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Antonio Vélez M.

 

John von Neumann nació en Budapest en 1903. Fue niño prodigio, poseedor de una memoria fotográfica, rara, que le permitía recitar de memoria gran parte de los libros que había leído. A su increíble velocidad de comprensión, Von Neumann unía una facilidad especial para los idiomas: de niño aprendió francés, alemán, latín, griego clásico, y un poco más tarde, inglés. Poseyó una asombrosa capacidad de cálculo mental (a los 6 años dividía mentalmente dos números de 8 dígitos). En 1925 obtuvo la licenciatura en ingeniería química, y al año siguiente se doctoró en matemáticas.

 

John fue un superdotado, poseedor de una inteligencia fuera de serie. Su característica más destacada era la facilidad con que entendía los problemas y la rapidez pasmosa con que hallaba las soluciones. Sus colegas, algunos premiados con el Nobel, lo describían como la mente más rápida que habían conocido, y lo consideraban una especie de semidiós intelectual. Un Nobel, el físico Eugene Wigner, escribió con humildad: “Habiendo conocido a Von Neumann me di cuenta de la diferencia entre un matemático de primera fila y yo”.

 

Von Neumann poseía una mente universal, que pisaba con soltura varios campos de la ciencia, precisamente los más difíciles, y allí dejaba siempre sus huellas, imborrables, con aportes novedosos. Realizó contribuciones fundamentales en física cuántica, análisis funcional, teoría de juegos, ciencias de la computación, economía, análisis numérico, cibernética, hidrodinámica y estadística. Así mismo, fue el creador de la arquitectura de los computadores modernos y, de paso, a él le debemos la idea de software. El Nobel de Física Hans Bethe comentó tras su muerte: “A veces me he preguntado si un cerebro como el de John von Neumann no indica una especie superior a la humana”.

 

En 1930 fue invitado como profesor visitante a la Universidad de Princeton, y en 1933 fue contratado por el Instituto de Estudios Avanzados (IEA). En 1937 se nacionalizó norteamericano. Su fama de genio hizo que lo consultaran con frecuencia varias prestigiosas instituciones: el Ejército de EE UU, la Corporación Rand, la CIA, la Standard Oil, la IBM…

 

Junto con su amigo Norbert Wiener escribió el libro Cibernética: control y comunicación en el animal y en la máquina, en el que se presentaba una ciencia nueva, la Cibernética. Hasta la década de 1930, la Economía carecía de un modelo matemático apropiado para resolver sus problemas, entonces Von Neumann tuvo la buena idea de auxiliarse de la Teoría de Juegos. A él también le debemos el método de Montecarlo, ingenioso procedimiento para la solución de problemas matemáticos complejos por medio de un generador de números aleatorios.

 

Hacia 1943, Von Neumann empezó a interesarse por la computación, y participó en el diseño del ENIAC, primera computadora digital. Más tarde diseñó la computadora IAS, que ha servido de base para las computadoras actuales (arquitectura de Von Neumann). Otra de sus contribuciones en computación fue el uso de monitores para visualizar datos y resultados.

 

Al comenzar la Segunda Guerra Mundial, Von Neumam hizo parte del llamado Proyecto Manhattan. Su contribución principal fue el diseño de los llamados explosivos de contacto, necesarios para detonar las bombas de implosión, que utilizan plutonio en lugar de Uranio. La primera, usada contra los japoneses y apodada Fat Man, fue la responsable del crimen imperdonable de Nagasaki. Ocurrió el 9 de agosto de 1945, un día negro en la historia humana.

 

Durante la construcción de la bomba atómica no se tenían muy claros los peligros de la radiación, por lo que Von Neumann cayó en la trampa mortal: permanecía en Los Álamos varios meses al año y presenciaba los ensayos nucleares. Al fin contrajo cáncer en los huesos, diagnosticado en 1955; al año siguiente quedó incapacitado gravemente, de tal suerte que algunas reuniones de la Comisión de la Energía Atómica tuvieron que celebrarse en el hospital militar en el que había sido internado. John von Neumann murió el 8 de febrero de 1957: contaba apenas con 53 años de edad.

 

Hasta hoy, Hollywood, que destaca a Nash, Ramanujan y Turing, brillantes colegas de Von Neumann, parece desconocer la colosal magnitud del genio húngaro.