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Derecho carretero: anotaciones de viaje

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Derecho carretero: anotaciones de viaje

Diego Eduardo López Medina

Profesor Facultad de Derecho Universidad de los Andes

diegolopezmedina@hotmail.com

 

Una carretera es casi la misma cosa en todas partes del mundo: un carril que va, otro que viene, líneas amarillas que separan los carriles y líneas blancas que marcan la berma. Las reglas son varias y también de casi universal aceptación: por ejemplo, la doble línea continua en la mitad significa que está prohibido el sobrepaso.

 

Si todo esto es corriente, es interesante ver cómo la gente construye diferentes expectativas sociales con relación al funcionamiento de estos elementos esenciales. Estas carreteras de carril sencillo (por oposición al “doble carril”) presentan un problema: como allí concurren vehículos de diferentes velocidades, la situación de adelantar, rebasar o sobrepasar es muy frecuente, diríase casi que necesario. Como este tipo de carreteras, además, suelen tener muchas curvas en sucesión, es cada vez más frecuente ver cómo la doble línea amarilla se alarga y se alarga, hasta parecer continua. Según el diseño de las reglas formales todos los vehículos deberían ir en estricta fila india sin rebasamientos entre ellos. ¿Cierto?

 

Pues no. En México, primero que todo, se dice “rebasar”. Existe la firme expectativa social que el carro que va a ser sobrepasado, cuando se percata del que se acerca, continúa su ruta lo más cerca posible de la berma derecha. El carro que sobrepasa lo hace invadiendo un poco el carril contrario y el tráfico que viene del otro sentido le da espacio corriéndose, a su vez, a su propia berma. Con este sistema, las carreteras de carril sencillo terminan teniendo un tercer carril de adelantamiento, en la mitad. Un policía federal de carreteras en México me aseguró que esta práctica estaba bien, siempre y cuando no fuera en una curva cerrada y que ellos lo veían como una forma de colaboración y acomodación entre conductores. Lo que sí no les gustaba es que esta práctica se mezclara con excesos notorios de velocidad, pero casi siempre multaban por la velocidad y no por la pequeña invasión cooperativa de carril.

 

En Brasil se dice “ultrapassar” y ocurre otra cosa distinta que impresiona al viajero. En muchas carreteras las bermas son anchas por lo que es muy frecuente que el sobrepaso se dé por la derecha del vehículo que es adelantado. El carro que viene de atrás a más velocidad se tira a la derecha y sobrepasa al otro carro que se mantiene en el carril o que incluso se corre un poco hacia el centro para facilitar la maniobra.  De esta forma los conductores brasileños “arman” un tercer carril, pero de manera diferente a los mexicanos. La expectativa de que esto funcione así es fuerte. Un policía me dijo que esta práctica estaba prohibida especialmente en las intersecciones viales donde sí era peligrosa, pero que, por lo demás, no era su principal preocupación de control carretera.

 

En Colombia son las mismas reglas formales, pero con funcionamiento diferente.  El vehículo con mayor velocidad llega por detrás; el de adelante sigue su camino sin acomodar su trayectoria; el de atrás invade radicalmente el carril contrario. El tráfico que viene en sentido contrario se mantiene imperturbable en su camino. Hacen luces y exigen que se respete su carril. El que sobrepasa cede en su intento y regresa a su carril. Los colombianos, así, no crean cooperativamente el tercer carril. Todos sobrepasamos con frecuencia, pero cuando otro lo hace mantenemos tozudamente nuestro derecho de vía. Afirmamos nuestro derecho y desafiamos el ajeno. Estas reglas definen obviamente un sistema de alta adrenalina. Este tipo de sobrepaso es claramente ilegal, pero frecuente y diríase que tolerado. Es cierto que la policía se ubica en sitios especiales a poner multas por este hecho, pero las propias patrullas en la carretera sobrepasan carros de esta manera. Hay conciencia de ilegalidad (reforzada en los últimos años), pero al mismo tiempo aceptación y práctica reiterada. El policía dice que es ilegal, pero no articula la ubicuidad de las excepciones.

 

En Sri Lanka, créanlo o no, un carro veloz, para sobrepasar (langavemin pavati en cingalés) invade el carril contrario y tiene la expectativa que el carro que viene frenará. Y lo hace frenar y si no frena, maniobran violentamente para evitar la colisión, pero la reacción del conductor revela que se siente agraviado, que el otro tenía que parar. Dos horas de carretera en Sri Lanka son una experiencia que transforma la vida. Se da uno cuenta, genuinamente, que es mortal. A un policía le pregunté sobre esto y le pareció simpática mi curiosidad. Su respuesta fue ¿y de qué otra forma puede ser?

 

Pregunto a los lectores, abogados y estudiantes: las reglas generales de este sistema carretero tienen un sentido evidente, pero las acomodaciones sociales también parecen necesarias para optimizar la eficiencia del sistema (por lo menos hasta que se construya una autopista de doble carril). ¿Qué desviaciones son tolerables? En su conjunto, ¿cuál de estos sistemas resulta mejor? ¿Hay otros modelos? ¿Deben mantenerse las reglas formales claras y nítidas, o debe incorporarse a ellas las prácticas y las acomodaciones? Agradezco ideas sobre este problema práctico y teórico a diegolopezmedina@hotmail.com

 

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