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López Pumarejo

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López Pumarejo

Oscar Alarcón Núñez

 

A Alfonso López Pumarejo sus contemporáneos lo describían como un caballero que parecía una estampa de club londinense, que llegaba a la redacción de los periódicos -en donde entonces se hacían tertulias- a pasos lentos, con su flema y con su sonrisa extraña. Eran los tiempos en que era un ocioso. Mataba las horas de su distinguida ociosidad en las tertulias de los diarios, en los huecos de la cigarrería de la calle Real, en los clubes, en las oficinas de negocios, en las oficinas donde no hay negocios sino una vez en el año o en la vida, pero que son suficientes para hacer una gran fortuna, una empresa grande o un gran escándalo. Hablaba, hablaba todo el día con hombres de negocios, con hombres de club, con periodistas, con estudiantes, con mujeres bellas, con banqueros ingleses, con cafeteros, con ganaderos. Así fue conociendo el país.

 

Así lo describía Alejandro Vallejo, un periodista de la época, que lo conoció muy bien. Ese era el López Pumarejo antes de ser el López Pumarejo de la Revolución en Marcha. En los inicios de 1929 nadie en Colombia, con excepción de López, pensaba que la hegemonía conservadora pudiera derrumbarse, después de 45 años de dominación. El Liberalismo estaba condenado a una exigua representación en el Congreso, mientras los conservadores se reservaban el manejo del gobierno sabiendo con anticipación a quién le correspondía el turno bajo las directivas del clero manifestado en los sermones de las iglesias.

 

Sobre López Pumarejo, ese gran investigador como lo es Álvaro Tirado Mejía, ha escrito mucho y la Universidad Nacional acaba de reimprimirle su ya obra clásica sobre su primer gobierno: 1934-1938. Allí analiza la situación política del país en esos años, así como las propuestas de enmienda que sometió a consideración del Congreso para que nuestra nación llegara al siglo XX y saliera de los viejos postulados de la Regeneración. No fue necesario, entonces, acudir a asambleas constituyentes como con relativa frecuencia se propone hoy. El gobierno de la Revolución en Marcha acudió al Congreso y pudo sacar adelante disposiciones como la intervención del Estado en la propiedad, la educación, la reforma tributaria.

 

Si bien a López Pumarejo se le conoce como el viejo López (murió a los 73), su hijo López Michelsen jamás se ganó ese título longevo, a pesar de que falleció a los 94. Es que siempre fue joven. 

 

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