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03 de Octubre de 2022 /
Actualizado hace 4 minutos | ISSN: 2805-6396

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Curiosidades Y...


Casinos y suerte

26 de Julio de 2013

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Antonio Vélez

Antonio Vélez

Para desengaño de muchos aficionados a los casinos, la manera óptima de jugar consiste precisamente en no jugar. Pero si alguien insiste en apostar, lo mejor será hacerlo pocas veces, pues las pérdidas se consolidan y aumentan, de acuerdo con la inexorable ley de los grandes números, a medida que lo hace la cantidad de veces que se apueste. Si alguien lo duda, pregunte de dónde sacan sus millonarias ganancias los casinos, o averigüe de qué magnitud es la fortuna de cualquiera de sus dueños. Y ¿quiénes cree usted que son los que al fin de cuentas pagan todas esas luces en Las Vegas?, preguntaba un preguntón. Por eso dicen que el juego de azar es, ante todo, otra manera de transferir dinero a las cuentas de los ricos.

 

No obstante las bien comprobadas ventajas del casino, avaladas por décadas de existencia solvente, no han faltado optimistas que se han rebuscado entre las matemáticas recursos honestos para ganar. En los alrededores del casino de Montecarlo se han ofrecido a veces manuales para hacerse millonario con el juego, lo que despierta dudas, pues es sospechoso que se vendan, por unos pocos euros, secretos de tan altos réditos; y más sospechoso aún, que los profesores de estadística y probabilidades tengan que vivir de sus modestos salarios.

 

Sin embargo, existen leyendas de hombres que encontraron estrategias para remontar las probabilidades en contra, como fue el caso del matemático norteamericano Edward O. Thorp, quien, según relatan, logró desarrollar un método perfecto para ganar en la veintiuna, o black jack. Durante su permanencia en el MIT como profesor, Thorp viajaba los fines de semana a Las Vegas con su amigo Claude Shanon, padre de la teoría de la información. En 1961, los dos profesionales programaron un computador para simular el juego y hallar una manera de sacarle ventajas honestas al casino. Más tarde, y  a partir de sus experiencias, Thorp publicó su primer libro, Cómo vencer al crupier. Es fácil entender que si un jugador de veintiuna recuerda en todo momento las cartas que han sido repartidas, conoce las que faltan y así podrá mejorar sus decisiones sobre cuánto debe apostar y si pide cartas o planta. La técnica propuesta por Thorp aspiraba a convertir una ventaja del 5 % a favor del casino a un 1 % a favor del jugador. Aspiración imposible de lograr, salvo que los dueños de los casinos fuesen los santos inocentes. Y no lo eran; además, también poseían copias del libro de Thorp.

 

Como consecuencia de la lucha entre predador y presa, es decir, entre lobos y ovejas, los casinos, esto es, los lobos, evolucionaron: cambiaron algunas reglas del juego, entre ellas, la cantidad de barajas en juego para la veintiuna: cuatro en vez de una. El sueño de riqueza se esfumó. Más aún, como rutina diaria, ahora todas las ruletas se balancean con cuidado y se trasladan a menudo a otras mesas para confundir a los jugadores especializados en la estadística. Reconozcamos que esto es un poco exagerado pues las reglas de los juegos han sino establecidas consultando expertos en probabilidad, pero el casino considera insensato dejar pequeñas grietas en su sistema: existe siempre el peligro de generar resultados sesgados, y no faltará el “vivo” que saque provecho de tales debilidades.

 

No obstante, el negocio grande de Thorp fueron sus libros para esquilmar ovejas: Derrote el mercado (un sistema infalible para invertir en la bolsa), El juego: guía revisada para la veintiuna, Elementos de probabilidades y Matemáticas del juego.

 

Podría ser verdad que en alguna ocasión haya funcionado una estrategia particular, más por inexperiencia de un croupier que por deficiencias en las reglas de los juegos. El simple sentido común, y las estadísticas lo confirman, nos dice que si en las reglas del juego, siempre a favor de la banca, existiesen debilidades, ya los casinos hubiesen desaparecido ante la voracidad e ingenio de los jugadores profesionales.

 

 

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