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Lecciones y retos del sector legal en medio del covid-19

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Lecciones y retos del sector legal en medio del covid-19

Juan Martín Fierro

Socio de Gericó Associates y consultor de firmas de abogados.

juan.fierro@gericoassociates.com

@jmartinfierro

 

Ya han comenzado a sentirse los efectos de la recesión económica por cuenta del covid-19, y antes de terminar una larga y tensa videollamada con su abogado, el presidente de una compañía suelta el siguiente comentario para relajar la charla: “sin importar que haya crisis o bonanza ustedes los abogados siempre ganan”. Dada la confianza entre ambos, el abogado responde: “no crea. Esto de la pandemia nos está pegando duro”. Y es verdad. Como socio fundador de una firma prestigiosa, él también ve nubes grises en el horizonte. Al igual que su cliente, tendrá que hacer proezas para estirar la caja y salvar empleos en los próximos meses. Su cliente se despide diciendo: “si ustedes no son de los que ganan entonces no me sirven para salir del lío en el que estoy metido”.

 

Esta escena invita a varias reflexiones: ¿Qué significa “ganar” en un contexto como el actual en el que todos hemos tenido que hacer concesiones grandes o pequeñas tanto en lo personal como en lo económico? ¿Qué efecto tendrá esto en la práctica jurídica poscovid-19? Y, por otra parte: ¿En qué momento se popularizó la idea que de las crisis no afectan a las firmas de abogados? ¿De dónde viene ese mito? Habrá quienes digan que esa fama conviene porque se ha ganado gracias a los éxitos y esfuerzos de muchos años. Y tienen razón. Otros dirán que el sector legal supo reinventarse luego de la crisis financiera del 2008 y que ese cambio de paradigma también lleva sus méritos. Unos más dirán que nadie quiere mostrar debilidad, aunque el mundo se derrumbe. Válido también. ¿Pero qué pasa cuando el problema es mortal, invisible y global como una pandemia?

 

Pasa que los abogados, al igual que todas las personas, familias, gobiernos y sectores económicos, quedan expuestos a una situación incierta que los toma por sorpresa. Lo ocurrido con el covid-19 ha sido tan devastador como imprevisible, al punto de que la agenda de empresas y Estados se ha volcado completamente a la salud y a la reactivación económica segura. En estas reflexiones hay, además, una primera e importante lección: todos somos vulnerables. Incluso los abogados que siempre ganan.

 

Oportunidad, cambio y resurgimiento

 

Como ya sabemos, toda situación de crisis es sinónimo de oportunidad, cambio y resurgimiento. En este sentido, el covid-19 ha dejado valiosos aprendizajes y, a la vez, enormes desafíos para el sector legal. Como consultor de firmas de abogados he vivido de cerca los momentos difíciles, pero también he percibido el carácter y la determinación de los despachos para enfrentar la emergencia buscando siempre el bienestar de sus colaboradores y clientes. Una tarea nada fácil, pero también un punto de quiebre, uno de esos momentos que marcan un antes y un después en la vida de personas y organizaciones.

 

A continuación comparto con los lectores de ÁMBITO JURÍDICO mis apreciaciones sobre las lecciones y los retos del sector legal en medio de la pandemia:

 

(i) Toda crisis nos recuerda de qué estamos hechos. La turbulencia económica global y local, las medidas de confinamiento obligatorio y la incertidumbre jurídica han obligado a las firmas a replegarse en lo que son, a redescubrir de qué están hechas, cuáles son esos valores que las unen. A no dar las cosas por sentadas. Ese momento de introspección y de unión ha sido fundamental para la toma de decisiones estratégicas y de negocio, replantear la oferta de servicios en función de las necesidades de los clientes, y construir consensos rápidos, menos verticales y más abiertos a la tecnología, innovación y creatividad.

 

(ii) Valorar mucho más el talento de los equipos. En consonancia con el punto anterior, la comunicación interna se ha vuelto protagonista de primera línea y pone presión extra a los equipos de talento humano para mantener la cohesión, motivación y productividad en un entorno laboral cambiante y complejo. Hoy más que nunca, el principal activo de una firma de abogados es su capital humano.

 

(iii) Aprender a trabajar a distancia. No todas las firmas estaban listas para trabajar virtualmente. No todos los abogados son hábiles con la tecnología o saben conducir un webinar con fluidez. La comunicación virtual es relativamente sencilla y puede implementarse rápido, pero no equivale ni a mayor productividad ni a transformación digital. Tampoco determina cambios en la estrategia de negocio. Que un abogado aprenda a usar Zoom, Whereby o Crowdcast no se traduce en retención de clientes ni en captación de nuevos.

 

(iv) Los clientes son mucho más digitales que las firmas. Ya era así antes del covid-19, pero no todas las firmas se habían dado cuenta. Ahora bien: ser digitales no es saturar al cliente con información, campañas en redes, chats o webinars. Es transmitirle una cercanía de valor que se traduzca en eficiencia tecnológica, agilidad, claridad en la comunicación y comprensión detallada de las contingencias de su industria. En el caso de los clientes potenciales, significa diseñar estrategias de marketing segmentadas y alineadas con la oferta de servicios (tanto aquellos tradicionales como los surgidos a raíz del covid-19). Todo esto apoyado por acciones tácticas en redes sociales, marketing digital y una interacción proactiva que ofrezca contenidos pertinentes tanto en la web corporativa como en los medios de comunicación.

 

(v) Transformación digital, reingeniería de procesos, innovación y desarrollo de negocio. Actualmente, la metodología para facilitar la transformación digital se basa en herramientas como Agile, Design Thinking y el llamado Coaching Sistémico, que impulsa el rendimiento basado en la percepción de que las organizaciones son sistemas vivos e interconectados entre sí. En cuanto a los procesos de gestión y las herramientas tecnológicas aplicadas, se sabe que estaban a la vanguardia en el sector legal, incluso antes del covid-19. No se trata de inventar la rueda, sino de hacerla girar a la velocidad y dirección correctas. El gran desafío no está en la tecnología, que hoy demuestra quién está a la cabeza y quién rezagado, sino en los profundos cambios que su adopción implica para la cultura organizativa. Dichos cambios no se agotan simplemente con la formación de los abogados. Entrenar a las personas no es igual a transformarlas. Superar la brecha tecnológica requiere tiempo, constancia y mucha apertura mental en una profesión que suele resistirse al cambio.

 

Por otra parte, las decisiones en cuanto a transformación digital, modelos de gestión e innovación tecnológica demandan inversiones importantes y una asesoría especializada que involucra, pero también desborda el alcance de las tradicionales áreas de sistemas en las firmas. La reingeniería de procesos, por ejemplo, puede hacerse por áreas de práctica y también por funciones (gestión del conocimiento, talento humano, facturación, marketing y comunicación, etcétera), y debe planificarse de forma transversal según los objetivos, especialidades, hábitos y horas de trabajo diario de quienes conforman los equipos. Por esto mismo, no todas las herramientas propias del legaltech sirven para todas las firmas. Algunas, incluso, necesitarán soluciones no disponibles en el mercado hechas a su medida. Lo fascinante de la tecnología es que realmente puede ayudar a que los abogados simplifiquen muchas tareas y organicen mejor su tiempo productivo. Incluso, pueden prescindir de hacer ciertas labores con ayuda de aplicativos de automatización y modelización. Esto no quita, sin embargo, que no debamos plantearnos una reflexión ética sobre distintos aspectos que atañen a la gobernanza tecnológica, el derecho a la privacidad de los abogados que trabajan en casa y la confidencialidad que antes se aseguraban los clientes con reuniones presenciales a puerta cerrada, y que ahora, en tiempos de comunicaciones de crisis, se hace vulnerable por el uso constante de toda clase de plataformas y dispositivos.

 

Este aspecto ético del Derecho en un mundo poscovid-19 avivará el debate sobre si el rol de los abogados debería ser más estratégico y menos adversarial. Sobre qué es lo que de verdad hace ganador a un abogado. Porque a la luz de lo que estamos viendo hoy, de nada sirve una avalancha normativa encaminada a cuidar a las personas y salvar a las empresas, si el abogado no pone el máximo empeño en lograr que las partes se acerquen en función de hacerse mutuas concesiones, en vez de imponer a rajatabla el cumplimiento de obligaciones contractuales o alegar la fuerza mayor para evadirlas. Repensar el sentido del Derecho y la forma de ejercerlo -con o sin ayudas tecnológicas- debería ser un efecto deseable tras la pandemia. Y un estímulo importante para que el sector legal salga mucho más fortalecido de esta coyuntura.

 

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