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Animales, con derechos pero sin bienestar

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Carlos Contreras

Abogado de Murlà & Contreras Advocats

Doctor en Derecho de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).

Profesor del Máster en Derecho Animal y Sociedad de la UAB.

 

En los países industrializados, la producción de carne ha aumentado de forma constante desde 1960. La producción de aves de corral se multiplicó por cinco desde 1961 hasta 2001 y la producción de cerdos se incrementó en un 84 %. En los países menos industrializados, el aumento en la producción animal ha sido tan profundo como para denominarlo “a livestock revolution[1] (una revolución ganadera). En Europa, mientras se producían estos cambios, también se experimentaron cambios culturales que implicaron una mayor atención hacia los animales y una mayor preocupación por su calidad de vida, que se tradujo en avances científicos y normativos[2]

 

En el Reino Unido[3], con la publicación del libro Animal Machines – The New Factory Farming Industry, de Ruth Harrison, en 1964[4], la sociedad británica empezó a conocer las prácticas que se realizaban en la cría intensiva de los animales de producción destinados al consumo humano[5]. El libro de Harrison influenció la creación por parte del Gobierno Británico, al año de su publicación, de la Comisión Brambell, encargada de investigar el bienestar animal en las granjas (o fincas) británicas[6]. El reporte indicó que los animales de granja deben tener la libertad para levantarse, acostarse, darse la vuelta, asearse y estirar sus extremidades[7], tuvo un efecto de alerta sobre las condiciones de los animales[8] y sería el responsable del inicio de la legislación en materia de bienestar en el Reino Unido y, posteriormente, en la Unión Europea.

 

Desde ese entonces se tomaron iniciativas para proteger a los diferentes animales que se utilizan para la explotación, estableciendo unos límites a las prácticas ganaderas. En Europa son más de 40 años en los que se viene produciendo investigación y legislación al respecto. Los sistemas de confinamiento o las instalaciones en donde se mantienen (en las tres etapas de la ganadería: la cría, el transporte y el sacrificio) han sido el principal foco de interés público, convirtiéndose así en el tema central de gran parte de la investigación en bienestar animal[9].

 

La Unión Europea ha influenciado a otros países con los que ha suscrito tratados de libre comercio, como Chile, para que establezcan estándares que estén a su nivel[10]. El bienestar animal es cada vez más importante para el consumidor europeo, que a la hora de elegir un producto de origen animal se fija en el grado de bienestar y dicha información es cada vez más común encontrarla en los etiquetados. Un consumidor puede fácilmente verificar en un supermercado si está comprando huevos de gallinas camperas o de gallinas enjauladas, pues existe un sistema fiable y obligatorio de etiquetaje.

 

Colombia no ha sido ajena al fenómeno animalista global y en los últimos años se ha generado una especie de “revolución” social y jurídica, cada vez hay más activistas trabajando a favor de prohibir las corridas de toros y en contra del abandono y maltrato de animales de compañía; se ha penalizado el maltrato en nuestro Código Penal; se modificó nuestro Código Civil de 1887 para incluir en el artículo 655 que los animales son seres sintientes y las altas cortes se han posicionado a favor de un cambio legislativo que genere un marco jurídico y social más respetuoso con los animales. Incluso un magistrado de la Corte Suprema otorgó un habeas corpus a un oso de anteojos, declarándolo como sujeto de derechos fundamentales.

 

Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos del Invima[11], es interesante observar que en esta “revolución” la atención no se ha centrado en lo que respecta al bienestar de los animales de producción o a la ganadería en Colombia. Es como si pensáramos: me importan los animales y su bienestar, pero no tanto el de aquellos que me como. ¡No me toques mi plato! 

 

Podemos afirmar que nos encontramos en la situación en la que se encontraba la Europa de mediados del siglo pasado, pues no tenemos reglamentación específica suficiente en bienestar animal[12] y la que existe o es muy antigua, o no se aplica, o es dispersa y ambigua[13]. Es un tema difícil y Colombia es un país que consume mucha carne, pero es precisamente por la cantidad de animales que son utilizados en nuestro país para su consumo por lo que estamos obligados moralmente a impulsar una revolución social y normativa para disminuir al máximo el sufrimiento de esos seres sintientes, que actualmente son sometidos a prácticas ganaderas desactualizadas, antiguas, dolorosas y que son transportados por trayectos muy largos en unas situaciones lamentables[14].

 

Las leyes en bienestar animal deben desarrollarse por juristas que se apoyen en el estado de la ciencia y en científicos expertos en la materia. Debe ser una normativa específica a cada especie, deseablemente uniformada y contenida en un mismo texto, con un régimen sancionador muy estricto y con un sistema de inspección y vigilancia que dote con los recursos necesarios a la administración para lograr hacer cumplir la ley. 

 

No deja de llamar la atención que nuestra legislación actual (Decreto 278 de 1982 y Decreto 1500 del 2007) denomine la matanza de un animal como “beneficio” y a los mataderos como “plantas de beneficio”. Ya me dirán ustedes, el beneficio para quién es.

 

[1] BROWN, A.G., The Livestock Revolution: A Pathway form Poverty? Australian Academy of Technological Sciences and Engineering (Parkville 2003)  Disponible en: http://www.crawfordfund.org/assets/files/conference/proceedings/proceedings2003.pdf

[2] FRASER, D., Farm animal production: changing agriculture in a changing culture, En: Applied Animal Behaviour Science 4, (2001) 175–190.

[3] RUSHEN, J., Guest editorial: Farm animal welfare since the Brambell report, En, Applied Animal Behaviour Science 113 (2008)  277

[4] HARRISON, R., Animal Machines: The New Factory Farming Industry (London 1964)

[5] HARRISON, planteaba su preocupación sobre el trato de los animales en las granjas inglesas, siendo especialmente crítica con el uso de hormonas, antibióticos, y aditivos a la comida proporcionada a los animales, así como con el cuidado y el manejo de los mismos, especialmente, de las gallinas mantenidas en las jaulas. Vale la pena destacar, que desde ese entonces, HARRISON, urgió la prohibición de las conocidas jaulas en batería, para las gallinas ponedoras, las cuáles fueron finalmente prohibidas por la Unión Europea, a partir del 1 de enero de 2012 con la Directiva 199/74/ CE del Consejo, de 19 de Julio de 1999. 

[6] El reporte de la Comisión Brambell, publicado en el mismo año de 1965, trató sobre las prácticas de producción animal y destacó los aspectos más importantes, relacionados con el bienestar, haciendo una serie de recomendaciones, respecto a cuáles prácticas deberían permitirse y cuáles no.

[7] BRAMBELL, R., Report of the technical committee to enquire into the welfare of animals kept under intensive livestock husbandry systems. Her Majesty’s Stationery Office (London 1965)

[8] VEISSIER, I., BUTTERWORHT A., BOCK, B., ROE, E., European approaches to ensure good animal welfare, en Science Direct 113 (2008) 280

[9] Por lo tanto, los temas que se han regulado incluyen el espacio disponible, los tipos de suelos, la calidad del aire, y el comportamiento anormal de los animales, entre otras cosas. 

[10] MONTES, Macarena, Derecho animal en Chile, Ed. Libromar (Santiago 2017)

[11] El INVIMA es el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos, que depende del Ministerio de Salud y Protección Social.

[12] Ministerio de Salud y Protección Social, Invima, Bienestar animal en plantas de beneficio de bovinos y porcinos (Bogotá 2015)

[13] Quizás en el tema en donde existe mayor regulación, es en el sacrificio y la encontramos en las resoluciones del Ministerio de Salud y Protección Social 240, 241 y 242 de 2013.    

[14] Es cierto que hay normativa sanitaria, respecto de la carne, pero aún estamos lejos de tener la normativa deseada en términos de bienestar.

 

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