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La Alianza del Pacífico y la Iniciativa de la Franja y la Ruta

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La Alianza del Pacífico y la Iniciativa de la Franja y la Ruta (Shutterstock)

Juan Felipe Toro Fernández

LL.M. in International Law–Investments, Trade and Arbitration, Universität Heidelberg–Universidad de Chile

Profesor asociado, Escuela de Derecho de la Universidad Eafit (jtorofer@eafit.edu.co)

Socio fundador y Gerente Legal de Kesher Business & Investments (info@kesherbi.com)

 

Jaime Tijmes-IHL

Dr. iur., Universidad de Tübingen (Alemania)

Profesor asociado, Facultad de Ciencias Jurídicas y Empresariales, Universidad de La Frontera (Chile)

Miembro del Centro de Investigación Desafíos Internacionales, Universidad de La Frontera (jaime.tijmes@ufrontera.cl)

 

A través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (“Belt and Road Initiative -BRI” por sus siglas en inglés), China ha establecido relaciones bilaterales con los estados latinoamericanos.

 

Esta iniciativa de China incluye proyectos de infraestructura interestatales y abarca también recursos naturales compartidos internacionalmente en América Latina. Hasta la fecha, las relaciones de los estados latinoamericanos con China han sido marcadamente bilaterales, y las economías latinoamericanas carecen de una fuerte integración económica en cuanto a una posible negociación en bloque con China.

 

La discusión académica sobre las relaciones económicas chino-latinoamericanas tiende a polarizarse: los optimistas argumentan que está marcada por la complementariedad y los beneficios mutuos, mientras que los pesimistas enfatizan que los estados latinoamericanos están desarrollando una dependencia de una China colonialista (Cort es Rondoy, 2018, pp. 74-77).

 

El BRI tiende a apoyar la narrativa de dependencia porque el BRI es “una serie de pactos y asociaciones comerciales bilaterales no relacionados, pero interconectados” (Shepard, 2017a). En otras palabras, el BRI "puede verse como una especie de hub-and-spoke-network, con China como el “hub" y los otros estados BRI como los radios (Wang, 2019, pp. 35-36) donde los radios son estados individuales (uno a uno) o bloques políticos (grupo + 1) (Shepard, 2017b), y como nota al margen, esa puede ser una de las razones por las que China no participó en el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP o TPP-11), ya que habría significado reemplazar su estrategia de negociación bilateral por una regional.

 

Este sistema de hub-and-spoke refuerza la interpretación de las economías periféricas o semiperiféricas (incluyendo Estados latinoamericanos) que producen materias primas y dependen de la economía china que agrega valor a esas materias primas y vende bienes industriales, replicando una estructura opresiva que explota a los débiles en un sistema internacional de división del trabajo.

 

Es un paralelo evidente y sorprendente a lo que la teoría de la dependencia denunció hace más de 50 años con respecto a las antiguas potencias y colonias coloniales. La Alianza del Pacífico (AP) es compatible con la hipótesis de Grell-Brisk (2017, págs. 9, 11) de que los estados semiperiféricos crean organizaciones regionales para proteger sus intereses, frente al ascenso de China, que ha pasado de ser un estado periférico a ser un estado semiperiférico.

 

Por lo tanto, podría decirse que sería beneficioso para los estados latinoamericanos coordinar sus acciones. Además, una posición negociadora común fortalecería su posición negociadora con respecto a China, especialmente porque las economías latinoamericanas tienen un comercio sustancial con China.

 

Consideramos que sería beneficioso para países como Chile, Colombia, México y Perú, que comparten intereses políticos y económicos en torno al bloque económico de la AP, que a través de esta canalizaran sus relaciones con la iniciativa BRI.

 

También creemos que la AP, al ser un proyecto de integración económica que simultáneamente tiene un origen latinoamericano y un enfoque que es tanto el Pacífico latinoamericano como el asiático, la AP debería ser una institución adecuada para que sus miembros enmarquen y desarrollen su relación con China no de manera individual, sino regional. Para sus miembros, la AP puede desempeñar un papel central en una política que contrarreste al menos parcialmente una posible dependencia de China, y para China, puede aliviar la presión sobre su capacidad de negociación. Además, la AP puede constituir un vehículo para que sus miembros se vinculen con la reconfiguración de las relaciones de poder en el este de Asia, a medida que China asciende como un hegemón regional y desplaza parcialmente a EE UU (Huntington, 1996/2011, pp. 168-174, 218 -238).

 

Recordemos que la AP no tiene como objetivo aumentar el comercio intrabloque, como lo han hecho los proyectos de integración económica en América Latina desde la década de 1990 (CAN, Mercosur), sino que su objetivo principal es construir un mercado común que sirva para aumentar el comercio con la región de Asia-Pacífico y obtener así acceso a las cadenas globales de valor (CGV).

 

Esto tiene sentido, ya que los flujos comerciales entre los miembros de la AP son bajos y especialmente para productos manufacturados (Ovando-Aldana et al., 2017, pp. 191- 192). En términos comerciales, Chile, Colombia y Perú importan principalmente maquinaria y equipos de China y exportan materias primas a China; por lo tanto, la integración comercial existe, pero es asimétrica y no implica integración en cadenas de valor globales. Por el contrario, México está integrado en las cadenas de valor mundiales con EE UU, a través del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

 

Los estudios sobre la convergencia económica entre los miembros de la AP concluyen que sus economías no son complementarias (Hernández Bernal y Muñoz Angulo, 2015, pp. 111-114), y en cambio sugieren que las economías peruana y chilena son complementarias con las economías china, japonesa y coreana, y la economía colombiana es potencialmente complementaria con las economías de Japón y Corea, pero la economía mexicana no es complementaria con las economías asiáticas (Coutiny Ter an, 2016, p. 351).

 

Las cifras económicas muestran que el comercio intrabloque de la AP es bajo y que los miembros de la AP no tienen una participación significativa en las CGV. Por lo tanto, no parece tener mucho sentido entender a la AP como un proyecto destinado a integrar las economías de sus miembros entre sí o en las CGV. En cambio, la AP tiene sentido como una plataforma para negociaciones birregionales de bloque a bloque o bilaterales de bloque a estado con actores asiáticos como por ejemplo China.

 

Por lo tanto, para Chile, Colombia, México y Perú, es hora de enmarcar y canalizar su interés en China y su relación con China a través de la AP, reemplazando así cuatro relaciones bilaterales individuales con una relación bilateral colectiva entre la AP y China. Esto puede contrarrestar al menos parcialmente las fuerzas que pueden reducir a los miembros de la AP a exportar materias primas, y dependiendo de China para agregar valor a esas materias primas y vender productos industriales a los miembros de la AP. Deberían sustituir la red bilateral de hub-and-spoke con China en el centro y los cuatro estados latinoamericanos como los radios, con una relación bilateral entre China y la AP.

 

Finalmente, para los miembros de la AP, sería mejor estar en una situación grupal que estar aislados como radios uno a uno. Para China, la AP debería ser el principal orden normativo e institucional regional para canalizar el BRI con respecto a Chile, Colombia, México y Perú, y con posibles miembros adicionales de la AP en el futuro. Esto ayudaría a superar parcialmente las limitaciones de capacidad de China y evitaría los costos generados al interactuar con varias jurisdicciones, por lo que una posición común de negociación de la AP también podría ser beneficiosa para China. En este sentido, y como consecuencia involuntaria, el BRI quizás podría promover que la integración económica latinoamericana pase de declarativa a efectiva.

 

 

Bibliografía

 

  • Cortes Rondoy, J. (2018), “China: riesgos y oportunidades para la Alianza del Pacífico”, Encrucijada Americana, Vol. 10 No. 1, pp. 71-104.

 

  • Coutin, R. And Terán, J.M. (2016), “La Alianza del Pacífico: ¿apuesta estratégica de la política exterior colombiana?”, Estudios Gerenciales, Vol. 32, pp. 346-357.

 

  • Grell-Brisk, M. (2017), “China and global economic stratification in an interdependent world”, Palgrave Communications volume, Vol. 3 No. 1, pp. 1-12.

 

  • Hernández Bernal, J.A. and Muñoz Angulo, L.G. (2015), “Comercio y evolución de la Alianza del Pacífico”, Equidad and Desarrollo, Vol. 24, pp. 97-118.

 

  • Huntington, S.P. (1996/2011), The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order, Simon and Schuster, New York, NY.

 

  • Ovando-Aldana, W., Canales-García, R.A. and Munguía, G. (2017), “Comercio interregional de bienes manufacturados en los países de la Alianza del Pacífico desde la teoría de linder”, Desafíos, Vol. 29 No. 2, pp. 169-197.

 

 

 
  • Wang, H. (2019), “China’s approach to the Belt and Road initiative: scope, character and sustainability”, Journal of International Economic Law, Vol. 22 No. 1, pp. 22-55.

 

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