Daniel Raisbeck

 

Muy pronto, los principales obstáculos que impiden la adopción masiva de vehículos autónomos dejarán de ser tecnológicos. Según Ajay Chopra, de la revista Fortune, un mundo de calles y autopistas donde la mayoría de vehículos no son operados por humanos tardará en llegar, debido a algunos de los sospechosos habituales: “políticos, regulaciones, compañías de seguros y grupos de presión” con poder de cabildeo. 

 

Los países que, como EE UU, permitan la operación de vehículos autónomos en sus calles y autopistas desde la etapa experimental se situarán en la vanguardia de una industria que revolucionará el sector del transporte. Por otro lado, los gobiernos que cedan ante grupos de presión -por ejemplo, gremios de transportadores- garantizarán su atraso en un área de inmenso potencial para solucionar los problemas de la congestión urbana. 

 

En otros sectores de la tecnología, los gobiernos también pueden asegurar un progreso formidable simplemente al decidir no ser un impedimento. Para sorpresa de muchos, por ejemplo, Ruanda y Tanzania lideran el mundo en el uso de vehículos aéreos no tripulados (drones) para fines de carga y transporte.

 

La razón: a diferencia de EE UU y otros países, las dos naciones de África oriental permiten que drones no operados por humanos transporten medicamentos, equipos médicos y hasta sangre a través de largas distancias, haciendo entregas en lugares remotos y de difícil acceso.

 

Como le dijo a CNN el presidente de Zipline, la empresa de drones de Silicon Valley (EE UU) que está operando vehículos aéreos no tripulados en Tanzania: “Ha habido un gran giro (en la tecnología) y lo importante ahora no es cuál país tiene más recursos, sino cuáles países llevan a cabo una reforma regulatoria moderna” a raíz de “la voluntad de experimentar con nuevas ideas”. 

 

Colombia, por su lado, tiende a estar entre los países donde un exceso de regulaciones frena el avance tecnológico. El caso de los drones es ilustrativo: quien quiera volar un dron en el país con usos comerciales debe obtener una licencia de piloto de la Aeronáutica Civil y notificar a esta entidad 15 días hábiles antes del vuelo agendado, requisitos que no aplican en países como EE UU o Nueva Zelanda.

 

Los drones cambiarán por completo no solo el campo de las entregas a larga distancia, sino también el del monitoreo aéreo de cultivos, lo cual sería de gran utilidad para el campo colombiano. Sin embargo, la inclinación de los reguladores nacionales por erigir trabas burocráticas dilata considerablemente la adopción de las nuevas tecnologías a gran escala.     

 

Para impulsar el desarrollo tecnológico, los gobiernos pueden hacer más a través de acciones indirectas, especialmente la desregulación, que al intentar impulsar directamente el uso y el avance de la tecnología. Esto es evidente en el campo de la investigación. Según Deutsche Welle, en el 2016, la inversión en investigación y desarrollo de 11 grandes compañías tecnológicas (Amazon, Alphabet, Intel, Samsung, Volkswagen, Toyota, General Motors, Ford, Oracle, Cisco y Facebook) fue de 98,5 mil millones de dólares, cifra que equivale el 35 % del Producto Interno Bruto de Colombia.

 

En gran medida, dichas compañías -y muchas otras similares- brindan el principal impulso detrás de los avances de la economía digital. Desde el punto de vista de cualquier país, una política tecnológica inteligente permitiría la fácil creación y/o operación de empresas líderes en áreas de alto nivel de conocimiento.

 

No sorprende, de hecho, que de los primeros 30 países en el escalafón del Networked Readiness Index del Foro Económico Mundial, el cual mide “la capacidad de los países para aprovechar los beneficios de las tecnologías emergentes y las oportunidades que presenta la revolución digital”, 21 figuran también entre las 30 economías más libres del planeta en el Índice de Libertad Económica de los institutos Fraser (Canadá) y Cato (EE UU).  

 

Tampoco sorprende que Estonia e Irlanda, países que implementaron impuestos corporativos bajos y de tasa única (flat tax), hayan pasado de ser zonas económicas periféricas y estancadas a países situados en la vanguardia tecnológica europea en pocas décadas.

 

El blockchain, los contratos inteligentes (verificados por una red descentralizada), los robots de software (chatbots) son todas tecnologías existentes que facilitarán la vida de la mayoría de los ciudadanos, siempre y cuando los gobiernos no saboteen su uso con regulaciones retardatorias e impuestos excesivos.