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Simulaciones judiciales que transforman vidas

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Simulaciones judiciales que transforman vidas (Bigstockphoto)

Juan F. Córdoba Marentes

 

Decano de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de La Sabana

 

Cada vez que Pilar se pone de pie ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos para representar al Estado colombiano recuerda las oportunidades en que desempeñó ese mismo papel, de manera simulada, mientras estudiaba Derecho en la universidad. Su pasión y dedicación la llevaron a disputar la final de un Moot Court Com- petition en Washington, entre más de un centenar de universidades de todo el continente. Sin embargo, su mayor satisfacción es haber adquirido, a través de las simulaciones, las competencias suficientes para ejercer ese mismo trabajo ante las instancias reales del sistema interamericano.

 

Algo similar le ha ocurrido a Paola, quien hizo parte del equipo que ganó las rondas nacionales del concurso Philip C. Jessup y obtuvo el premio a mejor oradora de la competencia. Las habilidades que adquirió le permitieron realizar su práctica en la Corte Constitucional, adelantar una pasantía en la Comisión de Derecho Internacional de la ONU y, posteriormente, trabajar con éxito en una firma de Nueva York.

 

Es también la historia de Pablo, quien ganó un premio en el Concurso de Debate de Propiedad Intelectual, que usó para participar y debatir en un curso de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), en Ginebra. O el caso de Cristian, que concursó en una competencia de sistema penal acusatorio y las habilidades que allí cultivó le ayudaron a obrar, más adelante, como apoderado en procesos penales.

 

Las metodologías activas y participativas tienen un efecto profundo en el proceso de aprendizaje e impactan el futuro profesional de los estudiantes de pregrado o posgrado. De ahí que, además de los moot courts mencionados, sea recomendable el uso de otras formas de enseñanza que simulen situaciones con las que se enfrentan los abogados en la vida real, tales como el método del caso y los mock trials, entre otros. Estas simulaciones permiten al estudiante convertirse en protagonista de su propio proceso de aprendizaje, por lo que maximiza el desarrollo de las competencias requeridas para resolver problemas con relevancia práctica, es decir, aquellas con las que deben contar los abogados que hoy reclama el mercado laboral.

 

Innovadoras, pero con historia

 

Aunque relativamente nuevas en nuestras facultades de Derecho, las simulaciones han sido utilizadas por siglos en otros sistemas jurídicos, en particular, en aquellos pertenecientes al common law. En efecto, algunos identifican el nacimiento de los moot courts con la formación de los barristers (abogados litigantes) de la Inglaterra medieval, al tiempo que existe consenso en atribuir la (re)creación del método del caso a la Escuela de Derecho de la Universidad de Harvard, bajo la decanatura de Christopher Langdell, en la última parte del siglo XIX. Sin embargo, el que estas metodologías sean predominantes en jurisdicciones de common law no obsta para que puedan ser utilizadas en nuestro sistema continental, máxime cuando ellas hunden sus raíces en el derecho romano de los pretores, construido a partir de decisiones en situaciones específicas.

 

En el método del caso, los participantes deben estudiar una situación real o hipotética, cuyo análisis suele adelantarse primero de manera individual, después en grupos y, finalmente, en una discusión plenaria. Los casos reales pueden ser tomados de fallos judiciales, laudos arbitrales e, incluso, noticias de prensa. Las situaciones hipotéticas pueden ser historias creadas por el profesor para el efecto, extractos de libros o fragmentos de películas. Aunque lo usual en la discusión plenaria es que los participantes razonen y decidan como jueces imparciales, también será posible que el profesor les pida que intervengan bajo un rol determinado. Una de las técnicas más utilizadas para resolver los casos es la de IRAC (sigla de las palabras inglesas issue, rule, analysis, conclusion), mediante la cual se busca que el estudiante plantee y sustente el problema jurídico, así como la fuente de Derecho aplicable, analice la adecuación de esa fuente al problema planteado y proponga una solución o fallo.

 

En los moot courts, o tribunales ficticios, el profesor asigna roles de contrapartes (demandante-demandado, etc.) a los estudiantes, generalmente organizados en equipos. En esta simulación, se suelen utilizar casos hipotéticos, aunque muchas veces están basados en hechos reales. En distintas oportunidades, se les pide a los participantes la redacción y entrega previa de un memorial en el que conste su posición. Durante el juicio, se le concede un tiempo limitado a cada uno de los roles para presentar oralmente sus argumentos. Después de sus respectivas intervenciones, los participantes cuentan con un breve espacio para las correspondientes réplica y dúplica finales. Los juzgadores de estos tribunales suelen ser los profesores que evalúan o terceros imparciales cundo se trata de concursos. Precisamente, esta metodología es la más utilizada en las competencias que han venido surgiendo en los últimos años en nuestro país.

 

En los mock trials, o simulacros de juicio, además de los alegatos de las partes, se pueden simular pruebas, como interrogantes y dictámenes periciales, e, incluso, la deliberación de un jurado que evalúa los elementos aportados durante el juicio. Este simulacro permite la participación de un mayor número de estudiantes y vincular aspectos procesales y probatorios a la discusión. Los mock trials y los moot courts hacen parte de un género denominado juicios simulados.

 

De acuerdo con el seguimiento que se les ha hecho en varias universidades, los métodos de simulación desarrollan un significativo número de competencias para el ejercicio del Derecho. En especial, los estudiantes que participan activamente en las simulaciones pueden desarrollar una mejor capacidad para identificar hechos jurídicos relevantes, definir los problemas jurídicos involucrados, investigar y determinar las fuentes de Derecho aplicables, usar su creatividad para pensar en distintas alternativas de solución, considerar las consecuencias de tales alternativas, argumentar una determinada posición, mejorar su oralidad y tomar decisiones con sólidos sustentos. En todo caso, quizás el mayor beneficio de los métodos de simulación es que ellos se constituyen en instrumentos ideales para ayudar a formar el criterio jurídico de los estudiantes, mediante la integración de los distintos niveles del conocimiento jurídico, a saber, el filosófico, el científico, el técnico y el prudencial, lo que les permitirá desarrollar una capacidad para deliberar sobre los datos obtenidos, evaluarlos y discernirlos apropiadamente, formar sus juicios respectivos, prever sus consecuencias y, finalmente, ordenarlos hacia su realización, dentro de las responsabilidades éticas de la profesión.

 

Para alcanzar estas competencias, se requiere una juiciosa capacitación previa de los profesores que van a guiar los ejercicios y una exigente preparación de cada una de las sesiones, que debe incluir la cuidadosa selección del caso que se debatirá, la verificación de anexos o pruebas y la creación de las fichas técnica y docente. Durante la sesión, el profesor deberá contar con la habilidad suficiente para dirigir la discusión de manera tal que la clase no devenga en un simple intercambio de opiniones o en una dramatización sin sustancia jurídica. Cuando sea posible contar con una sala de audiencias, esta debe ser aprovechada al máximo, para que la simulación sea lo más real posible. Cuando no se cuente con este recurso, se podrá reordenar el mobiliario del aula para que se asemeje a la corte o al espacio que se quiere simular. Se recomienda el uso de aparatos de grabación (si no se cuenta en el sitio con ellos, es posible utilizar las cámaras de los móviles de los asistentes) para que se pueda revisar en detalle la participación de los estudiantes y se sugieran las oportunidades de mejora necesarias.

 

En los ejercicios de simulación, la sala de audiencias o el aula de clase se convierten en un privilegiado laboratorio, aquel en que el estudiante puede equivocarse sin poner en riesgo la libertad, el patrimonio u otros bienes de los actores involucrados. Son el escenario, en fin, en el que los participantes pueden sacar el máximo provecho de sus capacidades para llegar a ser los juristas que este país necesita.

 

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