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Andrés Mejía Vergnaud

andresmejiav@gmail.com

 

Rusia parece haberse convertido en una gran pesadilla para Donald Trump, presidente de EE UU. Pero no el país, sino aquella serie de complicaciones derivadas de la aún oscura participación de Rusia en la reciente campaña electoral estadounidense, y de los vínculos personales que se habrían establecido entre el gobierno ruso y ciertas personas muy cercanas a Trump. Recordemos que esto le costó su cargo al general Michael Flynn, consejero de Seguridad Nacional, cuyos contactos con funcionarios rusos no fueron debidamente declarados.

 

Sobre todo este asunto hemos oído montones de noticias. Pero los lectores más aficionados habrán notado la aparición de un singular personaje, vestido de manera extravagante, y visiblemente feliz de atraer la atención de las cámaras, aun cuando las circunstancias que lo motivan sean adversas. Se trata de Roger Stone, un cabildero y asesor político que ha militado en la derecha estadounidense desde la época de Nixon, y que trabajó como asesor de la campaña de Trump hasta que, en un episodio muy típico de todo lo que rodea al hoy presidente, Stone dejó la campaña diciendo que había renunciado, mientras Trump afirmaba haberlo despedido. La trayectoria en política de Roger Stone, y su vinculación con el presidente Donald Trump, son objeto del documental Get me Roger Stone (Tráiganme a Roger Stone), que está disponible en Netflix.

 

Además de relatar la singular carrera política de este personaje, el documental es interesante por otro detalle más profundo: el caso de Stone es una buena muestra de lo que ha venido pasando en la política estadounidense en las últimas dos décadas, periodo en el cual el país pasó de tener una política caracterizada por la comunicación bipartidista y la capacidad de los dos partidos de trabajar conjuntamente, a tener una política de polarización aguda, de nula voluntad de trabajo bipartidista, y de alineación vertical y fanática de las personas alrededor de lo que creen.

 

La prehistoria de esta polarización política la encontramos en los años sesenta, en la campaña del republicano Barry Goldwater (1964); en ese entonces, Goldwater surgió como reacción ante el estilo del centrista y conciliador Eisenhower, que había sido presidente de 1953 a 1961. Goldwater promovió un estilo de apego radical a los ideales conservadores, y fue allí, en esa época, cuando el joven Roger Stone empezó a interesarse en política. Trabajó luego en la administración Nixon, y al parecer fue marcado por la experiencia que vivió dicho presidente, quien tuvo que renunciar tras hacerse evidentes sus maniobras ilícitas. Stone parece haber interpretado esto como el signo de que la política es una guerra. En las décadas siguientes participó en varias campañas de diferente nivel, y se involucró también con el cabildeo, mediante la firma Black Manafort Stone. Sí, el Manafort de ese nombre es el mismo que sirvió como gerente de la campaña de Trump, y que ha sido acusado de ser prácticamente un agente de Putin.

 

Las relaciones entre Stone y Trump parecen no ser hoy tan cercanas como antes. Pero Stone, que disfruta como placer máximo la exposición a las cámaras y a la pantalla, constantemente habla en los medios para afirmar lo contrario. Lo que sí parece un hecho es que los dos mantienen comunicación, y según lo conocido por varios medios, Stone le habría recomendado a Trump hace poco que despidiera a Robert Mueller y a Rod Rosenstein. Robert Muller, ex director del FBI, es quien ha sido nombrado como investigador especial del asunto Rusia, y al parecer Trump teme mucho a su figura. Rod Rosenstein es un alto funcionario del Departamento de Justicia que ha resultado agridulce para Trump: por un lado fue quien redactó el memorando en que se basó el despido de James Comey (director del FBI), y, por otro lado, es quien designó a Robert Mueller como investigador especial. Tal vez, al hacer esta recomendación de despedir a Mueller y a Rosenstein, consejo que muchos han considerado inaceptable, Stone tiene en mente una jugada similar que hizo Nixon. Debería, sin embargo, recordar que fue con esa jugada que empezó la caída de ese presidente. Hoy, se sabe que Roger Stone es también investigado.

 

La polarización ha adquirido en EE UU unos rasgos difíciles de encontrar en cualquier otro lugar del mundo. Las familias pelean por política, y la gente se va a vivir a barrios o municipios donde viva gente de ideas similares. La posibilidad de trabajo conjunto en el Legislativo es cosa del pasado. El país está socialmente dividido, y gubernamentalmente paralizado. Gracias a personajes como Roger Stone, de lado y lado. No dudo en recomendar este documental.