Análisis: Nómadas digitales en Latinoamérica
Hoy, más de 46 jurisdicciones cuentan con visas o permisos específicos para nómadas digitales, y cerca del 29 % de estos programas se encuentran en el continente americano.Openx [71](300x120)
25 de Febrero de 2026

Jonathan Valencia
Director Ejecutivo de Servicios Migratorios de EY Latam
Contacto: Jonathan.valencia@co.ey.com
Los temas migratorios están hoy en el centro de la agenda global, y este puede ser un buen momento para que los gobiernos de Latinoamérica reconozcan con mayor claridad los beneficios de la migración laboral. Este tipo de movilidad genera impactos económicos positivos, impulsa la transferencia de conocimiento y estimula la innovación. Además, algunos países de la región atraviesan reformas relevantes, como los esfuerzos recientes por regular el trabajo transnacional en Colombia.
En los últimos años, he visto cómo América Latina pasó de ser una región observada con cautela por los trabajadores remotos a convertirse en un territorio cada vez más competitivo y atractivo para quienes desean vivir y producir desde distintos lugares del mundo. La tendencia hacia el trabajo deslocalizado no es reciente, pero sí se ha acelerado: hoy más de 46 jurisdicciones cuentan con visas o permisos específicos para nómadas digitales, y cerca del 29 % de estos programas se encuentran en el continente americano. Esta expansión refleja un cambio profundo en las políticas migratorias y abre una oportunidad estratégica para los países latinoamericanos interesados en atraer talento, dinamizar sus economías y posicionarse mejor en el mapa global de la innovación.
En este contexto, varios países de la región han avanzado con marcos migratorios que responden a las necesidades de los trabajadores remotos. Colombia, por ejemplo, introdujo en 2022 una visa de trabajo remoto con vigencia inicial de dos años, renovable, con tiempos de aprobación relativamente cortos y la posibilidad de incluir dependientes. Esta flexibilidad, sumada a factores como la conectividad, el clima, la oferta cultural y el costo de vida competitivo, ha fortalecido el atractivo del país como destino para nómadas digitales.
Costa Rica siguió un camino similar con la creación de su visa para nómadas digitales también en 2022. Ofrece una estancia inicial de un año, renovable, y permite el ingreso de dependientes, aunque los tiempos de procesamiento pueden ser más largos. Ecuador, por su parte, diseñó un modelo sólido con permisos de hasta dos años y la posibilidad de optar por residencia permanente al cumplir ciertos requisitos de permanencia, lo que amplía significativamente el horizonte para quienes buscan establecerse más allá de una estadía temporal. Uruguay, Guatemala, Argentina y Brasil también han implementado programas que, con diferentes niveles de flexibilidad y requisitos, contribuyen a posicionar a la región como un ecosistema apto para el trabajo remoto.
Este avance ocurre en paralelo a un contexto internacional donde las personas valoran cada vez más la libertad de elegir dónde vivir y trabajar. En este sentido, muchos países latinoamericanos han comprendido que atraer nómadas digitales requiere más que simplificar trámites: implica construir entornos seguros, conectados, culturalmente enriquecedores y fiscalmente transparentes. Las guías tributarias y migratorias internacionales muestran, además, que la región mantiene una oferta heterogénea, desde regímenes fiscales progresivos hasta sistemas más simples que buscan facilitar la llegada de extranjeros sin cargas administrativas desproporcionadas.
No obstante, subsisten desafíos importantes. El primero tiene que ver con la claridad normativa. La falta de armonización entre criterios tributarios y migratorios puede generar incertidumbre para los trabajadores remotos. Algunos países ofrecen reglas claras y orientadas al usuario, mientras que otros aún deben avanzar en procesos de articulación institucional. La oportunidad está en aprender de las buenas prácticas, tanto dentro como fuera del continente, para mejorar la seguridad jurídica y la competitividad.
El segundo desafío es la infraestructura. Aunque muchas capitales y ciudades intermedias han mejorado en conectividad digital, acceso estable a internet, movilidad y seguridad, todavía existen brechas que influyen en la decisión de instalarse en un lugar de manera temporal o permanente. Sin embargo, estas limitaciones también representan un espacio para el fortalecimiento de políticas públicas y para el desarrollo de nuevos proyectos que eleven el estándar regional y hagan de América Latina un destino más competitivo frente a otras regiones del mundo.
A pesar de ello, la oportunidad para la región es enorme. El talento global no solo contribuye con gasto local, sino que también trae nuevas redes, proyectos y formas de trabajo. La presencia de nómadas digitales puede dinamizar economías que dependen del turismo estacional y generar ingresos más estables, además de promover discusiones urgentes sobre ciudades inteligentes, conectividad, innovación y productividad.
Estoy convencido de que Latinoamérica tiene las condiciones para consolidarse como un destino privilegiado para los trabajadores remotos. La combinación de políticas migratorias más flexibles, diversidad cultural, calidad de vida y un mercado laboral en transformación le otorgan una ventaja significativa. Para aprovechar plenamente esta oportunidad, será fundamental simplificar procesos, fortalecer la infraestructura y promover narrativas que muestren a la región no solo como un destino turístico, sino como un lugar donde es posible vivir, trabajar y crear de manera sostenible.
En síntesis, estamos frente a un momento decisivo. Si la región continúa avanzando, podrá atraer no solo visitantes temporales, sino también talento dispuesto a impulsar ciudades más innovadoras, economías más digitalizadas y sociedades más conectadas con el mundo.
A continuación, presento la clasificación tipo semáforo de los países de Latinoamérica y sus facilidades migratorias para nómadas digitales.
Programas formales y operativos:
Guatemala, Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador, Brasil, Uruguay y Argentina.
Programas anunciados o reglas indirectas:
México, Perú y Bolivia.
Sin programas para nómadas digitales:
El Salvador, Honduras, Nicaragua, Cuba, República Dominicana, Venezuela, Paraguay y Chile.
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