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¿Qué hay más allá del desarrollo sostenible?

La invitación a considerar las especiales condiciones sociales, económicas, políticas y ambientales en las que nos encontramos.

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Juliana-Zuluaga

04 de Junio de 2026

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Juliana Zuluaga Madrid
LL. M. en Derecho Ambiental y Energético y Ph. D. de la Universidad KU Leuven de Bélgica

La idea del desarrollo sostenible, como un modelo de progreso que garantiza la satisfacción de las necesidades de las presentes generaciones sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer sus propias necesidades, se popularizó en los años noventa, impulsada particularmente en la Cumbre de la Tierra celebrada en Rio de Janeiro en 1992.

Desde entonces, el concepto ha dado lugar a un marco teórico que busca reconciliar tres pilares: crecimiento económico, desarrollo social y protección ambiental. La Constitución adopta formalmente este modelo como paradigma de desarrollo para Colombia en el artículo 80.

A nivel internacional, en el año 2015, la Asamblea General de la ONU aprobó los Objetivos de Desarrollo Sostenible, 17 grandes objetivos orientados a acabar la pobreza, asegurar paz y prosperidad para todas las naciones y proteger los recursos naturales. Hoy en día, este es el marco global de la sostenibilidad, al cual buscan alinearse los esfuerzos de comunidades, organizaciones y gobiernos que propenden por mejorar las condiciones de vida en su entorno.

Sin embargo, el desarrollo sostenible como paradigma de progreso y como principio teórico parece hoy insuficiente ante la magnitud y complejidad de los retos de desarrollo global. Al haber sido concebido en un momento histórico de optimismo económico, al inicio de una revolución tecnológica y en época de relativa paz y estabilidad política, sus premisas parecen ingenuas y se quedan cortas ante la inmensidad de los retos que nos aquejan, desde los efectos del cambio climático hasta la demanda de recursos naturales de la inteligencia artificial y el resquebrajamiento de la cooperación internacional.

¿Qué hay entonces más allá del desarrollo sostenible? Como modelos de desarrollo podemos mencionar la teoría del decrecimiento económico (degrowth o post-growth), la cual propone la disminución de la producción y el consumo para reducir la presión sobre los recursos naturales (pensada, sobre todo, para países industrializados y ricos); la economía regenerativa, que pretende no solo disminuir la presión sobre los recursos naturales y la producción de desechos, sino promover negocios e industrias que con sus métodos ayuden a recuperar la riqueza natural y las economías locales, y la economía en forma de “dona”, que propone un punto medio entre la satisfacción de las necesidades mínimas de seguridad, comodidad y acceso para todas las personas y los límites planetarios y de recursos disponibles.

Dentro de estos modelos se encuentra también la economía del bienestar (wellbeing economy), la cual prioriza no la producción de bienes materiales o el aumento de la riqueza como un fin en sí mismo, sino las condiciones que mejoran la calidad de vida de las personas, incluyendo la salud mental, el balance entre trabajo y tiempo libre, y la vida en comunidad, adoptado oficialmente en países como Nueva Zelanda y Finlandia.

Al repensar la pregunta del modelo de desarrollo ideal para Colombia, la invitación no es solamente a mirar estos enfoques alternativos, sino a considerar las especiales condiciones sociales, económicas, políticas y ambientales en las que nos encontramos.

Colombia tiene una riqueza natural incomparable, ha sido bendecida con un gran potencial para producir energías renovables (hídrica, eólica y solar) y recursos naturales no renovables (petróleo, gas y carbón); tiene aún una democracia sólida, instituciones más o menos legítimas y una fuerte cultura de emprendimiento, innovación y ética en el trabajo.

Para Colombia, más allá del desarrollo sostenible, debe haber un modelo que permita seguir creciendo, mejorar las condiciones de vida de los habitantes y fortalecer las instituciones, a la vez que protege los ecosistemas naturales estratégicos y promueve los negocios e industrias que demuestren su capacidad de regeneración y sostenibilidad en el tiempo. Dejando a un lado las ideologías, el uso estratégico de incentivos económicos puede ayudar a evitar el desastre ecológico y asegurar una mejor calidad de vida para todos. Lástima que no esté de moda escuchar a los economistas.  

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