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Acuerdos laborales para tiempos de crisis

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Luis Felipe Gómez Avila

Abogado de la Universidad Sergio Arboleda, especialista en Derecho Laboral y Relaciones Industriales en la Universidad y magíster en Derecho Empresarial en la Universidad Autónoma de Barcelona

 

Se avecinan tiempos difíciles. Debemos estar preparados, unidos y organizados, y no solo me refiero a la devastadora noticia de perder seres queridos por el covid-19. Quiero dedicar unas palabras al análisis económico-laboral de acuerdo con el panorama que estamos viviendo y el que está por venir.

 

Esta situación de confinamiento en la cual nos encontramos para salvaguardar vidas traerá consigo el inevitable cierre de compañías, despidos masivos y, por supuesto, hambre y desesperación. Por esta razón, debemos ser conscientes de esta terrible situación, donde tanto empleados como empleadores debemos poner nuestros ojos en la esencia de las relaciones laborales, establecida en el artículo 1º del Código Sustantivo del Trabajo y así lograr justicia y equilibro social, para lo cual considero debemos ceder si queremos ganar que otra persona no se quede sin nada y en la miseria.

 

Vale la pena resaltar que la fuerza mayor o caso fortuito que se estableciera ya hace bastante años, en la Ley 95 de 1890, hoy cobra especial relevancia en materia laboral, y debo decir que la imposibilidad de continuar con las labores no se deriva de la enfermedad que aqueja al mundo, sino de las normas que los Estados han tenido que promulgar para contenerla, reglas que afectan a las dos partes por igual, mal haríamos en endilgar la imposibilidad solamente para el patrono, cuando y a decir verdad el empleado tampoco puede continuar realizando la labor, toda vez que por mandato legal debe permanecer en su domicilio.

 

Así las cosas, no me quisiera adentrar en la discusión de si existe fuerza mayor, o no, o si el Ministerio del Trabajo dará vía libre y en un tiempo efectivo a los despidos colectivos, o si los jueces acertaran en sus providencias en el marco de esta contingencia. En estos tiempos tan difíciles los verdaderos héroes podremos ser nosotros, la fuerza laboral de este país, solo nos corresponde ser aguerridos y honestos para analizar con cabeza fría que la única meta debe ser la menor cantidad de bajas laborales y eso no se consigue peleando, hoy debemos lograr acuerdos con nuestros empleadores. Es acá donde hago un llamado de atención y los invito a discutir mecanismos consensuados y concertados donde las dos partes se vean beneficiadas, es mejor que todos perdamos un poco a que algunos o –la mayoría- lo perdamos todo.

 

En este orden de ideas la invitación es clara, “arreglos mancomunados entre las partes”. Solo a manera de ejemplo me remitiré a tres posibles soluciones (i) licencias no remuneradas con el pago de un auxilio económico que no tenga connotación salarial, (ii) disminución de beneficios durante los dos próximos semestres o (iii) disminución de un porcentaje del salario por un periodo determinado. Esto por nombrar algunas de las muchas y variadas alternativas que pudieran derivarse de la libre voluntad de las partes, que por estos días debería estar plagada de buena fe y que podría salvar millones de familias de la miseria que trae consigo el desempleo.

 

Hago un llamado a los intervinientes del mercado laboral del país en torno a la fraternidad, el respeto por el otro y la entereza en tiempos de crisis. Hoy debemos demostrar de qué estamos hechos, cuáles principios realmente nos gobiernan y darle la mano a nuestro prójimo, palabra que deviene etimológicamente de próximo, cercano o semejante.

 

De no llegar a establecer acuerdos, las empresas se verán forzadas a realizar despidos, o cerrar sus instalaciones y ahí, en esas situaciones, habremos preferido haber cedido un poco.

 

Algunos pensaran que paralizar la economía y quedarnos algunos días en casa es una decisión fácil, pero la verdad no es así. La economía es la madre de todo lo que nos rodea, es la gasolina del mundo como lo conocemos, es el pan sobre tu mesa y el internet en tu teléfono. Mucho tiempo en confinamiento inexorablemente traerá desolación, hambre y, por supuesto, destrucción social, o acaso creemos que nuestros hermanos muriendo de hambre no darán la batalla, las guerras en las calles y barrios por el sustento diario serán una realidad que no podremos evitar, desgraciadamente en nuestro país 13.073.000  personas se encuentran en situación de pobreza monetaria según el Dane y me permito indicarles que según los estándares de esta entidad se consideran pobres las personas que ganan menos de 257.433 pesos al mes (datos para el 2018). ¿Quién vive con esto?

 

Las anteriores cifras arrojan un panorama totalmente desolador para quienes no pueden salir a buscar la comida o el techo diario, y no pueden no precisamente por el aislamiento preventivo obligatorio establecido por el Gobierno mediante el Decreto 457 del 22 de marzo del 2020, me refiero a la imposibilidad manifiesta ocasionada por una economía totalmente paralizada, detenida seguramente con la mejor de las intenciones y con el firme propósito de salvar muchas vidas, pero, ¿a qué costo?, ¿cuáles vidas valen más? Bajo ningún aspecto pretendo criticar esta medida, y por el contrario ojalá nuestros gobernantes tomen las mejores decisiones, pero no me cabe la menor duda de que somos nosotros quienes marcaremos la diferencia. Está en nuestras manos ayudarnos, socorrernos y contribuir a que menos personas hagan parte en los próximos meses de las terribles cifras de pobreza que nos muestra el Dane.

 

Motivados por la imperiosa necesidad de apaciguar las consecuencias desastrosas de esta pandemia en nuestra economía. Empleados, empresarios y sindicatos: ¡es nuestro deber actuar con honorabilidad!, tomar partido y sentarnos a negociar condiciones justas que nos ayuden a solventar esta crisis. Creo que la denominada teoría de la imprevisión hoy nos toca a la puerta, y ese artículo 50 del CST ha salido a relucir en nuestras relaciones laborales.

 

Qué grato sería ver a las organizaciones sindicales buscando al empresariado para negociar, no es momento de agitar más las aguas, esto nos está golpeando a todos, es una innegable realidad que debemos aflojar y transigir, si queremos seguir a flote. Acá también debe tomar partido el Ministerio del Trabajo, pues sus diversas y seguramente de muy buena fe reglamentaciones, están causando estragos en las compañías, muchas veces la excesiva protección al trabajador solo consigue su temible contrario y es que por salvar a unos pocos terminamos ahogando a muchos. Debemos ser sensatos y darnos cuenta de que si las empresas no tienen opciones, inevitablemente se irán a la quiebra y allí y solo allí, hubiésemos querido haber cedido un poco.

 

Es hora de implementar el verdadero esquema del gana-gana y que realmente ganemos todos. Ahora bien, al gobierno, sin duda, el reclamo y la arenga es la misma, reducciones arancelarias y destinaciones realmente efectivas para los sectores más vulnerables. A nuestras instituciones de control y vigilancia las necesitamos hoy más que nunca impolutas y fortalecidas para actuar sin piedad contra aquellos que se atrevan a echar mano de las arcas del gobierno. Y así y solo así saldremos adelante, - la verdadera justicia social la construimos entre todos-.

 

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