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A la edad de 101 años, este 17 de mayo, dejó de existir en Bogotá el maestro Carlos Restrepo Piedrahita, estudioso y sabio del Derecho Constitucional, formador de generaciones, servidor público y luchador de la libertad. (Lea: Alejandro Martínez Caballero, el arquitecto de consensos en la Corte Constitucional)

 

Con estas palabras póstumas, la Universidad Externado de Colombia rindió tributo a la figura de este destacado jurista. Así mismo, el Consejo de Estado lamentó  la pérdida de quien fuera considerado el más importante exponente de la historia del constitucionalismo colombiano.

 

ÁMBITO JURÍDICO recuerda el perfil elaborado hace unos años sobre uno de los externadistas más queridos y apreciados y ofrece condolencias a sus familiares, amigos y alumnos.

 

Carlos Restrepo Piedrahita

Maestro del derecho constitucional

 

Por Diana Saray Giraldo Mesa

Exdirectora de Ámbito Jurídico

 

De pie, con los brazos abiertos y el bastón colgado en la mitad de su brazo izquierdo, Carlos Restrepo Piedrahita, erguido a pesar de sus 90 años, gritó al auditorio con su voz pastosa:

 

–“¡Que viva la Universidad Externado de Colombia!”.

–¡Que viva!

–“¡Que viva la Corte Constitucional!”.

–¡Que viva!

–“¡Que siga viviendo yo!”.      

   

Con  una  carcajada, el  auditorio,  repleto  de  magistrados, ex ministros, ex fiscales, candidatos a la Presidencia y estudiantes de Derecho, se puso de pie y ovacionó sin cesar.

 

Detrás de Restrepo, algunos magistrados de la Corte Constitucional y los ex presidentes Alfonso López Michelsen y César Gaviria Trujillo, también de pie, aplaudieron a quien es considerado el más importante maestro del Derecho Constitucional en Colombia. Era el 6 de abril del 2006, al medio día.

 

Pero la historia de Carlos Restrepo Piedrahita comienza el 6 de abril de 1916, en Manizales (Caldas), lejos del reconocimiento y el aplauso y muy cerca de la pobreza.

 

El mayor de seis hermanos, Restrepo Piedrahita tuvo su infancia en el campo, donde su padre, un obrero de mina, con trabajo, logró tener dos haciendas, ganado, una casa propia y cuatro más de dos pisos. Pero la crisis económica de los años 30 llegó hasta Colombia, y Restrepo, con 12 años, vio cómo la fortuna de su padre desaparecía y le cedía su lugar a la miseria. Huyendo de la pobreza, su padre también desapareció.

 

De pronto, llegó una carta desde Ipiales donde el papá pedía que fueran a buscarlo. El viaje duró cuatro días, en pésimas condiciones, sin nada que comer y con los pies cubiertos por alpargatas.

 

Con su corbatín perfectamente centrado y su pelo peinado hacia atrás, cuesta pensar que las uñas impecables de Restrepo Piedrahita pudieron alguna vez guardar la suciedad de la miseria. Su ceño fruncido sobre su nariz de flecha, propio de un caballero inglés, contrasta con los muchos días en los que supo qué era tener hambre.

 

En Ipiales, su papá trató de salir adelante con una peluquería. “La miseria que pasamos fue una cosa atroz, terrible. A veces no había con qué almorzar, porque no llegaban clientes”.

 

Carlos Restrepo Piedrahita jamás aprendió a cortar un solo pelo. Estaba empeñado en terminar sus estudios y algo del talento de su padre, que a veces escribía versos y se refugiaba en su pequeña biblioteca de 40 libros, empezaba colarse en su carácter.

 

La escuela de Ipiales solo tenía hasta cuarto año de bachillerato. “Yo debía escoger si irme a Pasto a un colegio de la comunidad de los Jesuitas o a Quito, donde mi padre sabía que había un colegio muy bueno. Preferí Ecuador”.

 

Ecuador: un pequeño cielo

 

Carlos Restrepo Piedrahita, el más importante pensador del derecho constitucional en Colombia (UExternado)

 

El Instituto Nacional Mejía, en Quito, fue el colegio elegido por Restrepo Piedrahita para cursar cuarto, quinto y sexto año de bachillerato y el lugar que identifica, con una evidente emoción, como el origen de su amor por la literatura y de su pensamiento liberal, siempre revolucionario para su época.

 

“Vino una festividad, el cuarto centenario de la fundación de la ciudad, y en nuestro colegio abrieron un concurso: un poema a Quito. Participé, y el día de la premiación, hubo un acto con presencia del presidente del Ecuador”. Todo listo para anunciar al ganador, Carlos escuchó: “y está también presente el excelentísimo Embajador de la República de Colombia”.

 

Piedrahita enmudeció, pues no tenía documentos para permanecer en Ecuador. El miedo se hizo mayor, cuando anunciaron al ganador: Carlos Restrepo Piedrahita: “Pensé que el Embajador podría ser un agente de policía, que me iba a preguntar por el pasaporte y los papeles de identificación”.

 

Vinieron los aplausos y una enciclopedia de historia del Ecuador en cinco volúmenes como premio. El Embajador, lejos de tomarlo preso, le ofreció su ayuda. Restrepo le dijo que le gustaría tener trabajo, pero era muy difícil. “El embajador sacó una libretita y empezó a escribir y me dijo ‘toma Restrepo’... era un cheque con 200 sucres, eso eran como 200 millones para mí. Ese fue uno de mis mejores momentos en Ecuador. Así fue mi vida allá”, en esa ciudad que Restrepo llama “un pequeño cielo”.

 

Un ingeniero de ferrocarriles y carreteras

 

Al terminar el bachillerato, con un desempeño superior en matemáticas, Carlos Restrepo quiso ser ingeniero de ferrocarriles. Aunque no descarta que su experiencia de llegar a Ipiales a pie haya influenciado su decisión, cree que su anhelo venía desde antes, cuando vivía en Manizales. “Vi a un ingeniero que estaba dirigiendo un tramo de una vía y le pregunté cómo se llamaba esa profesión. ‘De construcción de carreteras y de vías de comunicación férrea’, me dijo. Y me llamó la atención”.

 

Con el cartón de bachiller, Restrepo regresó al Quindío a buscar trabajo. Una tía le consiguió puesto de maestro en una escuela de Calarcá. El nuevo profesor explicó a sus alumnos el origen del hombre, basado en la teoría de la evolución y sin que en su discurso aparecieran ni Adán, ni Eva, ni la Creación. Escandalizados, los demás profesores lo acusaron ante el rector y lo tildaron de comunista. Carlos fue expulsado y se quedó sin empleo.

 

Pero Restrepo quería viajar a Bogotá y estudiar su ingeniería de ferrocarriles. Ante la insistencia, un grupo de amigos le consiguió el pasaje. A pesar del esfuerzo, Restrepo no fue recibido en la facultad de ingeniería y tampoco consiguió trabajo. “Una de las cosas tristes que me pasaron, como dormir dos noches en la calle, fue que una vez estaba cayendo un aguacero terrible y yo buscaba dónde guarecerme.

 

Tenía unos botines bastante viejos y cuando iba por la calle 11 con carrera séptima, de norte a sur, di un salto sobre una corriente de agua lluvia y caí en uno de los zapatos. Se me rompió”. Sin trabajo, sin estudio y sin zapatos, Restrepo volvió a pedirles ayuda a sus amigos para regresar a su tierra.

 

En Armenia, fue el alcalde quien le dio la mano. Con el puesto de escribiente de inspección  de policía, Restrepo se acercó por primera vez al Derecho.

 

Una de sus funciones, además de llevar el control de sanidad de las prostitutas, era recibir las denuncias de los habitantes. Un día, una señora llegó a acusar a su vecina, por haberle robado una gallina. Restrepo tomó la denuncia, citó a los testigos, practicó las pruebas y cuando estuvo listo el proceso, el inspector le dijo “hágale la sentencia”. 

 

“¡Me escribí una sentencia tremenda!”, cuenta Restrepo, “Tenía ya alguna habilidad de escritor y los recursos idiomáticos para hacerlo. Hice el proyecto y el inspector me felicitó”. Las dos damas llegaron, Restrepo leyó el fallo y condenó a la ladrona a restituir la gallina. Quince días después, el periódico La Patria de Manizales, en la página editorial, reseñó la decisión. Uno de sus párrafos decía, tal como él lo recuerda, “inspector, renuncie a ese cargo infeliz que tiene, porque usted es escritor. Dedíquese a la literatura, porque tiene gran porvenir”.

 

Restrepo intentó de nuevo en Bogotá y se matriculó en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional. Era 1941. En su primer año, conoció al responsable de su pasión por el derecho constitucional: su profesor Alfonso López Michelsen. En segundo año, se cambió a la Universidad Externado de Colombia, su casa hasta hoy.

 

Ahí también empezó su vida como activista del Liberalismo, seguidor de Gaitán, subdirector de El liberal y defensor de las ideas liberales. Al finalizar el quinto año de Derecho, en octubre de 1945, Restrepo quería irse a Francia a especializarse en derecho administrativo. Dos representantes caldenses a la Cámara y su prestigio de liberal de izquierda le sirvieron para ser nombrado consejero económico en la Unión Soviética.

 

El resto es historia: aprendió latín, griego, inglés, francés, alemán, italiano y ruso; fue senador; embajador en Alemania, en Italia, ante la Asamblea General de la ONU, conjuez de la Corte Suprema de Justicia, del Consejo de Estado y de la Corte Constitucional; Consejero de Estado; Consejero Presidencial para Asuntos Constitucionales, magistrado de la Corte Electoral y miembro de la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya. Ha escrito más de 20 títulos, principalmente de derecho constitucional, y cientos de artículos, crónicas periodísticas, editoriales de periódicos nacionales e internacionales, poemas, ensayos, discursos, homenajes y traducciones.

 

Desde 1960, insistió en la creación de una Corte Constitucional, para la defensa de las libertades individuales. Aunque muchos lo señalan como el padre de la Constitución del 91, él nunca ha querido reclamar su paternidad.

 

El instituto de estudios constitucionales

Carlos Restrepo Piedrahita, el más importante pensador del derecho constitucional en Colombia (UExternado)

 

En más de 70 años de estudiar el Derecho, Restrepo Piedrahita reunió más de 22.000 libros de diversos países e idiomas, que en 1988 donó a la Universidad Externado. Con estos volúmenes, la universidad creó el Instituto de Estudios Constitucionales Carlos Restrepo Piedrahita, donde habita cada pedazo de lo que él es: sus libros, sus menciones, sus medallas, sus fotos con toda la historia del poder en Colombia, su colección de más de 50 búhos, sus 1.150 discos de música clásica y los cientos de cartas, documentos y felicitaciones que durante décadas ha recibido de dignatarios, extranjeros y nacionales.

 

Con los años, Restrepo ha dejado de ir al centro de estudios. Sin embargo, está pendiente de todo lo que en él sucede y llama casi a diario, para que le lleven un libro. Pero el tiempo le ha jugado una mala pasada. Poco a poco, sus ojos se han ido cerrando y la ceguera ronda sus lecturas. Con un aparato especial, Restrepo le ha hecho el quite a la penumbra y ha logrado seguir viviendo entre sus libros. No podría vivir sin ellos. Cuando estuvo hospitalizado, llamaba a la directora de su biblioteca y le pedía que buscara alguna obra y le leyera apartes por teléfono.

 

Hoy, Restrepo Piedrahita sigue viajando, una vez al año, por todo el mundo, buscando los mejores títulos de Derecho para traer a Colombia.

 

Definido por quienes trabajan a su lado como un roble, un hombre exigente y estricto, Carlos Restrepo Piedrahita es para juristas, intelectuales y cualquiera que haya tocado el camino del Derecho, el más importante pensador del derecho constitucional y uno de los padres del constitucionalismo en Colombia. Él lo sabe. Por eso camina erguido entre todos los que de pie lo aplauden y lo ven abandonar el escenario.