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Volverse invisible

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Volverse invisible

Antonio Vélez M.

 

El mundo está lleno de seres invisibles: dioses, demonios, ángeles, almas, fantasmas... Y el ser invisibles es una característica esencial de dichos seres. La invisibilidad es una virtud que en ciertos momentos todos desearíamos, aunque las leyes de la física nos impiden ser sujetos de carne y hueso y a la vez invisibles. Agreguemos que la invisibilidad es una realidad importante en la ficción y en la literatura fantástica; sin embargo, existen varias maneras ingeniosas de acercarse a ese ideal, y sin tener que hablar de milagros, tal como veremos enseguida.

 

El mundo de los seres vivos ha descubierto todos los trucos posibles para acercarse a la invisibilidad. El más elemental es el de huir a tiempo, pero carece de interés teórico. Otro muy elemental y efectivo, aunque no se logra a voluntad y requiere pasar por un largo proceso evolutivo, es volviéndose microscópico, tal como ha ocurrido con los enemigos más poderosos que conocemos: bacterias, hongos y otros microorganismos. También se logra la invisibilidad eliminando la luz que cae sobre el objeto observado. Algunos animales utilizan esta estrategia y para ello llevan una vida nocturna, o eligen como hábitat un pasadizo oscuro o una caverna. Las morenas, por ejemplo, son peces que habitan los arrecifes de coral. Allí, en las grietas estrechas, se esconden y acechan a sus presas, aprovechando la forma de serpiente y el colorido mimético de su piel que hacen que se confunda con el entorno.

 

Existen casos en que, a pesar de haber suficiente luz y de no existir obstáculos, no logramos ver el objeto. La quietud, por ejemplo, ayuda a que dejemos de percibirlo. Agreguemos que el cerebro no muestra mucho interés por lo homogéneo y lo difuso, pero sí por la diferencia y el cambio; por ello, tendemos a ver lo que se mueve y a ignorar lo estático. Sin embargo, frente a la serpiente cascabel, el truco de la quietud y el escondrijo no tienen valor alguno, pues su visión infrarroja le permite distinguir un animal bien escondido e inmóvil entre la vegetación.

 

Ser transparente es otra buena manera de salir de la vista de un depredador. En efecto, es común encontrar pequeños animales, insectos la mayoría de ellos, que utilizan esta estrategia. Podríamos también acercarnos a la invisibilidad de una manera aproximada, tal como ocurre con el mimetismo o camuflaje. El pulpo Thaumoctopus mimicus usa patrones de coloración para camuflarse con el ambiente, o para parecerse a ciertos peces de colores que son muy tóxicos. Además, este artista del disfraz, y del descaro, es capaz de parecerse a una serpiente. Sobra decir que el mimetismo puede ayudarse de la oscuridad, aliándose con ella. Entonces, se logra un doble efecto: por un lado, sirve al cazador para facilitar la cacería; por el otro, protege la vida de la víctima, al permitirle esconderse cuando nota la presencia de un agresor. Contradicciones de la vida.

 

Otra manera de lograr la invisibilidad consiste en utilizar algo que se interponga entre el cazador y su presa, de tal manera que la oculte. Ciertos cefalópodos lanzan al agua una tinta especial que se convierte en una cortina oscura con la cual se aíslan visualmente del predador. Además, uno de los componentes de la tinta, la tirosinasa, irrita los ojos y provoca el bloqueo del olfato en depredadores como las morenas.

 

Algunos animales, para evitar ser cazados por el murciélago, emiten sonidos de alta frecuencia, cortina acústica que interfiere con las señales producidas por el marsupial, y así se les “hacen invisibles”. Para los humanos existe otra manera bien simple de lograr la invisibilidad:  mezclarnos con la muchedumbre, lo que en cierta forma nos hace invisibles, en el sentido de que hace difícil que alguien que anda tras nosotros nos encuentre.

 

Otra manera sencilla y eficiente de “volverse invisible” es por medio del disfraz. En efecto, por medio de ropa apropiada y de un buen maquillaje los humanos podríamos fácilmente cambiar de sexo aparente, o podríamos esconder la edad. Las mujeres, en particular, llegan a convertirse en artistas del rejuvenecimiento por medio de un maquillaje apropiado. Pero existe una manera más efectiva, aunque costosa y que encierra ciertos peligros: rejuvenecer por medio de la cirugía estética: nos estiran la piel, y de ella nos elimina manchas y daños, y hasta nos levantan aquello que se encuentre ya caído por los años.

 

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