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“Las capas del techo de cristal” en el mundo de la justicia

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“Las capas del techo de cristal” en el mundo de la justicia

Liliana Estupiñán Achury

Directora Grupo de Estudios Constitucionales y de la Paz Universidad Libre

Doctora en Sociología Jurídica e Instituciones Políticas y estancia posdoctoral en Derecho Constitucional

 

No puedo romantizar algo tan doloroso como esta pandemia, el encierro, el nivel del contagio y la alta vulnerabilidad que tenemos en un Estado centralista, con territorios tan débiles por décadas y siglos para enfrentar semejante emergencia sanitaria, y un nivel de violencia al que hemos regresado ante la ausencia de un verdadero desarrollo del Acuerdo de Paz y de la construcción del Estado en los territorios. Pero algunas cosas positivas saldrán de esta fase compleja, una de ellas es el protagonismo y liderazgo de la mujer, hoy más visible que nunca. Cuidadoras universales (aplica para todos los niveles y sectores públicos y privados, aunque nuevas masculinidades también hacen de las suyas en sentido positivo y de cuidado).

 

Un movimiento se observa en las redes contra la presencia mayoritaria de hombres en los programas de opinión y en el análisis de la coyuntura y, últimamente, el reclamo permanente contra webinar integrados de forma exclusiva por hombres. Algo positivo está pasando.

 

También considero un avance la socialización del informe de Usaid intitulado: Las capas del techo de cristal: equidad de género en la Corte Constitucional. Una investigación desarrollada en el marco del programa de justicia para una paz sostenible. Bienvenidos todos estos estudios, propuestas y ajustes. La Corte debe dar ejemplo y marcar a toda la justicia del país, otras ramas del poder, organismos de control, entidades territoriales, sectores públicos y privados y, de manera especial, a las universidades aún tan renuentes a transformar sus estructuras conservadoras y patriarcales. Entre menos institucionalización más arbitrariedad y sufrimiento para las mujeres, pero también es cierto que muchas de estas instituciones, aun con marcadas reglas del juego, carecen de una cultura en clave de género, diversidad, interculturalidad y equidad. Las simples cuotas no son suficientes. El feminismo blanco no es suficiente.

 

El informe de Usaid, inspirado en el marco teórico del techo de cristal, definido por sus autoras Claudia Gómez López y Mariana Tafur Rueda como una metáfora para el análisis de la discriminación de género contra las mujeres, surgido a mediados de los años ochenta en los países anglosajones y que pretende, según las autoras, detectar las barreras socioculturales que impiden el ascenso de las mujeres a los cargos de mayor jerarquía y visibilidad, de acuerdo con ellas, limitando el desarrollo de sus carreras profesionales y a su vez generando desigualdades salariales y ocupacionales y el carácter invisible de una capa de cristal, esto es, normas culturales que no son explícitas y que dan la apariencia de instituciones tranquilas, neurales y objetivas (Gómez López & Tafur Rueda, 2020), cuando en la realidad son verdaderas cuevas de testosterona, refleja que debemos apurar la marcha y constitucionalizar todas nuestras acciones e instituciones en clave de género, equidad, respeto, pluralidad, dignidad y diversidad.

 

Varios enunciados o palabras dan cuenta de la normalización de la discriminación:  resignación, negación, “las mujeres se dan por vencidas o no buscan promociones debido a obstáculos sociales y de las organizaciones”, “las mujeres rara vez reciben créditos por sus éxitos”,  “las mujeres en puestos de alta dirección se enfrentan a humillaciones frecuentes de ser demasiado blandas o demasiado duras”, “las mujeres prefieren una vida equilibrada más que ganar carreras altamente remuneradas” o “cuando las mujeres tienen la oportunidad de liderar realizan trabajos muy efectivos”, todas estas frases hablan de lo mismo. Cada una de ellas refleja el sufrimiento que esconden las mujeres, los grupos diversos y los diferentes colores y matices, para poder desarrollar de forma libre su ciudadanía.

 

A partir de la aplicación de un enfoque cualitativo y cuantitativo concluyen, tras aplicar entrevistas semiestructuradas a una muestra de 240 miembros de la planta y 20 contratistas de servicios generales, que aún perviven las limitaciones de toda clase que dificultan, según las autoras, la participación activa y equitativa de las mujeres en los espacios de poder o de toma de decisión. Si bien observan que el 33 % de los cargos de mayor responsabilidad en la Rama Judicial los desempeñan mujeres en aplicación de la Ley Estatutaria 581 del 2000 o ley de cuotas, perviven las limitaciones de todas clases.

 

Supuestamente el techo de cristal ya no es tan marcado como hace una década, existe un número significativo o mayor de mujeres laborando en la Corte (excepto de magistradas titulares, aquí los hombres superan siempre), política de ascensos y una remuneración que resulta, según el estudio, equitativa en razón del cargo que se ejerce y de las reglas preexistentes sobre esto. Sin embargo, concluyen, dicho techo de cristal se soporta en una serie de capas no explícitas como la presencia de una trasversal cultura de discriminación por identidad étnica o de género, clase social y lugar de procedencia, entre otros. Una segunda estaría dada por la jerarquía femenina del hogar, la doble jornada y los imaginarios sexistas que perpetúan los roles y estereotipos de género, y la tercera capa se basa en la tolerancia a las violencias de género, y, en particular, en la falta de políticas institucionales que sancionen dichos comportamientos.

 

Preocupantes datos sobre violencia sexual: 13 % de los encuestados manifiesta haber escuchado comentarios sexistas, chistes o tratos inadecuados; 10 personas afirmaron haber sido víctimas de tocamientos incómodos; 12 personas aseguran haber recibido propuestas de tipo sexual en el marco de las relaciones laborales; 39,8 % de las víctimas de acoso manifiestan que después de ese tipo de sucesos no se han podido concentrar adecuadamente en el trabajo; a un 14,5 % le ocasionó conflictos familiares, y el 18,5 % decidieron cambiar su forma de vestir. Con respecto al ámbito laboral, más del 50 % de las mujeres reconoce que enfrentarán barreras sexistas al comenzar a trabajar en la Rama Judicial, el 40 % de las encuestadas considera que alcanzar la paridad tardará décadas. También se revela la reproducción de estereotipos de género: 18 de 20 personas que apoyan servicios de cafetería y aseo son mujeres, algunas de las encuestadas trabajan durante más de 16 horas atendiendo labores del trabajo y del hogar (Gómez López & Tafur Rueda, 2020)

 

Surgen, entonces, varias preguntas, si esta situación pervive en la Corte Constitucional, guardiana de la Constitución, qué pasará con las otras altas cortes; la Justicia Especial para la Paz, aunque esta tiene un proceso de integración sui generis y muy valorado en lógica comparada en diversos aspectos; qué pasara en los tribunales, juzgados, por solo hablar de la Rama Judicial; otras ramas del poder público; organismos de control; sectores público y privado; instituciones como las universidades; los escenarios de formación de abogadas y abogados, etc., todos tan marcados aún por siglos y décadas de mirada patriarcal, racista, sexista, clasista y homofóbica. El camino por recorrer es largo y en varios sentidos. Lo peor, las mayores distancias con un ideal posible en materia de equidad, dignidad y respeto en temas de género, estará dado en instituciones menos institucionalizadas, las menos democráticas o aquellas donde las reglas del juego no estén claras. Ni hablar de las oficinas de abogados y abogadas, las empresas del derecho y de nuestras propias casas, etc.

 

Muchas cosas por cambiar y construir. Desvestirnos de siglos de malas mañas y discriminación, volver a empezar y de forma correcta. Por todo esto, bienvenido el estudio y manos a la obra con todas las recomendaciones y acciones por desarrollar. Que se replique en todas las entidades del Estado y las universidades, sin duda, sería un paso inicial en la construcción de una sociedad en fase de construcción de paz y reconstrucción de lo que nos dejará esta arrolladora pandemia. El mundo jurídico debe dar la pauta en materia de respeto, género, pluralismo y diversidad.

 

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