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Tristeza y felicidad

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Tristeza y felicidad

Antonio Vélez M.

 

¿Es buena la felicidad y mala la tristeza? Depende. Hay un efecto de contraste. Por eso un malpensado afirmaba que “felicidad” es esa sensación agradable que ocurre cuando contemplamos las miserias de los otros. Desde un punto de vista neutral, “mejora” significa felicidad; “pérdida”, miseria. La gran injusticia de la vida es que hay muchas más cosas que nos hacen infelices que las que nos hacen felices.

 

El psicólogo Oscar Levant afirma que la felicidad no es algo que uno experimenta, sino algo que uno recuerda, es decir, la felicidad presente es una ilusión. Pero ilusión o realidad, todos suspiramos por disfrutar de un rato feliz. Sin embargo, la felicidad tiene un pequeño precio: a mayor felicidad, más infelicidad cuando todo termina. Es decir, la infelicidad de hoy es proporcional a la felicidad de ayer. Por eso es mejor estar entrando al restaurante, que saliendo de él, saciados, y es preferible estar saliendo de paseo que regresando.

 

Y si de verdad existe ese algo que llamamos felicidad, no es directamente proporcional al dinero que se posea. El psicolingüista Steven Pinker dice que una vez las necesidades básicas han sido satisfechas, existe una correlación pequeña entre aumento de riqueza e incremento de felicidad. Pequeña, pero existe. Myers y Diener afirman que la riqueza es como la salud: no tenerla nos hace miserables, pero tenerla no nos garantiza felicidad. Sin embargo, puede uno ser pobre y feliz o ser rico e infeliz. Los ricos también lloran, dicen algunos, pero menos que los pobres, agregan otros, y también se mueren, por supuesto, pero no tan pronto como los pobres. En general, el rico tiene una vida más larga y sana que la de los pobres. 

 

Los factores de la personalidad cuentan bastante en este asunto. En realidad, el desbalance de neurotransmisores puede llevar a una persona a una infelicidad total, hasta rozar los límites del suicidio, con total independencia de los otros factores. Según un estudio reciente de la revista New Scientist, basado en el World Values Survey, Nigeria, a pesar de su pobreza generalizada, es el país de mayor felicidad, y lo siguen México y ¿¿¿Venezuela??? Colombia, no obstante su alto índice de violencia, está de séptima (nos matamos muertos de la dicha), mientras que EE UU, tan opulento, apenas ocupa el puesto 15. Los últimos lugares los ocupan Rusia, Armenia y Rumania. China ocupa un discreto puesto, el 28, y Japón el 20.

 

Se han propuesto varias explicaciones para la tristeza. Una de ellas dice que se trata de una estrategia para obtener ayuda del prójimo; es decir, que es un medio de comunicarles a los demás que uno se encuentra en una situación que requiere ayuda. El llanto en los bebés es una manera de comunicar sus necesidades a los padres, de llamarles la atención, pues carecen del lenguaje natural, pero en los adultos tiene un significado más profundo y es más conmovedor, muchas veces con el significado de solicitar ayuda o castigar moralmente al agresor. Pero alguien argumenta que en tal caso no tendrían sentido el llanto y otras manifestaciones de tristeza en solitario, en privado, en las horas de la noche, momento en que los pesares arrecian ayudados por la oscuridad. Contra esto puede argumentarse que la tristeza produce un cambio permanente en el estado emocional, del cual nos podemos librar solo con la ayuda del tiempo, con el olvido, con y sin gente alrededor, y sin que la voluntad colabore de manera apreciable. Cabe observar que la melancolía es a veces una fuente de placer, a su manera, agridulce. El humorista Noel Clarasó decía que la melancolía es la dicha de estar triste, especie de masoquismo mental.

 

Para aliviar un poco el dolor, lo mejor es la compañía, la buena compañía, debe entenderse. La compañía es algo que naturalmente deseamos los humanos, y que lo necesitamos. La escritora española Carmen Martín Gaite nos recuerda que a veces añoramos la soledad, pero solo cuando no estamos sufriendo. En particular, la compañía de familiares y amigos son los remedios más eficaces para superar una decepción, y la razón es que la compañía aumenta el nivel de endorfinas, lo que cambia, aunque temporalmente, la sensación de dolor, pero solo el tiempo se encarga de superarla por completo.

 

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