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21 de Octubre de 2021 /
Actualizado hace 11 horas | ISSN: 2805-6396

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Opinión / Columnista Impreso

El antijuez

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Whanda Fernández León

Docente Universidad Nacional

 

“Juzgar ha sido siempre la función más ardua a la que los hombres puedan ser llamados y una función demasiado onerosa para la fragilidad humana”, advierte Calamandrei. Por fortuna, la mayoría de los togados del país poseen las ancestrales virtudes aristotélicas de ecuanimidad, prudencia, probidad, decencia e idoneidad, intrínsecas en la majestuosa misión de administrar justicia.

Empero, desde la enmienda del 2002 y la instauración del sistema penal acusatorio, algunos juzgadores modificaron su perfil y adoptaron los rasgos inquisitoriales del típico antijuez. Sin formación jurídica adecuada y sin experticia en las metodologías adversariales –protocolos de sala, técnicas de interrogatorio, estrategias y habilidades para litigación en juicios orales– han convertido las audiencias en una gazapera en las que abundan los gritos, los atropellos, la arbitrariedad.

Seguidamente, algunos episodios de repercusión mediática y desprestigio judicial: 

- Ibagué. Juicio disciplinario. Preside un magistrado del Consejo Seccional de la Judicatura. (CSJ, S. Especial de Primera Instancia. Rad. 50647). El defensor exponía su teoría del caso, cuando de manera abrupta es interrumpido por el director del debate, quien le impide ejercer el derecho fundamental de defender a sus clientes. Cuando el litigante intenta hablar, lo calla con el argumento de que le está faltando al respeto. “El respeto debe ser mutuo (…), debe venir de parte a parte. ‘¿Me deja hablar?’ ‘¿Me deja hablar, por favor?’ suplica el abogado y la respuesta del funcionario es una amenaza: ‘Si insiste, voy a proceder’”. Y procede: le apaga el micrófono, lo expulsa del recinto, le impone arresto de cinco y días y ordena a la policía que lo capture, “para que aprenda a respetar”. Los defendidos claman: “No podemos quedarnos sin defensor”, pero el magistrado abandona la Sala, va al despacho y allí profiere una orden de arresto manifiestamente ilegal contra el defensor, sustentada en un supuesto “irrespeto frente al uso de la palabra y al desacato de la orden judicial de desalojo”.

- Juzgado Primero Penal del Circuito. Duitama. Juicio oral. La defensora, en ejercicio del derecho que les confiere la ley a las partes para objetar las preguntas inapropiadas del interrogador, decide utilizar este mecanismo. El juez arremete contra ella y le grita: “Las objeciones tienen un momento para hacerlas. Quién dijo que yo como parte puedo interrumpir al testigo cuando se me dé la gana, eso es joder y usted tiene derecho a apelar, pero no a joder (…). Yo entiendo que son abogados, que son juristas los que vienen a actuar, o si no traeríamos a la señora que vende la chicha allá abajo”.

- Juzgado 48 Penal del Circuito de Conocimiento. Bogotá. Audiencia de lectura de fallo. Concluida la lectura, el abogado de las víctimas apela la sentencia. El juez reacciona agresivamente y le dice “No joda, no”, expresión popular que significa “fastidio”. Se levanta de la silla, se despoja de la toga y cuando el impugnante aclara que apelar es un derecho, le responde: “me importa un c…”, utilizando un sustantivo vulgar.

- Juzgado de garantías. Cúcuta. Audiencia. La juez grita al defensor, le prohíbe hablar, a la vez le exige que trabaje con argumentos, que no le dicte clase y cuando este inicia su exordio, lo hostiga para que “vaya al punto”. Concluye su diatriba diciéndole al jurista: “No moleste más hombre, lleva 10 minutos hablando y no ha dicho nada”.

Estos son los jueces que, según la Corte Suprema, “ejercen un protagonismo desbordado”, “frecuentemente interrumpen los interrogatorios y las respuestas para encauzarlas como a bien tengan”; “con el pretexto de superar estados de incertidumbre, inclinan la balanza en detrimento de quien debe ser beneficiado por la duda probatoria” (Rad.38.975).

Son los mismos que ignoran que la libertad de expresión es un derecho universal, constitucional, humano e intangible, de carácter preferente, que goza de un estatus de protección reforzada que prohíbe restricciones o censuras abusivas a los discursos forenses.

La violación más grave al derecho de defensa y garantías conexas es la de hacer callar al abogado y truncarle el cumplimiento de sus alegaciones defensivas.

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JOSÉ MANUEL MARTÍNEZ

En eso consiste una de las mejores y mayores luchas del abogado: Evitar que quien administra un poder se desborde de sus funciones, de la legalidad, producto de estados surgidos por no poder hacer bien las cosas dentro de la ley.

Universidad La…

Doctora Whanda, esos togados parecen a los de la Alemania del tercer reich que tanto horror y daño le causaron a la humanidad pero que paradójicamente fueron la génesis de incorporar la dignidad humana en los diferentes instrumentos jurídicos, que parecieran desconocer algunos jueces, con conductas como las citadas en el artículo.

estepao

Doctora WHANDA, muy necesaria su columna para tocar los abusos de algunos funcionarios judiciales, pero no es solo en lo penal, seguidamente comento un
caso en lo civil, hay mucha tela en las acciones de tutela: JUZGADO SEPTIMO CIVIL MUNICIPAL de Pereira Risaralda: una unidad residencial me demanda por cobro cuotas de administración (el bien estuvo embargado y secuestrado por una entidad financiera, con un pagaré espurio como lo sentencio el JUZGADO CUARTO CIVIL DEL CIRCUITO de Pereira sentencia confirmada por el Tribunal Superior Sala Civil y de Familia) el juzgado de conocimiento prospero una de las excepciones de mérito planteadas y dio terminado el proceso.
La persona jurídica vencida en juicio ha seguido cobrando la deuda saneada judicialmente, violando principios de cosa juzgada, non bis idem y seguridad jurídica. Presenté cantidad de escritos al juzgado de conocimiento solicitándole hacer cumplir la sentencia, he debido acudir al Juez de tutela en tres oportunidades: en uno de esos procesos constitucionales, el juzgado de conocimiento indujo a error al Tribunal Superior.
Presente queja disciplinaria vs la Jueza, no prospero en el Consejo Seccional y Superior de la Judicatura.
Solicite al juez de conocimiento iniciar acción Incidente de actuación correctiva vs la persona jurídica perdedora. Sin ningún sustento el juzgado de conocimiento no la acogió, manifestó: a la persona jurídica corresponde expedir paz y salvo, hay sentencia de tutela en segunda instancia pendiente.
Inicie queja disciplinaria vs el abogado de la persona jurídica vencida, por seguir presentando demandas ejecutivas. El magistrado ponente en la audiencia manifestó: la persona jurídica vencida en juicio no le impide seguir presentando otras demandas, no me otorgo los recursos de Ley.
Ante estas burradas del magistrado sustanciador la procuradora Judicial 11 Penal 152 con sede en la ciudad de Pereira – Risaralda, guardo silencio, incluso avalo dicho proceder del sustanciador. Presente queja disciplina vs la procuradora judicial, no prospero, los funcionarios: Procurador Segundo Delegado y Procuradora Primera Delegada manifestaron:”… no comportó un proceder irresponsable, deliberado o irrazonable, ni se configura como una conducta que afecte en forma grave o sustancial la Función Pública y los principios que la gobiernan, …”.
Presente queja disciplinaria vs el magistrado ponente del consejo seccional de la judicatura, hasta la fecha no ha habido pronunciamiento.