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Así nació Legis

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“En mi condición de abogado egresado de la Universidad Nacional, yo aspiraba a seguir la carrera judicial. Para eso me había preparado y, además, había trabajado tiempo parcial en un juzgado de Bogotá. Mi sueño, en esta dirección, era el de que tal vez, después de una consagrada carrera judicial, terminaría de magistrado de altas cortes. Olvidaba, sin embargo, un pequeño detalle: que el gobierno de turno estaba en manos del Partido Conservador, en una época de gran sectarismo partidista en Colombia. Existía, en los primeros años de la década de los cincuenta, un ambiente de irracional rechazo entre nuestros partidos tradicionales. Al terminar carrera yo era un liberal de izquierda, que había retornado a mi partido de siempre, el liberal, desencantado tempranamente del marxismo, en cuyas filas milité durante mis primeros años universitarios. Extravíos de la época y la edad. No tenía, pues, ni riesgos de obtener una plaza de juez en Bogotá, o cerca de Bogotá, a pesar de mis buenas notas y como eran mis aspiraciones. Esta circunstancia negativa fue muy afortunada para mí y para Alberto Silva, condiscípulo de curso, a quien yo propuse ser mi socio de oficina, abierta por los dos como única salida a nuestra imposibilidad de conseguir empleo, y a la cual se unió en años posteriores mi hermano Miguel Enrique Caldas”.

 

“El duro trajinar del oficio de abogado durante mis primeros años y mi espíritu colombiano de emprendimiento me señalaron la necesidad de desarrollar un negocio. Entre los muchos que pensé había uno, el de información jurídica para empresarios y colegas, o algo parecido, cuyo éxito multiplicaría mis ingresos. Ese era el propósito: prestar un servicio a la sociedad y, simultáneamente, si acertaba, si sabía hacer bien las cosas, ganaría dinero. Y aquí debo advertir que además de mi amor por el derecho y las humanidades, siempre fui un admirador de los procesos industriales y la tecnología moderna, y además un innovador y crítico de lo existente, en todos los campos. Este espíritu cuestionador y el ejercicio de mi profesión me permitieron conocer y señalar la mala calidad de los códigos y las compilaciones jurídicas de entonces, que mostraban índices deficientes, con pobres y envejecidas jurisprudencias, sin mayores comentarios ni concordancias, sin modelos ni ejemplos, ni nada práctico para comprender y aplicar la ley. Con esas deficientes herramientas de trabajo, las únicas disponibles en el mercado, yo tenía que ejercer diariamente mi difícil profesión de abogado y sufrir esa mala calidad de los libros de consulta”.

 

“Pude observar, por otra parte, que los autores de estas compilaciones eran profesores consagrados, de gran prestigio, pero lejos de ser buenos editores, hombres de talento práctico o empresarios. Y pude comprender que esos textos podrían elaborarse de manera más eficaz, con miras a prestar un servicio rápido y suficiente de consulta jurídica y de guía o herramienta de trabajo diario. Mi aspiración era la de brindar a los profesionales del derecho, en cada especialidad, información completa, pertinente y al día”.

 

“El primer negocio concreto en el que decidimos embarcarnos, mi socio y yo, fue una publicación con periodicidad frecuente, por lo menos quincenal, que compilara sistemáticamente toda la abundante y cambiante legislación económica en el orden nacional, que para esa época expedían unos 16 organismos del Estado (hoy son más de 30). Tuvimos desde el inicio un gran éxito. El mercado estaba esperando una publicación como la que lanzamos, bien impresa, con grafía, papel y formato adecuados, que presentara buenos índices, precisas concordancias de normas, reproducción de citas legales y comentarios breves y pertinentes. Además, que brindara a sus lectores la seguridad de encontrar allí todas las disposiciones de la quincena. El nombre escogido para distinguir esta publicación quincenal fue el de Legislación Económica, cuyo primer número circuló en agosto de 1952 y desde entonces, hace 55 años, no ha dejado de aparecer una sola vez. Ese nombre, quiero señalarlo, fue un verdadero acierto, un pequeño detalle decisivo, porque llamó la atención no sólo a los abogados sino a los empresarios, lo que nos permitió cosechar muchos y fieles suscriptores desde el primer número en un mercado de mayor amplitud.

 

“La importancia del nombre, Legislación Económica, se comprende si les cuento que, coetáneamente, existía otra publicación del mismo tema, con el nombre Derecho Positivo, de circulación mensual, que posteriormente desapareció. Su nombre era muy académico, sólo entendible para abogados, y su periodicidad mensual muy espaciada para una información tan importante y cambiante que, necesariamente, exigía mayor frecuencia. Esas dos fueron, tal vez, las causas principales de su desaparición. La capacidad de percibir y valorar pequeños matices es esencial para el éxito en los negocios”.

 

“Los iniciales conocimientos de empresario y editor, adquiridos con la publicación de la revista quincenal, me llevaron a pensar que las deficiencias anotadas en las ediciones de códigos y compilaciones abrían evidentes posibilidades de hacer algo mejor. Nos lanzamos entonces al mercado con las conocidas compilaciones de hojas sustituibles de Legis, en pastas de argollas y envíos periódicos de actualización, un sistema relativamente nuevo para el país en esa época. Lo decisivo fue, además, la calidad y constante mejora de los contenidos de estas obras, con el criterio de hacer de cada una de ellas eficaces herramientas de trabajo diario en cada especialidad jurídica. Así nació esa pequeñita empresa, consolidada en la década de los cincuenta, ahora denominada Legis S. A., y que con 1 600 empleados directos, ha llegado a ser la más grande editorial jurídica de América Latina”.

 

Este fragmento hace parte del texto leído por Tito Livio Caldas en la 4ª versión del Foro Líderes y Emprendedores en la U, organizado por la revista Semana, que tuvo lugar en el Aula Máxima de la Universidad Externado de Colombia, en septiembre de 2007.

 

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