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Fobias

Fobias

Antonio Vélez M.

 

Las fobias consisten en un miedo intenso e irracional, aunque la persona acepta que no tiene sentido esa conducta, y que el agente que la causa no es peligroso. Las fobias se aprenden repentinamente y, muchas veces, con una sola exposición a las condiciones que las desatan. Todo parece indicar que corresponden a un aprendizaje propiciado biológicamente, y que no espera para manifestarse, sino que el entorno le ofrezca condiciones apropiadas. Los síntomas más comunes son: dolor en el pecho, falta de respiración, resequedad de la boca, mareo, dolor de cabeza, taquicardia, visión borrosa y, a veces, desmayo. El ejemplo clásico para los seres humanos es el hecho de que es muy fácil aprender el temor a las serpientes, pero nunca nos asustan las flores. Nuestro miedo a las serpientes es entendible, pues siempre fueron un peligro en nuestro ambiente ancestral, pero las flores no representan ningún peligro.

 

La facilidad para desarrollar miedos de manera selectiva es un componente importante del instinto. Quizá se deba a que aún portamos imperativos fisiológicos y sicológicos que ningún sistema de aprendizaje borra con facilidad. Se sabe que las fobias responden selectivamente a diferentes drogas, como si fuesen administradas por circuitos neuronales diferentes.

 

A esos mecanismos especializados del aprendizaje les corresponden circuitos neuronales que gozan de las siguientes propiedades: se dan en todas las personas normales, se desarrollan sin esfuerzo consciente, no requieren instrucción formal, se utilizan sin que nos percatemos de la lógica subyacente o, más aún, contra toda lógica sensata, y, finalmente, son diferentes de las habilidades generales para procesar información o comportarnos con inteligencia.

 

Son comunes las fobias a los espacios cerrados (claustrofobia), a los insectos (entomofobia), a la sangre (hemofobia), a la muerte (necrofobia o tanatofobia) y a las alturas (acrofobia). Los hombres de la ciudad desarrollamos con facilidad la fobia a los ofidios (este mismo nombre parece predestinado), aunque tal temor solo muestra utilidad para la vida en el campo, y en regiones infestadas por serpientes venenosas. La fobia debe ser una forma de aprendizaje facilitado, pues no desarrollamos fobias a las motocicletas, a pesar de lo peligrosas que son. La niñez es un momento especial para la aparición de una fobia: por ejemplo, una inyección en un niño puede desencadenar la fobia a las agujas y objetos puntiagudos (aicmofobia).

 

Un contemporáneo de Freud escribía: “Freud sufría de un número considerable de fobias. Su actitud fóbica era intensa. No podía mirar a un enfermo, no podía enfrentar el hecho de encontrarse con un paciente, de modo que tenía que acostarlo en un diván, y el síntoma de Freud se convirtió en la marca de fábrica del psicoanálisis”. Pero el sicoanálisis supuestamente servía para curar fobias. Funcionaba entonces solo en los demás.

 

La raíz de las fobias es el condicionamiento. El neurocientífico Joseph E. LeDoux ha descubierto los mecanismos neuronales que sustentan el miedo condicionado, los que revelan sus causas y apuntan a nuevos tratamientos de las fobias, la ansiedad, el pánico y el estrés postraumático. Las memorias de fobias y temores se almacenan en la amígdala. Las fobias responden a diferentes drogas, como si fuesen administradas por circuitos neuronales especiales. Para el sicólogo, las fobias son el resultado de unos aprendizajes desafortunados, pero no son las expresiones simbólicas de pulsiones sexuales deformadas por el superyo. La extinción de la fobia por medio de otro aprendizaje es una prueba en contra de la teoría freudiana. Se expone el sujeto al estímulo ansiogénico, de manera progresiva y asociándole un estímulo positivo que comporte una reacción incompatible y más fuerte que la reacción indeseada, descondicionamiento o desensibilización progresiva. Las fobias se forman temprano y tienen la rigidez del troquelado.

 

Los mecanismos de aprendizaje de la lengua son diferentes de aquellos usados en asuntos como la aversión a ciertos alimentos, y ambos son a su vez diferentes de los utilizados en la adquisición de fobias a la altura o a las serpientes. Y no se trata de simples conjeturas: muchos de estos circuitos neuronales se han encontrado por medio de escanografías, o gracias al estudio clínico de personas que han sufrido accidentes cerebrales.          

 

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