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02 de Marzo de 2024 /
Actualizado hace 5 horas | ISSN: 2805-6396

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Opinión / Columnista Impreso

RUB y empadronamiento

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Juan Camilo Serrano Valenzuela

Abogado y asesor tributario

jcserranov@jcsvabogados.com

Seguramente, julio será recordado como el mes del RUB (Registro Único de Beneficiarios Finales), que no es otra cosa que una nueva obligación a cargo de los contribuyentes, como si no estuvieran llenos de obligaciones formales para cumplir con el pago de sus impuestos, que, dicho sea de paso, cada día es más difícil declarar, pagar y atender solicitudes, requerimientos y obligaciones formales cuyo objetivo no entiende el contribuyente.

Si bien el RUB no es propiamente un mecanismo de control tributario, sino una fórmula para prevenir el lavado de activos, la corrupción y la financiación del terrorismo, como lo ha sugerido el Grupo de Acciones Financieras Internacionales (Gafi), tal parece que en nuestro país se centrará casi exclusivamente en el control tributario, obteniendo información que, en muchos casos, ya tiene la administración tributaria por otros medios y no sería necesaria, a no ser que los objetivos perseguidos sean otros.

Reducir los principios propuestos por el Gafi, que son más de 40, a solo tres, orientados exclusivamente a obtener información de socios y beneficiarios de sociedades y estructuras económicas, y adelantar los procedimientos de debida diligencia, evidencia la enorme limitación de los intereses superiores que deben protegerse con la implantación de las nuevas obligaciones exigidas por el RUB. Valga recordar que esta no es otra cosa que una actualización del RUT, administrado por la Dian, para efectos tributarios, aunque con acceso al mismo de entidades de control, cuya información seguramente resultará inútil para evitar o controlar conductas delictivas, como el lavado de activos, la financiación del terrorismo o las prácticas corruptas, que son, en teoría, el objetivo de las nuevas y engorrosas obligaciones.

Es cierto que algunas de las recomendaciones del Gafi ya se están aplicando en el país y, por tanto, no fueron integradas al registro que entra en vigencia, por lo que su aplicación como herramienta eficiente de control estará en duda por lo difuso de los datos y la dispersión de las normas adoptadas como consecuencia de esas recomendaciones.

Otra dificultad práctica, atendiendo la situación de inseguridad de la información, y de hechos delictivos a los que nuestros ciudadanos se han acostumbrado durante los últimos 60 años, es la vulnerabilidad de los datos contenidos en el RUB, pues, en la medida en que tantas entidades tengan acceso a ellos –Procuraduría, Fiscalía, Contraloría, Unidad de Información y Análisis Financiero, superintendencias–, la garantía de la reserva puede ser letra muerta.

Y ni qué decir de la información que deberán reportar las propiedades horizontales, que, incluso, será, en la realidad, el empadronamiento de los propietarios de inmuebles, que ha sido uno de los mayores riesgos que deben soportar quienes hacen parte de sociedades inseguras y violentas como la nuestra.

No tiene justificación alguna que se exija información que ya tiene la administración o los registros públicos, como las cámaras de comercio o las oficinas de registro de instrumentos públicos, como aquella que se refiere a propietarios de inmuebles o representantes legales de entidades sin ánimo de lucro, que naturalmente no tienen beneficiarios finales distintos a la misma comunidad. Sin embargo, es exigencia del RUB repetir información y complicar el cumplimiento de obligaciones que, día tras día, son obstáculos para el desarrollo de actividades productivas.

Nuestro sistema de control ha venido desplazando la investigación de las administraciones, al punto de que la información se limita a la que puede obtenerse solo utilizando como fuente al mismo contribuyente, lo que otorga la posibilidad de manipulación de las informaciones entregadas a la administración, y es solo sobre ellas que desarrollan las investigaciones, así que solo obtendrán los resultados que el controlado oriente o determine.

No en vano sostenía Thoreau: “La mayor parte de los hombres, incluso en este país relativamente libre, se afanan tanto en innecesarios artificios y labores absurdamente mediocres, que no les queda tiempo para recoger los mejores frutos”.

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