinas antisépticas, protocolos de desinfección y todo tipo de medidas dirigidas a evitar la contaminación. Se trata, sin duda, de un bioproceso penal que garantiza las distancias, pero que reduce la vitalidad del componente humano en los trámites judiciales. Esto, además, con una repercusión directa en la pérdida de control que sobre sí mismo y sobre el espacio procesal puedan tener los intervinientes.

 

Adicionalmente, parece abrirse paso una táctica de control político por medio de la restricción al ímpetu y autoconfianza de los intervinientes. No es una mera configuración inmunitaria del espacio, sino, más allá de esto, una estrategia disciplinaria por medio de la contención del miedo a la infección. Es acá donde el proceso penal, como “el termómetro de los elementos corporativos o autoritarios de la Constitución” –en los términos magistralmente expuestos por Goldschmidt– refleja los alcances de la organización inmunológica de la sociedad. En la justicia penal biosegura se puede ver una práctica instituyente no dirigida por alguien, pero conducente al adiestramiento y amansamiento de los participantes mediante la disminución de su dimensión contestataria en el proceso.

 

Todo esto comienza a cristalizarse con la marcha forzada de la mal llamada “justicia digital”. Una suerte de huida a la virtualidad para protegernos ante la propagación del covid-19. Esta modalidad de trabajo ha intentado asegurar una continuidad parcial de las actividades judiciales, pero sin resolver los múltiples problemas que arrastra nuestro subdesarrollo digital. ¿Cómo puede concebirse una forma de justicia digital antecedida de grandes problemas de acceso a internet en regiones de Colombia que no disponen de este servicio? ¿De qué manera se puede hacer justicia, si no están resueltos los problemas de seguridad de los mecanismos de verificación de identidad de los participantes en audiencia o el manejo de información reservada y de expedientes aún no digitalizados? Por esas razones, no debería llamársele “justicia digital”. Para ser más justos en los términos, debería valorarse como una simple medida de bioseguridad que para nada compensa la misión de la justicia penal.

 

Como consecuencia del subdesarrollo digital y del empoderamiento del distanciamiento físico y social, la administración de justicia se minimiza. No solo porque las posibilidades de interrupción, oposición y réplica quedan filtradas por la bioseguridad, sino, además, porque la inmediación, concentración y publicidad tienen ahora una escasa capacidad de rendimiento. Si todos los sujetos procesales no pueden estar presentes de forma online y, si lo estuviesen, sus intervenciones no tienen la misma fuerza por problemas de estabilidad en la conexión, entonces no resulta posible asegurar el núcleo del sistema acusatorio como metodología falsacionista.

 

El bioproceso penal que viene tomando cuerpo como efecto de la pandemia está construyendo un imaginario judicial desposeído de verificaciones críticas al desenvolvimiento del poder punitivo. Este supone una alta despersonalización del proceso penal, que disuade la corporeización de la conciencia crítica y reduce o anula la capacidad de enfrentar el secreto y la arbitrariedad.

 

Reciba nuestro

boletín de noticias

TOP 10 MÁS POPULAR

Visto 40967 veces
46747

Compartir por ×

Correo electrónico
Visto 6940 veces
46743

Compartir por ×

Correo electrónico
Visto 5854 veces
46775

Compartir por ×

Correo electrónico
Visto 3912 veces
46748

Compartir por ×

Correo electrónico
Visto 3335 veces
46842

Compartir por ×

Correo electrónico
Visto 2149 veces
46774

Compartir por ×

Correo electrónico
Visto 2110 veces
46749

Compartir por ×

Correo electrónico
Visto 1793 veces
46805

Compartir por ×

Correo electrónico
Visto 1661 veces
46783

Compartir por ×

Correo electrónico
Visto 1261 veces
46768

Compartir por ×

Correo electrónico
35758

Compartir por ×

Correo electrónico
44584

Compartir por ×

Correo electrónico
43707

Compartir por ×

Correo electrónico
Compartido 6506 veces
45924

Compartir por ×

Correo electrónico
Compartido 6174 veces
44932

Compartir por ×

Correo electrónico
43907

Compartir por ×

Correo electrónico
44877

Compartir por ×

Correo electrónico
45801

Compartir por ×

Correo electrónico
42581

Compartir por ×

Correo electrónico
45611

Compartir por ×

Correo electrónico
13598

Compartir por ×

Correo electrónico
14244

Compartir por ×

Correo electrónico
Comentado 64 veces
13024

Compartir por ×

Correo electrónico
30523

Compartir por ×

Correo electrónico
14990

Compartir por ×

Correo electrónico
32930

Compartir por ×

Correo electrónico
33218

Compartir por ×

Correo electrónico
30977

Compartir por ×

Correo electrónico
12267

Compartir por ×

Correo electrónico
11832

Compartir por ×

Correo electrónico