ANÁLISIS: Cuidar sigue siendo cosa de mujeres: las brechas que revela la ENUT 2024-2025
Los resultados de la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo 2024-2025 (ENUT) muestran que estas desigualdades persisten.
06 de Junio de 2026
Johanna Gómez Castro
Docente de cátedra, investigadora del Observatorio Laboral
Doctoranda en Economía
Las mujeres colombianas dedican más de cuatro horas diarias adicionales al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado en comparación con los hombres. Los resultados de la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo 2024-2025 (ENUT) muestran que estas desigualdades persisten y son aún más profundas entre mujeres campesinas y migrantes.
El pasado 2 de junio, el Dane presentó los resultados de la ENUT 2024-2025, una de las herramientas estadísticas más importantes para comprender cómo viven, trabajan y cuidan las personas en Colombia. Aunque suele recibir menos atención que indicadores como el empleo, la inflación o el crecimiento económico, esta encuesta tiene una particularidad fundamental: permite observar aquello que permanece invisible para gran parte de las estadísticas económicas, especialmente el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado que sostiene diariamente a los hogares, las comunidades y la economía en su conjunto.
La ENUT se realiza cada tres años y Colombia cuenta ya con cuatro ediciones comparables. Gracias a esta continuidad estadística, hoy es posible identificar tendencias de largo plazo y evaluar cómo evolucionan las desigualdades en la distribución del tiempo entre hombres y mujeres. Los resultados de la más reciente medición muestran una realidad contundente: las brechas persisten y, en algunos grupos poblacionales, continúan siendo especialmente profundas.
Uno de los avances más relevantes de esta edición es la ampliación de la cobertura territorial. Por primera vez se incorpora información que permite una mejor comprensión de las dinámicas de uso del tiempo en las regiones de la Orinoquía y la Amazonía, territorios históricamente subrepresentados en la producción estadística nacional. Esta inclusión constituye un paso importante para reconocer la diversidad territorial del país y comprender cómo las condiciones geográficas, económicas y sociales moldean las formas en que las personas trabajan, cuidan y organizan su vida cotidiana.
Los resultados muestran que las mujeres continúan siendo las principales responsables del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado. Mientras el 89,8 % de las mujeres participa diariamente en actividades de trabajo no remunerado, entre los hombres esta proporción alcanza apenas el 65,2 %. La diferencia es aún más evidente cuando se analiza el tiempo destinado a estas actividades. Las mujeres dedican en promedio 7 horas y 34 minutos diarios al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, mientras los hombres destinan únicamente 3 horas y 14 minutos.
En otras palabras, cada día las mujeres colombianas realizan más de cuatro horas adicionales de trabajo que resulta indispensable para el bienestar de las familias y el funcionamiento de la sociedad. Son horas destinadas a preparar alimentos, limpiar, lavar ropa, administrar el hogar, acompañar personas mayores, cuidar niños, niñas y adolescentes o atender personas enfermas. Actividades esenciales para la reproducción de la vida, pero que continúan sin remuneración y, en muchos casos, sin reconocimiento social.
Estos resultados reflejan un fenómeno ampliamente documentado por la economía del cuidado: la doble jornada femenina. Las mujeres participan crecientemente en el mercado laboral, pero no han dejado de asumir la mayor parte de las responsabilidades domésticas y de cuidado. Como resultado, enfrentan una carga global de trabajo significativamente superior a la de los hombres, con consecuencias directas sobre su bienestar, su autonomía económica y sus oportunidades de desarrollo profesional.
Las desigualdades se vuelven aún más visibles cuando se observan grupos específicos de población. Entre las mujeres campesinas, el tiempo dedicado al trabajo no remunerado alcanza las 8 horas y 36 minutos diarias, mientras que los hombres campesinos destinan apenas 3 horas y 19 minutos. La brecha supera las cinco horas diarias. Esto significa que las mujeres rurales continúan absorbiendo gran parte de las responsabilidades asociadas al sostenimiento cotidiano de los hogares, incluso en contextos donde también participan activamente en actividades productivas agrícolas y comunitarias.
La situación también es especialmente preocupante entre la población migrante. Las mujeres migrantes dedican 9 horas y 2 minutos al día al trabajo no remunerado, frente a 3 horas y 28 minutos de los hombres migrantes. Estas cifras muestran cómo las desigualdades de género se intersectan con otras condiciones de vulnerabilidad, generando cargas particularmente intensas para determinados grupos de mujeres.
Las implicaciones de estas diferencias van mucho más allá de la distribución de las tareas dentro del hogar. El tiempo es un recurso económico. Quienes dedican más horas al trabajo no remunerado tienen menos posibilidades de acceder a empleos de calidad, continuar sus estudios, participar en actividades comunitarias, descansar o generar ingresos propios. En consecuencia, las brechas en el uso del tiempo terminan traduciéndose en brechas de ingresos, de protección social y de acceso a pensiones.
Este último aspecto resulta especialmente relevante para el futuro del país. Las trayectorias laborales interrumpidas por responsabilidades de cuidado reducen las posibilidades de acumulación de experiencia laboral, limitan la formalización y disminuyen las semanas de cotización necesarias para acceder a una pensión. Así, las desigualdades que comienzan con la distribución del tiempo terminan reproduciéndose a lo largo de todo el ciclo de vida, afectando la autonomía económica de las mujeres incluso en la vejez.
Por ello, la información que produce la ENUT resulta fundamental para el diseño de políticas públicas. Medir el tiempo permite identificar desigualdades que permanecen ocultas cuando el análisis se limita al mercado laboral remunerado. También permite comprender que el cuidado no es un asunto privado ni exclusivamente familiar, sino una dimensión central de la economía y del desarrollo.
La publicación de esta nueva edición deja una conclusión clara. Colombia ha avanzado de manera significativa en la medición del trabajo doméstico y de cuidado, consolidándose como uno de los países de América Latina con mayor trayectoria en este tipo de estadísticas. Sin embargo, los resultados muestran que las transformaciones en la distribución del tiempo avanzan mucho más lentamente que los cambios observados en otros indicadores sociales.
La principal lección de la ENUT 2024-2025 es que el tiempo continúa siendo una de las expresiones más persistentes de la desigualdad de género. Aunque las mujeres han incrementado su participación en el mercado laboral, siguen siendo quienes sostienen la mayor parte del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado. La nueva encuesta confirma que estas brechas no son un fenómeno del pasado: permanecen vigentes y, en algunos grupos poblacionales, son incluso más profundas.
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