La normalización de la desviación
Quizás la manera de evitar que la desviación siga normalizándose en nuestro país consiste en dejar de admirar al que obtiene ventajas incumpliendo las reglas.
09 de Junio de 2026
Natalia Tobón Franco
Abogada de la Universidad de los Andes, con maestría en propiedad intelectual en Franklin Pierce Law Center
En enero de 1986, el transbordador espacial Challenger explotó apenas 73 segundos después del despegue. Murieron sus siete tripulantes ante la mirada de millones de personas que seguían la transmisión en vivo. Durante años, ingenieros, abogados y todo tipo de estudiosos se preguntaron cómo una organización tan prestigiosa como la Nasa pudo autorizar un lanzamiento que terminó en desastre.
La socióloga estadounidense Diane Vaughan estudió miles de documentos que registraban las reuniones y discusiones que se llevaron a cabo en la Nasa antes de la tragedia y en 1996 publicó el libro The Challenger Launch Decision, que se hizo famoso por desarrollar la tesis de la “normalización de la desviación”, según la cual las grandes crisis y tragedias no son fruto de graves errores que se cometen de un momento a otro, sino de la suma de pequeñas decisiones equivocadas.
En efecto, durante lanzamientos anteriores a la tragedia, los ingenieros habían observado que unos anillos llamados O-rings, encargados de sellar las uniones para impedir el escape de gases calientes, presentaban quemaduras y erosiones. Cada nuevo incidente generaba preocupación e informes, pero como las misiones llegaban a buen término, esta señal que inicialmente se vio como una alerta comenzó a percibirse con el tiempo como una condición aceptable de funcionamiento. Si el daño aparecía y el transbordador aterrizaba sin problemas, la conclusión práctica era que el sistema podía tolerarlo.
La noche anterior al lanzamiento del Challenger varios ingenieros expresaron preocupación por las bajas temperaturas previstas para la mañana siguiente. Existían razones técnicas para pensar que el frío reduciría la elasticidad de los anillos y afectaría su capacidad de sellado. A pesar de ello, la misión recibió autorización, porque había que cumplir ciertas metas y plazos, pero ocurrió el accidente.
¿Cómo se produce la “normalización de la desviación”? Vaughan explica en el libro que la mayoría de las veces sigue el siguiente proceso. Una anomalía aparece, se estudia, se discute y produce inquietud, pero como los efectos nocivos no se producen de inmediato, la anomalía se vuelve rutina.
Pues bien, a mí esta teoría de la “normalización de la desviación” me parece especialmente útil para explicar lo que ocurre en sociedades como Colombia, donde el incumplimiento de las reglas es rutinario. El profesor colombiano Mauricio García Villegas, en sus libros El orden de la libertad y Normas de papel, sostiene que la cultura colombiana del incumplimiento tiene múltiples causas. Cita, por ejemplo, la costumbre que tenemos de evaluar los costos y beneficios de violar la ley para decidir si obedecemos. Cuando la probabilidad de sanción es reducida, la infracción empieza a parecer una apuesta razonable.
Además, para García Villegas, la confianza en las instituciones es otro factor. Una norma pierde fuerza cuando quienes la expiden son percibidos como lejanos, arbitrarios o incapaces de cumplir las exigencias que imponen.
Por otro lado, Carlos Santiago Nino, un abogado argentino, sostuvo hace unas décadas que en la mayoría de los países de América Latina ocurría un fenómeno semejante. En su obra Un país al margen de la ley explicó que por estos lares durante siglos se han acumulado normas ambiciosas cuya aplicación efectiva es escasa.
Muchas personas hemos crecido e incluso estudiado Derecho en nuestro país viendo que muchas reglas existen en el papel, pero no se aplican. Para no ir más lejos, los contratistas de obras públicas incumplen plazos sin mayores consecuencias, los políticos participan en política y no pasa nada, los gobernantes se vuelan la regla fiscal y a nadie le importa.
Si uno mira cada episodio de manera aislada, puede creer que se trata de un mal menor y, poco a poco, va normalizando la desviación. Sin embargo, la lección del Challenger debería servirnos para entender que las tragedias no surgen de actos aislados ni son culpa de una sola persona. Ocurren después de una larga acumulación de decisiones equivocadas tomadas bajo presión que se van normalizando.
Quizás la manera de evitar que la desviación siga normalizándose en nuestro país consiste en dejar de admirar al que obtiene ventajas incumpliendo las reglas, tomarnos las instituciones más en serio y dejar de justificar cada incumplimiento. ¿Qué más estamos dispuestos a aceptar como normal?
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