La magia del Instituto Internacional de Sociología Jurídica
En esta experiencia me di cuenta de que, de alguna manera, como sociedad, en conjunto, todavía tenemos algo esperanzador frente a lo jurídico.Openx [71](300x120)
07 de Abril de 2026
Juan Felipe Parra Rosas
Magíster en Derecho, magíster en Sociología y doctorando en Derecho de la Universidad de los Andes
Mi paso por el Instituto Internacional de Sociología Jurídica, aparte de la emoción por su inmensa biblioteca y por la abundante literatura en sociología del Derecho, fue una oportunidad única para escribir. Pensé que no tendría interrupciones en el proceso de escritura y de marinaje de mi tesis, pues Oñati es un pueblo del País Vasco en el que las distracciones mediáticas de nuestra sociedad parecen pasar desapercibidas.
Sin embargo, me equivoqué, y menos mal que lo hice. Las ideas no fluyen únicamente en el vacío del pensamiento, ellas fluyen en las discusiones, en los vinos, en las conversaciones y en las experiencias compartidas con otros. Durante mi estancia en la residencia del Instituto me encontré con otros visitors de distintas partes del mundo, algunos profesores reconocidos, otros estudiantes doctorales como yo y estudiantes del máster. Con ellos tenía discusiones en la cocina sobre la democracia, los lugares para tomar café, la teoría política, los supermercados y cuestiones metodológicas.
Escribiendo mi tesis en uno de esos últimos días, caí en cuenta de cómo esas discusiones habían permitido que se diera la cocción perfecta. El último día, los estudiantes de Irlanda, Alemania, China, Suecia, España y Colombia del máster organizaron una cena a la que invitaron a todos los que, de alguna forma, habíamos habitado con ellos ese espacio. Fue allí donde me di cuenta de lo importante que es charlar entre nosotros, entre culturas distintas, que enfrentan problemas sociales diferentes en sus contextos, pero sustancialmente similares en aquello que nos une como humanos.
El uso de la tecnología, la desigualdad, la guerra, el cambio climático y la precarización laboral, entre otros temas comunes. Las preguntas sociales alrededor de estos asuntos siempre las nutrimos con cuestiones atravesadas constantemente por lo que el Derecho puede hacer: su capacidad emancipadora, el fetichismo legal o la esperanza en la institucionalidad. En ese momento, aún no sabía, y quizá aún no sé, cómo definirlo del todo.
Ahí me di cuenta de que, de alguna manera, como sociedad, en conjunto, todavía tenemos algo esperanzador frente a lo jurídico. El Derecho, a pesar de que conocemos bien sus límites, sigue siendo reconocido por nosotros como una institución con poder para afrontar estos cambios sociales. Creo que precisamente ahí reside la magia del Instituto, pues es un lugar interdisciplinar y realmente cosmopolita, un espacio en el que la imaginación sociológica emerge con ayuda de estas diferentes concepciones del mundo y de lo jurídico, haciendo que las discusiones sean, de verdad, fructíferas.
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