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Propuestas para la tributaria

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Propuestas para la tributaria

Juan Camilo Serrano Valenzuela

Abogado y asesor tributario

jcserranov@jcsvabogados.com

 

Ante la inminencia de la presentación de un proyecto de reforma tributaria por parte del Gobierno Nacional, y de algunos partidos que habían preparado propuestas electorales en esta materia, no deja de generarse incertidumbre y hasta temor de la clase media y los trabajadores, pues todo apunta a que serán ellos quienes asumirán las consecuencias por la anunciada rebaja de la tarifa impositiva a las empresas.

 

Todo apunta a que así será, pues la necesidad de rebajar la carga tributaria a quienes generan riqueza, es decir, las sociedades, parece un imperativo para garantizar el crecimiento económico y seguramente mejorar las condiciones de empleo de los colombianos, aun mediante el incremento de los salarios, según lo ha anunciado el nuevo Gobierno.

 

Al final, tal como sucede en algunas economías vecinas, el incremento salarial no será efectivo, sino en la medida en que mejoren las condiciones de los trabajadores y su capacidad de compra para que aumente, de manera efectiva, la calidad de vida. Así lo indican los más elementales conceptos económicos, que deben bajar a las gentes, y no centrarse en las cifras macroeconómicas, que no mejoran, por sí mismas, las condiciones de vida de las personas.

 

Es por eso importante que las disposiciones tributarias que sean propuestas por el Gobierno permitan una efectiva disminución de las cargas a cargo de las empresas, pero los recursos que dejarán de percibirse se han de recuperar gravando a quienes tienen una mayor capacidad de contribución, no necesariamente incrementando las tarifas impositivas a cargo de las personas naturales, ya de por sí lo suficientemente altas, sino gravando las rentas obtenidas por inversiones en sociedades que no son, como se evidencia claramente, las mismas que obtiene la empresa por su actividad empresarial.

 

Propuestas como ampliar el universo de contribuyentes, con el fin de generar cultura tributaria son sanas, pues resulta engañoso atribuir a esta determinación la regresividad del sistema, pues, de hecho, quienes hoy tienen ingresos de dos o tres salarios mínimos ya tributan, y en alto grado, pero por la complejidad del sistema no tienen clara conciencia de su aporte tributario y no se sienten parte del sistema.

 

Resulta importante, entonces, generar cultura tributaria y conciencia en los contribuyentes sobre su efectivo aporte a las finanzas públicas, pero para ello será necesario simplificar el sistema y darle claridad para que todos, sin excepción, sepan cuánto y cómo aportan.

 

Sabido es que nuestro sistema es engañoso y complejo, y en ocasiones tiene cargas tributarias escondidas, de las que no son plenamente conscientes los contribuyentes, por lo que es indispensable dar transparencia al sistema, como la mejor contribución a la única fuente de control efectiva, que es la cultura tributaria, acompañada del riesgo a cargo de quienes aplican mecanismos de evasión y elusión tributaria.

 

También es claro que los procesos de simplificación para generar cultura tributaria y conciencia contributiva toman tiempo, y en épocas de crisis fiscal no hay tiempo. Corresponde entonces recuperar los ingresos perdidos por la disminución de las tarifas impositivas, mediante la ampliación de los tributos a los dividendos, pues es allí donde terminan los recursos generadores de riqueza por parte de las empresas, y donde es posible garantizar la progresividad de los impuestos, en cumplimiento del mandato constitucional que así lo ordena.

 

Gravar dividendos a tarifas generales, igual que las rentas obtenidas por otras fuentes, permitirá que quienes tienen una mayor capacidad, efectivamente, contribuyan más, sin desestimular la producción empresarial, que es la mayor generadora de riqueza, mediante la disminución de la tarifa a las sociedades.

 

De optar por presionar excesivamente a la clase media y a las personas naturales que generan riqueza de manera directa y no a través de sociedades, no va a contribuir al mejoramiento del nivel de vida ni va a crear conciencia ni cultura tributaria, y enfrentará al país a la proliferación de empresas para realizar las actividades y prestar los servicios que, naturalmente, serían prestados por las personas naturales directamente.

 

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