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Salomón Kalmanovitz

Economista e historiador

 

Hacia el 2040, todos los carros que se vendan en Francia e Inglaterra deberán ser propulsados por motores eléctricos. Algo similar, quizás menos drástico, se impondrá en otras partes del mundo, con lo cual se estará dando por terminada una fase en la cual el motor de combustión interna fue la tecnología dominante en la industria automotriz.

 

Los carros eléctricos son más simples y tienen menos componente que los propulsados por motores de combustión interna. Según la revista The Economist, la nueva tecnología se asemeja a computadores sobre ruedas que requieren menos trabajadores para ensamblar los vehículos y sistemas más simples provistos por fabricantes especializados de partes. Los costos de reparación y de las autopartes también se irán al piso, liquidando la rama de la mecánica automotriz. Los fabricantes de vehículos que no se hagan a la nueva tecnología verán reducida su demanda y seguramente quebrarán, en la medida en que los costos de las baterías de litio se reducen y aumenta la eficiencia de las recargas.

 

Desde que Henry Ford introdujo la línea continua de producción que abarató enormemente su modelo T y lo hizo accesible a las clases medias y eventualmente a los trabajadores, la organización espacial de los países desarrollados cambió radicalmente. Se hicieron inversiones cuantiosas en autopistas que dieron lugar a los suburbios y a los conjuntos cerrados en las afueras de las ciudades, junto con centros comerciales, restaurantes y cines, a los que accedían los clientes con sus vehículos. En EE UU, el 85 % de los trabajadores salen a trabajar en sus carros. Su fabricación también fue un generador de desarrollo económico y sinónimo de la expansión de las clases medias, algo que se movió de EE UU hacia México y se repitió en Europa y ahora lo está haciendo en China, Turquía y en India.

 

Otros cambios en la organización misma de la industria como los servicios por aplicaciones y los carros autopropulsados también contribuirán a que muchas familias renuncien a la propiedad del carro y a que las ciudades recuperen los espacios destinados a parqueaderos que podrán ser destinados a vivienda, revirtiendo la tendencia a vivir en suburbios cada vez más alejados de las ciudades.

 

Hoy, existen alrededor de 1.000 millones de carros en el mundo, que son los principales emisores de gases de efecto invernadero, generando el progresivo cambio climático que ya estamos experimentando y que puede traer graves consecuencias para la humanidad. El descongelamiento de los polos de la tierra, la evaporación de los nevados y el aumento del nivel de los niveles de los océanos puede dejar bajo agua a partes de las ciudades costeras, como Nueva York, Miami, Ámsterdam, Hamburgo, Ciudad de Panamá, Cartagena, etc. El cambio hacia los motores eléctricos reducirá sustancialmente las emisiones de carbono, en un 54 % del nivel actual, y esa será una de las grandes ventajas de la nueva tecnología.

 

La electricidad también desplazará al petróleo, la gasolina y, sobre todo, al combustible diésel, amenazando la ruina de los países petroleros del medio oriente, los productores de esquisto de EE UU, de Venezuela, Trinidad y Tobago y, en menor medida, de Colombia. Las grandes refinerías de petróleo quedarán sin demanda. Los países con yacimientos de litio como Chile, Bolivia y Argentina se ganarán, por esta vez, la lotería de las materias primas.