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Frases históricas

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Frases históricas

Antonio Vélez M.

 

Existen frases que han permanecido vivas por mucho tiempo, por un azar misterioso y afortunado, pues las frases importantes u oportunas atribuidas a personajes célebres son tan numerosas que sería imposible conservarlas vivas en la historia. Tal vez la más antigua se deba a Arquímedes, año 100 A. C. Los historiadores cuentan que Arquímedes, mientras se hallaba sumergido en su bañera, observó que todo cuerpo recibe una fuerza ascendente igual al peso del agua que desaloja. Un principio muy simple, pero importantísimo en la hidráulica, que permitía hallar el volumen de un objeto irregular conociendo su peso y, para fortuna suya, que le permitió conocer si la corona del rey Hierón II estaba hecha de oro puro. Tal fue su alegría, que salió desnudo de su bañera y así recorrió las calles de Siracusa gritando: ¡Eureka, Eureka…!, que significa “Lo he descubierto, lo he descubierto…”.

 

Los ciudadanos de Tarento, ciudad del sur de Italia, ante la amenaza del expansionismo de Roma, pidieron ayuda al rey Pirro, de Epiro (Grecia), quien creyó que si les ayudaba extendería su influencia en esa región. Preparó entonces un ejército de más de 25.000 hombres y 20 elefantes de guerra, y en menos de un año se enfrentó en dos ocasiones a los ejércitos romanos, que se vieron obligados a retroceder; sin embargo, las bajas del ejército de Pirro fueron tan notables, dicen los historiadores, que el rey exclamó con tristeza: “Otra victoria así y estaremos derrotados”. De allí se derivó la expresión “victoria pírrica”, para hablar de algo que exige una gran inversión, pero cuyos beneficios son muy escasos.

 

Las Termópilas era el nombre de un desfiladero estrecho que daba acceso a Grecia desde el Norte. Hacia ese lugar se aproximaba un potente ejército persa al mando de Jerjes, su rey. Las tropas griegas que se situaron en el estrecho paso la componían 7.000 hombres de diferentes ciudades, al mando de las cuales se encontraba Leónidas, rey de Esparta, mientras que las tropas persas pasaban de 250.000 soldados, entre los cuales se encontraban “los inmortales”, una guardia personal del rey persa compuesta por 10.000 hombres seleccionados. Jerjes envió un emisario para hacer llegar a Leónidas la oferta de rendición: les perdonaría la vida si entregaban las armas. Pero el rey de Esparta contestó con valor: “Venid a cogerlas”. Y allí surgió la frase histórica: ante semejante respuesta, el emisario persa les dijo que, si no se rendían, las flechas persas ocultarían el sol y los matarían a todos. A lo que un espartano llamado Dienekes le respondió: “Mejor, así pelearemos a la sombra”. 

 

La locución latina Alea jacta est ha pasado a la historia y significa: “La suerte está echada”. Suetonio, historiador romano, se la tribuye a Julio César en el momento justo en que tomó la decisión, en abierta rebeldía contra el Senado romano, de cruzar el Rubicón y dar así comienzo a una larga guerra civil contra Pompeyo.

 

Eppur si muove (Y sin embargo se mueve), cuenta la historia, murmuró Galileo en voz baja el 22 de junio de 1633, cuando los inquisidores de la Iglesia Católica lo obligaron a desmentir, condenar y repudiar sus teorías sobre el hecho de que la Tierra giraba alrededor del Sol y no al contrario, teoría esta última defendida por aquellos que sacaban sus verdades científicas de la lectura de la Biblia. Voltaire, siglos después, lo explicó así: “La ignorancia afirma o niega rotundamente; la ciencia duda”.

 

Otras frases son famosas sin tener importancia histórica. Albert Einstein dijo una vez esta verdad, rara combinación entre sicología y astronomía: “Sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Pero de la primera no estoy tan seguro”. Y en otra ocasión, pensando como físico y sicólogo, afirman que dijo: “La vida es como la bicicleta, hay que pedalear hacia adelante para no perder el equilibrio”. A Benjamín Franklin se le atribuye esta observación inteligente: “La pereza viaja tan despacio que la pobreza no tarda en alcanzarla”, y sobre el mismo tema, cuentan que Mark Twain decía en tono de burla: “Nunca dejes para mañana lo que puedas hacer pasado mañana”. Mario Benedetti, con gran sabiduría, creía que no podemos ser perfectos sin haber cometido una gran cantidad de equivocaciones, entonces solo así aprendemos y mejoramos como individuos; lo resumió de esta manera: “La perfección es una pulida corrección de errores”.

 

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