ANÁLISIS: Los aranceles en los tiempos de X
Entre enero y octubre de 2025, el comercio entre Colombia y Ecuador alcanzó los 2.209 millones de dólares, con un saldo a favor para Colombia de 849 millones de dólares.Openx [71](300x120)
27 de Enero de 2026

Juan Manuel Camargo G.
Abogado experto en derecho comercial y aduanero
El presidente Donald Trump, de EE UU, está desarrollando el seudo arte de obtener todo tipo de objetivos usando los aranceles de aduana como amenaza, pero eso no significa que esta sea un arma al alcance de todos, o que siempre se obtengan los mismos resultados.
La historia de la reciente disputa comercial entre Colombia y Ecuador ha transcurrido según los parámetros de los tiempos modernos. El 20 de enero, el presidente Petro pidió en su cuenta de X la liberación de Jorge Glas, exvicepresidente ecuatoriano condenado por corrupción, a quien comparó con presos políticos de Venezuela y Nicaragua, y de quien afirmó que sufría de tortura sicológica. Al día siguiente, el presidente Daniel Noboa, de Ecuador, desde el Foro Económico Mundial en Davos, publicó un mensaje (también en X), en el que afirmó que los militares de ese país enfrentan “a grupos criminales atados al narcotráfico en la frontera”, sin que haya cooperación, reciprocidad y acciones firmes de parte de Colombia. Mencionó que Ecuador sostiene con Colombia “un déficit comercial que supera los $1.000 millones anuales”, y anunció que “el Ecuador aplicará una tasa de seguridad del 30% a las importaciones provenientes de Colombia desde el primero de febrero”. Finalizó escribiendo que la medida se mantendrá hasta que exista “un compromiso real para enfrentar juntos el narcotráfico y la minería ilegal en la frontera, con la misma seriedad y decisión que hoy el Ecuador asume”.
Hasta aquí, seguía lo que podemos llamar la receta Trump: los aranceles no se imponen, sino que se anuncian (por una red social); los objetivos que se persiguen son ajenos al intercambio comercial y el propósito más tangible es forzar una negociación con otro país.
Colombia también respondió según los tiempos que corren. En otras épocas, probablemente, nuestro gobierno hubiera esperado, en primer lugar, a que los aranceles anunciados se impusieran formalmente. Luego, se hubiera abstenido de establecer medidas retaliatorias, hubiera acudido al Tribunal Andino de Justicia y seguido los procedimientos previstos en la Comunidad Andina. En este caso, la respuesta inmediata fue indirecta: el Ministerio de Minas y Energía expidió la Resolución 40062 del 22 de enero, en la que suspendió las transacciones internacionales de electricidad (TIE) con Ecuador, aduciendo la necesidad de garantizar el abastecimiento de la demanda nacional y la soberanía energética ante condiciones climáticas y operativas adversas (ninguna alusión a los aranceles de Ecuador). Por otra parte, el Ministerio de Hacienda dio a conocer un listado de 23 partidas arancelarias (73 subpartidas) a las que supuestamente nuestro país aplicaría un arancel de 30 % en caso de que el origen sea Ecuador.
¿Qué hizo Ecuador? La Ministra de Ambiente y Energía anunció que Ecuador impondrá tarifas o impuestos a Colombia por el uso del OCP (Oleoducto de Crudos Pesados).
En fin.
Ahora parece que los gobiernos han manifestado su disposición para sentarse a conversar. La pregunta es: ¿conversar de qué? Si vamos a creer en las proclamas, Ecuador querrá afianzar la cooperación y el compromiso de Colombia en seguridad fronteriza y lucha contra el crimen organizado (narcotráfico, guerrilla, minería ilegal), mientras que Colombia dirá que ya hace suficiente en esos campos. ¿Intentará Colombia negociar la liberación de Jorge Glas? Suena descabellado, pero, de nuevo, en estos tiempos ya nada es imposible.
Mientras todo esto sucede, los empresarios están en vilo. Según datos del Ministerio de Comunicaciones y Tecnologías de la Información, entre enero y octubre de 2025 (10 meses) el comercio entre Colombia y Ecuador alcanzó los 2.209 millones de dólares, con un saldo a favor para Colombia de 849 millones de dólares, de modo que es muy factible que se alcance el superávit de 1.000 de dólares que indicó el presidente Noboa. Las exportaciones colombianas a Ecuador en ese periodo sumaron 1.529 millones de dólares, de los cuales el 72,3 % correspondió a bienes no minero energéticos.
Colombia exporta energía y bienes de consumo y manufacturas, como medicamentos, insecticidas, plásticos, autopartes, prendas de vestir. De Ecuador importamos enlatados de pescado, camarones, aceites vegetales y otros productos agroindustriales y de origen primario. Además de eso, el comercio bilateral genera empleo, actividad, mueve la economía de los departamentos de Colombia que colindan con el vecino país.
Ya se sabe que los aranceles aumentan el costo de los productos, pero no necesariamente tienen impacto en la inflación, como lo está probando EE UU: los bienes importados que aumenten su precio pueden a menudo ser sustituidos por otros. Para los exportadores, es más problemático, porque abrir mercados no es fácil, pero un aumento de aranceles no cierra necesariamente un mercado, sobre todo en el caso de dos países tan próximos geográficamente como Colombia y Ecuador. Este es un tema de hondo calado, pero quizás lo que cabe decir es que hay que evaluar cuidadosamente las características del intercambio antes de iniciar una guerra comercial, porque un cálculo a la ligera puede dar resultados contraproducentes.
A primera vista, los exportadores colombianos pueden resultar más dañados, porque envían productos con mayor grado de elaboración, pero hay que evaluar qué opciones tienen los importadores ecuatorianos con proveedores de otros países. La economía es una ciencia compleja, y numerosos estudios demuestran que no hay nada mejor que comerciar con países vecinos, ya que los costos del transporte son siempre relativamente importantes, y porque a la larga los países desarrollan sinergias complementarias importantes. Por eso, de paso, si la economía de Venezuela llega a abrirse, los proveedores de Colombia estarán en una posición privilegiada.
Lo que siga de aquí en adelante es pura especulación geopolítica. No sería malo que realmente los dos países llegaran a un acuerdo sobre control de la frontera y represión de la guerrilla, el narcotráfico y la minería ilegal. Pero seguramente no habrá nada de eso. ¿Qué haría Trump? Pienso que intentaría vender el mantenimiento del statu quo como un éxito. Asumo que habrá negociaciones entre los gobiernos de Colombia y Ecuador, después de las cuales habrá declaraciones altisonantes, se levantarán los aranceles (o no se impondrán), y nuestro país reanudará la venta de energía eléctrica al vecino. Es decir, todo quedará igual que antes, solo que ambos presidentes sacarán pecho y declararán que “ganaron”.
Qué le vamos a hacer, esos son los gobiernos en los tiempos de X.
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