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¿Por qué nos cuesta tanto escribir una tesis en Derecho?

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El ejercicio de la abogacía requiere casi a diario de la elaboración de escritos de diversa índole. Así lo hace, por ejemplo, el litigante en sus demandadas, contestaciones, alegatos y recursos. También lo hace el juez, quien, por lo general, expresa sus decisiones mediante providencias dirigidas a las partes, y otro tanto sucede con el asesor jurídico, al consignar por escrito los conceptos en los que da solución a los problemas consultados.

 

Todo indicaría que al encargarse al abogado (o al estudiante de pregrado) la elaboración de una tesis, este no tendría mayores dificultades por cuanto la tarea de escribir no solo es parte de su formación universitaria, sino que le resulta fundamental para el ejercicio cotidiano de su profesión. Sin embargo, es posible advertir varias dificultades para la elaboración de la tesis entre los destinatarios habituales de los programas de pregrado y de posgrado de Derecho. Identificar estas dificultades y recomendar la necesidad de elaborar previamente un “plan de trabajo” constituyen el propósito de estas líneas.

 

Metodología de la investigación

 

Cuando se habla de metodología de la investigación en Derecho, no se pretende recomendar que el abogado (o estudiante de Derecho) al realizar sus trabajos académicos, haga tabula rasa de sus habilidades y conocimientos jurídicos, sino que los ensamble con los especiales propósitos de la investigación y utilice los métodos propios del ámbito académico, los que difieren de los propios del litigante, del juez y del consultor.

 

Así, por ejemplo, la labor de escritura para el litigante tiene como finalidad convencer al juez acerca de su interés en juicio, mientras que, para el consultor, le es útil para ofrecer la argumentación que soporte sus recomendaciones puntuales frente al problema planteado. De otro lado, el juez en sus providencias utilizará la escritura para expresar los argumentos que traten de mostrar a las partes que la decisión es conforme a Derecho. Contrario a los fines mencionados, la tesis en Derecho se escribe con la idea de efectuar un aporte en el ámbito del conocimiento social, aplicando la metodología propia de la investigación social, de manera que sus destinatarios podrían o no estar de acuerdo con lo planteado, pero, en todo caso, la tesis tendría validez si ha mostrado suficiente respaldo argumental, coherencia y pertinencia en sus conclusiones.

 

Al indagarse por las causas de las dificultades que enfrentan los estudiantes de Derecho en el pregrado y en los posgrados para efectuar las tesis, es posible pensar que algunas facultades de Derecho desconocen la importancia de la metodología de la investigación en los cursos de pregrado o asignan mayores esfuerzos a la enseñanza de las fuentes del Derecho -esto es, a su difusión e interpretación-, prestando poca atención a los problemas de investigación que pueden encontrarse en el sistema jurídico.

 

También es posible que la formación de investigadores en Derecho no se conciba como la principal función de los cursos de pregrado y, por ende, se postergue esta finalidad a los cursos de posgrado, especialmente a los de maestría o doctorado, en cuyo caso el estudiante de pregrado asume que la “metodología de la investigación” puede ser “algo por lo que aún le corresponde preocuparse”.

 

Adicionalmente, cuando el número de estudiantes por curso es elevado, resulta casi imposible que el catedrático asigne a los estudiantes tareas de investigación, como la redacción de resúmenes, ensayos o recensiones, pues de hacerlo, ocuparía todo su tiempo en su calificación, dejando de lado el desarrollo del programa académico. Por ende, es habitual que este profesor no solo preferirá la evaluación oral de los contenidos impartidos en clase, sino que se desentienda de la formación en metodología de sus alumnos, aunque luego se duela de los errores ortográficos y los problemas de redacción en los pocos exámenes escritos que realice.

 

En la actualidad, siendo evidente la necesidad de promover la investigación en el ámbito del Derecho, siguiendo la lógica del mercado laboral y la dinámica universitaria que exigen nuevos títulos de maestría o de doctorado para los abogados y dada la exigencia de abordar otros problemas de investigación en el Derecho acordes con la realidad nacional, conviene precisar las dificultades en la elaboración de la tesis y plantear una primera solución para poner las ideas en orden.

 

La escogencia del tema

 

Una de las grandes dificultades se puede encontrar en la escogencia del objeto de investigación, esto es al delimitar un tema adecuado de investigación. Una vía aparentemente sencilla para hacerlo es abordar los temas coyunturales, tales como la última reforma legislativa o el más reciente fallo judicial, lo que no es reprochable, pero sí deja la sensación de que esos son los únicos temas que merecen ser tratados en el contexto del Derecho, dejando de lado algunos menos urgentes, pero más importantes.

 

En otros casos, es muy común que el investigador tenga dificultades para plantear un problema de investigación, bien porque le asalten varias inquietudes sobre el mismo tema y no sepa cómo llegar a plantear uno solo, o bien porque el mismo resulte demasiado vago o impreciso. El poner por escrito el problema de investigación tiene el propósito de señalar una “anomalía” existente en el ámbito del Derecho, a fin de ensayar sobre su base, una ulterior hipótesis que opera como respuesta intuitiva a la pregunta de investigación, la cual le es de mucha importancia, porque le permitirá ensayar una argumentación sólida en respaldo de su aporte definitivo.

 

Existen otros obstáculos de carácter práctico, como la falta de conocimiento de los objetivos de la investigación o la dificultad para acceder a las fuentes de investigación en el contexto del Derecho y su adecuada citación en el texto definitivo, lo que no solo puede derivar en inexactitudes en la trasmisión de los argumentos, sino en algo más grave como es el plagio de los autores citados.

 

También puede presentarse un problema en la puesta en marcha de la investigación, lo que ocurre porque no se tiene una estrategia para elaborarla, y se desconocen las etapas en las que ella se desenvuelve. Por supuesto que la falta de un plan detallado de actividades que permita tener una visión panorámica de la labor investigativa hace que el cumplimiento de los plazos sea difícil, o que se aplacen indefinidamente las entregas al tutor.

 

Los anteriores problemas llevan, normalmente, a que el tesista haga unas “salidas en falso” que le conducen a la pérdida de energía y de tiempo, como cuando sale al acopio indiscriminado de las fuentes de investigación, o arranca con el proceso de escritura sin haberse provisto primero de un esquema que lo guíe en esa tarea.

 

Plan de trabajo

 

Por ende, lo primero que se le recomienda es tener un “plan de trabajo” que le sirva de herramienta para la organización previa de sus ideas y para tener una imagen panorámica de los objetivos que quiere cumplir con su trabajo académico.

 

En este plan de trabajo se deben reunir todos y cada uno de los elementos que se requieren para efectuar la labor de investigación y, por ende, su función es la de servir de guía en el proceso, pero también de ancla o punto fijo para revisar los postulados fundamentales de su investigación mientras la realiza. Esta segunda función resulta de suma importancia, porque en la medida en que se llevan a cabo los trabajos académicos, especialmente los de largo alcance, el investigador suele encontrar otros temas, subtemas y nuevas preguntas de investigación que capturan su interés, viéndose tentado a cambiar su objetivo original.

 

Es precisamente en estos casos en los que el investigador debe ser fiel a su plan de trabajo original, porque estos cambios supondrían comenzar de cero, desperdiciando los esfuerzos ya realizados. En este punto se debe advertir que en la elaboración de trabajos académicos y, en especial, en la tesis, el investigador tiene que diseñar su propio camino, tomar sus propias elecciones y asumir las consecuencias de ello.

 

Así las cosas, el investigador tiene la necesidad de organizar sus inquietudes sobre el fenómeno jurídico para avanzar y visualizar, por fin, el propósito de su investigación, pues, de lo contrario, siempre estaría propenso a la divagación, lo que a su turno le generaría desestimulo y mayores presiones, al no poder materializar su trabajo en un producto académico. De la misma manera, la ausencia de una hoja de ruta le pondrá en el dispendioso trabajo de divagar en la recopilación de las fuentes de investigación, lo que francamente constituye una de las principales razones de derroche de tiempo y otros recursos valiosos.

 

Identificadas estas dificultades preliminares y la necesidad de contar con un plan de trabajo solo queda pensar en que la tarea de elaborar una tesis en Derecho, aunque puede estar llena de vicisitudes, es un desafío que merece ser afrontado, pues solo de esta manera se podrán adquirir las destrezas que forman el rol de investigador, las que, a largo plazo, le habilitarán para hacer aportes significativos en esta rama del conocimiento.

 

Pd. El próximo 21 de abril, AP Legis realizará el seminario taller Herramientas prácticas para la elaboración de tesis o monografía de grado a nivel de especializaciones, maestrías o doctorado en Derecho. La cita es la Avenida El Dorado N°. 82-70 primer piso, a las 8:00 a. m.

 

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