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¿Qué les espera a las firmas de abogados en tiempos de coronavirus?

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¿Qué les espera a las firmas de abogados en tiempos de coronavirus? (Freepik)

Juan Martín Fierro

Socio de Gericó Associates. Consultor de firmas de abogados.

@jmartinfierro

 

En los últimos días, hemos leído en las páginas web y en las redes sociales de importantes firmas de abogados de todo el mundo un mensaje recurrente: trabajaremos de forma remota para adoptar las recomendaciones de las autoridades y no exponer ni a nuestros equipos ni a nuestros clientes a riesgos innecesarios ante la pandemia del coronavirus.

 

Desde las Big Four colombianas hasta firmas españolas como Cuatrecasas o británicas como Linklater, implementaron medidas preventivas, entre ellas el teletrabajo. Otras como la estadounidense Shearman & Sterling pospuso su calendario de vacaciones de primavera hasta nueva orden, mientras que Osborne Clarke aplazó su conferencia anual de socios. En nuestro medio, se sintió el remezón tras el aplazamiento de la Conferencia de la IBA, prevista para finales de marzo en Cartagena.

 

Hasta ahí, todo muy bien. Las firmas están enviando un parte de tranquilidad y resiliencia. Rápidamente, al igual que otras empresas de distintos sectores, han implementado políticas y herramientas tecnológicas para seguir prestando sus servicios de forma remota. Es algo que sus clientes esperan y valoran. Lo ocurrido con la expansión del coronavirus reafirma la importancia de comunicar rápida y efectivamente este tipo de decisiones, afianzando el compromiso de las firmas con la emergencia global. Pero más allá de lo que comunican los bufetes se esconden cuestiones mucho más profundas que atañen al futuro del mercado legal en el corto, mediano y largo plazo.

 

¿Cuál será el nuevo orden?

 

La prestación de servicios jurídicos, que descansa en gran medida en cómo percibe el cliente la cercanía y experticia del abogado, deberá replantearse inmediatamente. Esa relación tiende ahora a despersonalizarse y a virtualizarse mucho más con los aspectos positivos y negativos que ello trae. De entrada, los abogados tendrán que aplicar (o adquirir si no las tienen) habilidades en el uso de herramientas internas y externas que les permitan coordinar y realizar reuniones virtuales (Skype, Zoom, Whereby, etc), e implementar aplicativos remotos para medir tiempo productivo y horas facturables; trabajar colaborativamente (Slack, Trello, Workplace, Wrike, Teams, etc) e incluso investigar qué alternativas ofrecerá la Rama Judicial no tanto para notificarse (desde el 2004 existe la notificación electrónica), sino para adelantar trámites o actuaciones procesales en favor de sus clientes. Y hay más: esos abogados estrella que le tenían pavor a las webcams y a las apariciones públicas tendrán que vencerlo, pues las firmas están obligadas a potenciar su oferta de conferencias y capacitaciones on line no solo para posicionarse, sino para generar ingresos.

 

En el mediano plazo, y asumiendo que el coronavirus no se detendrá, las firmas de abogados, al menos las tradicionales (también llamadas Big Law) tendrán que acelerar una reflexión de fondo: ¿es viable la estructura de un despacho en las actuales circunstancias? ¿Podremos costear el teletrabajo de todos nuestros equipos a costa de una infraestructura de oficinas, proveedores y servicios que seguirá operando mientras nuestro talento humano despacha en casa? ¿Tendremos que reducir los costos operativos para no afectar la rentabilidad y en cambio garantizar a ese talento humano beneficios especiales para que el teletrabajo asegure el sello de calidad que nos caracteriza? ¿Qué pasará con los costos administrativos que antes se trasladaban a los empleados de la firma y que ahora asumirán ellos en sus hogares? ¿Cómo cambiará el plan de carrera? ¿Llevaremos la inversión tecnológica a sus casas proveyéndoles equipos, conectividad, capacitación y herramientas (software, hardware, etc.) nuevas?

 

Según el tamaño y características de cada firma, estas cuestiones tendrán respuestas diferentes. Pero sin excepciones, todas deberán preguntarse qué pasará con la prestación de servicios jurídicos cuando el coronavirus (y una preocupante inestabilidad económica) los obligue a replantear casi todo desde cero.

 

Ahora bien: en esta encrucijada también hay oportunidades. Algunas firmas ya venían trabajando en su transformación desde antes del coronavirus a distintos niveles. Las más audaces incluso adoptaron, crearon o compraron estructuras New Law mucho más flexibles en términos de organización, pricing y relacionamiento con el cliente; además, con un gran factor diferenciador: el uso de la tecnología.

 

Los cambios en las firmas deberán amoldarse como nunca a los cambios que experimenten sus clientes en los próximos meses. No hay otra opción. En ese viraje deben replantearse servicios que pasan a ser secundarios y crearse nuevos que serán indispensables. Ante la suspensión de términos en la administración de justicia, los abogados no solo deberán conceptuar e interpretar más, sino hacerlo rápido y trabajar más intensamente en cómo comunicarse con el cliente para informarle y explicarle -de forma remota- los cambios que se están implementando en materia laboral, societaria, tributaria, aduanera, comercial y migratoria, entre muchos otros temas. Las páginas web de los despachos serán el corazón de una nueva estrategia de marketing y comunicación en la que las redes sociales se vuelven indispensables para fidelizar y atraer nuevos clientes. Y además para proyectar empatía con un entorno empresarial golpeado en lo misional y en lo económico.

 

De hecho, grandes firmas consultoras y auditoras que han hecho jugosas inversiones en tecnología y desarrollo de negocio se han estado metiendo en los últimos años al rancho de los abogados muy rápidamente apalancadas en las New Law. Esto amenaza la preferencia que tuvieron durante años los despachos tradicionales entre los general counsel de grandes compañías, pues como se dijo, ni la cercanía del abogado de siempre, ni su experiencia, ni su forma de facturar, serán determinantes para su contratación en un entorno tan complejo y cambiante como el que hoy atraviesa el derecho de los negocios.

 

Así las cosas, el coronavirus deberá asumirse como una oportunidad para acelerar esos cambios que antes se veían más lejanos, y para replantear la misión, estructura y forma de trabajar de las firmas de abogados.

 

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