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El futuro energético también se escribe en plural

El sector minero energético colombiano está cambiando, y está cambiando de la mano de las mujeres.

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El futuro energético también se escribe en plural

09 de Marzo de 2026

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Sandra Manrique
Sandra Manrique
Socia del área de Energía, Minería y Recursos Naturales

Philippi Prietocarrizosa Ferrero DU & Uría (PPU)

El Día Internacional de la Mujer invita a reflexionar sobre los avances y desafíos que enfrentan las mujeres en la profesión legal. Pero esta fecha adquiere un sentido aún más profundo cuando se observa lo que ha ocurrido en el sector minero‑energético: un espacio históricamente técnico, especializado, masculinizado y reservado para perfiles con trayectoria en operación, ingeniería o regulación económica.

Durante décadas, este sector fue considerado terreno reservado para ciertos tipos de conocimiento, liderazgo y perfiles profesionales. Hoy, esta realidad está cambiando. Y está cambiando precisamente porque las mujeres abogadas, comerciales, analistas regulatorias, negociadoras, especialistas en mercados de energía y profesionales del relacionamiento territorial– están transformando la forma en que opera una de las industrias más estratégicas para el país.

Su participación no es resultado de concesiones ni de medidas temporales. Es consecuencia del mérito, la preparación y la capacidad de dominar un sector que exige comprender simultáneamente el mercado, la regulación, la operación, los riesgos y los desafíos de la transición energética. En un entorno donde las decisiones jurídicas impactan la seguridad energética, la confiabilidad de los sistemas, la relación con los territorios, el acceso a mercados y el cumplimiento normativo, la presencia femenina no solo es necesaria: es indispensable.

En los últimos años, las abogadas que trabajan en el ámbito minero‑energético han roto un patrón histórico. Ya no ocupan únicamente roles de soporte normativo: hoy son protagonistas en negociaciones de infraestructura, estructuración de contratos de suministro y transporte, análisis de riesgos regulatorios, representación empresarial ante autoridades, diseño de estrategias de transición energética y dirección de equipos multidisciplinarios. Han demostrado que la visión jurídica es esencial en un sector donde las decisiones son cada vez más complejas, más interdependientes y más visibles para la opinión pública.

El avance femenino en esta industria no es casual. Las mujeres han demostrado una capacidad sobresaliente para interpretar los mercados energéticos, entender los incentivos que mueven a los actores, anticipar escenarios regulatorios y gestionar proyectos que integran ingeniería, economía, sostenibilidad y relaciones institucionales. Además, su presencia ha enriquecido la cultura organizacional del sector.

En ambientes antes marcados por lógicas de liderazgo vertical y operativo, las mujeres han promovido enfoques más colaborativos, preventivos y orientados al diálogo. En un sector que históricamente resolvía tensiones desde la lógica técnica, las abogadas y las comerciales han demostrado que el entendimiento social, regulatorio y del negocio es tan importante como la capacidad de análisis técnico. La industria lo reconoce: equipos diversos toman mejores decisiones, minimizan riesgos, reducen conflictos y anticipan con mayor claridad los impactos de largo plazo.

Aun así, persisten desafíos. En muchos espacios del sector energético, la presencia femenina sigue siendo reducida. Aunque ha habido avances, todavía es común que las mujeres sean minoría en comités técnicos, juntas directivas, operaciones de campo, supervisión de infraestructura o mesas donde realmente se definen las reglas del mercado. Persisten sesgos que no deberían existir: dudas sobre su conocimiento técnico, expectativas de liderazgos “más suaves” o reacciones de sorpresa ante su autoridad en un entorno tradicionalmente masculino. Como ha planteado Sheryl Sandberg, el reto no es solo llegar a los espacios de decisión, sino poder participar plenamente sin cargar con un doble estándar.

A pesar de estos obstáculos, las mujeres están ocupando cada vez más posiciones estratégicas. Lo están haciendo porque dominan el lenguaje del sector, comprenden sus dinámicas internas y tienen la capacidad de conectar lo jurídico con lo técnico y lo comercial. Son valoradas por su conocimiento, pero también por aportar estabilidad en momentos de incertidumbre y claridad en momentos de presión. Esto tiene implicaciones profundas para la industria y para el país: amplía la visión de futuro de un sector que necesita responder a retos de complejidad creciente.

La transición energética, por ejemplo, exige revisar cómo se evalúan proyectos, cómo se integran nuevas tecnologías, cómo se gestionan impactos ambientales y sociales, cómo se concilian tensiones territoriales y cómo se diseña un camino ordenado hacia la descarbonización sin comprometer la confiabilidad del sistema. En este escenario las mujeres están demostrando liderazgo técnico y jurídico sólido. Su presencia aporta sensibilidad frente a impactos diferenciados, capacidad de análisis sistémico y criterios de sostenibilidad que complementan –y en muchos casos fortalecen– la racionalidad técnica tradicional.

El panorama es claro: el sector minero‑energético colombiano está cambiando, y está cambiando de la mano de las mujeres. Su aporte no es accesorio ni simbólico: es estructural. Allí donde las mujeres participan, los procesos son más completos; donde lideran, la gestión del riesgo mejora; donde negocian, los acuerdos son más estables; donde analizan, la regulación se entiende con mayor profundidad; donde opinan, la transición energética se vuelve más razonada.

En este Día Internacional de la Mujer, vale reconocer que las mujeres no están llegando al sector minero-energético para llenar un espacio, sino para transformarlo. Su liderazgo ya es esencial para la confiabilidad del sistema, la sostenibilidad de los proyectos y la forma en que el país avanza hacia una transición energética justa. Y algo se ha hecho evidente en los últimos años: donde hay mujeres, el mundo es más inclusivo. En el ámbito jurídico y comercial del sector minero‑energético, su presencia no solo mejora la calidad de las decisiones, sino que impulsa un futuro más responsable, competitivo e inclusivo.

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