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22 de Enero de 2022 /
Actualizado hace 21 horas | ISSN: 2805-6396

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¿Voto virtual o voto electrónico en Colombia? ¡Ahí está el dilema!

25 de Agosto de 2020

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Andrés Guzmán Caballero

Abogado experto en tecnología

Twitter: @andresguzm

 

No hay una semana en la que no existan grandes ataques de hackers en el mundo. Cada día, solo en Colombia -con sistemas de ransomware (secuestro de información)- extorsionan a más de 300 empresas. Ahora bien, en estos momentos en los que la virtualidad tomó más relevancia, los países comienzan a priorizar los temas de seguridad de la información, pero, ¿qué tan seguros son estos sistemas aplicados a los comicios?, ¿una sociedad como la colombiana está preparada para ello?

 

Nuestro ordenamiento jurídico incorporó esta figura a través de la Ley 892 del 2004, en la que señaló que debería estar funcionado antes del 2009. Obviamente, no pasó nada. El artículo 39 de la Ley 1475 del 2011 reiteró dicha orden, aunque esta norma, llena de buenas intenciones, dio los parámetros básicos para la implementación de un sistema de voto electrónico en el que se cambian las urnas electorales por terminales electrónicos. Hasta ahí todo bien.

 

El sistema funcionaría validando al ciudadano, él se acerca al terminal que lee los documentos de identidad, marca en una pantalla su voto y, aunque no es claro en esta norma, el sistema arrojaría un desprendible en papel, como sucede en las mejores prácticas a nivel mundial. Allí el ciudadano puede constatar que el sistema registró el voto por su candidato y lo deposita en una urna, para que, en caso de una elección muy cerrada, se pueda corroborar el voto.

 

EE UU es el país que, sin duda, tiene más experiencia con sistemas como este, en donde más de 45 millones de votantes lo usan. En ese caso, los expertos han determinado que si, además del registro electrónico, no hay una constancia física, es imposible determinar si existió manipulación o alguna irregularidad, más aún cuando la elección es muy reñida. Ahora bien, en Florida (EE UU), en las elecciones del año 2000, se marcó un hito en el desarrollo de los sistemas verificables físicamente. El sistema de conteo de las máquinas simplemente no funcionó y el responsable señaló que la única opción era dar de nuevo “enter” y ver qué pasaba. Finalmente, la Corte Suprema detuvo el recuento manual, concedió la votación de ese estado a George W. Bush y, con ello, llegó a la presidencia.

 

Lo más singular es que pese a la inversión de millones de dólares, de tecnología e, incluso, de desarrollos muy seguros, en el 2006, en las elecciones de Florida, las máquinas no registraron más de 18.000 votos. En Carolina del Norte (EE UU), una máquina sobrecargada perdió 4.500 votos, y si analizamos los casos de fraude electoral con voto electrónico de Venezuela, Argentina, El Congo y otros países africanos, podríamos escribir un libro.

 

La mejor opción

 

Después de este panorama, no hemos podido implementar si quiera una votación, un simple piloto con voto electrónico. Y ahora, por el momento de pandemia que vive el mundo, algunos senadores y en círculos electorales se está hablando de voto virtual, entendiendo por este un sistema, una aplicación o una página web en donde las personas ingresan, se autentican –me imagino que con su cédula de ciudadanía- más una verificación biométrica, es decir, su rostro o huellas, y en su casa ingresan el voto por el candidato de su preferencia. El sistema podría emitir un correo electrónico o algo parecido, pero, ¿dónde se recolectan y se revisan?, ¿cómo constatar que lo que llega al correo es lo mismo que se registra? ¿cómo corroborar que no votan los muertos, como suele suceder?

 

Esto sería algo lógico y comprensible, si se piensa que es mejor estar en casa y que las pantallas táctiles compartidas serían un foco de contagio del covid-19. Opino que nada más alejado de la verdad, pues se nos olvida que culturalmente el carrusel, la foto del celular con el voto, el niño campanero, la mesa gemela, el voto del muerto, la modificación del formulario E-14 y el “cambiazo” de las urnas con los votos, entre otros, son deportes nacionales el día de elecciones en Colombia. Estas se pueden ganar de muchas formas, pues, además, hoy no existen sistemas 100 % seguros.

 

A modo de ejemplo, y frente al riesgo de las pantallas, hay miles de cajeros automáticos en nuestro país y en el mundo -espero no dar ideas a nuestros gobernantes-, pero aún a nadie se le ocurre restringir su uso, incluso existen sistemas de desinfección. De otro lado, las elecciones podrían hacerse por regiones, sectores o en varios días, aunque es algo que debería analizarse muy bien. Recordemos que el presidente de EE UU, Donald Trump, aseguró que no reconocerá los resultados electorales de su reelección, ya que no confía en el sistema de voto por correo, pues votan muertos y hasta perros. Así, dejó claro que desconfía totalmente del sistema de correos. Ojalá este sistema no llegue aquí.

 

Finalmente, se puede concluir que el sistema de voto más seguro es el electrónico, con constancia impresa y urna, y muy atrás quedan sus contrincantes: el voto virtual y el voto puramente físico que normalmente conocemos, pues no brindan garantías, son fácilmente manipulables y no son técnicamente confiables. Esperamos que la Registraduría Nacional del Estado Civil, en cabeza de Alexander Vega, no nos decepcione. El registrador Vega es un hombre joven con visión, que conoce de temas electorales, ha tenido el tiempo para lograr analizar el contexto y, seguramente, por primera vez en Colombia, tendremos una elección con voto electrónico muy segura que nos dé tranquilidad y confianza. 

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