Fernado Ávila

Fernando Ávila

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Titular de prensa: El retiro forzoso sólo rige para los magistrados del Consejo de Estado y la Corte Suprema.

 

Comentario: La palabra solo no lleva tilde en ningún caso. Hace años la norma exigía distinguir entre adverbio sólo, con tilde, y adjetivo solo, sin tilde.

 

¿Cuál es el adverbio? El que equivale a solamente, “vino sólo a confesar su delito” = “vino solamente a confesar su delito”. ¿Por qué se tildaba? Porque se podía confundir con el adjetivo solo, que significa ‘sin compañía’ (“vino solo a confesar su delito” = “nadie lo acompañó a confesar su delito”).

 

Esa confusión se da cuando se refiere a masculino singular, “él vino solo a confesar su delito”. Si se refiere a femenino no hay confusión, “ella vino solo a confesar” ≠ “ella vino sola confesar”. En los plurales tampoco puede haber confusión, “ellos vinieron solo a confesar”  ≠ “ellos vinieron solos a confesar” y “ellas vinieron solo a confesar”  ≠ “ellas vinieron solas a confesar”.

 

Las Nuevas normas de prosodia y ortografía de 1952 decían que se usara la tilde si se prestaba a confusión. Está claro que solo se prestaba a confusión cuando se refería a masculino singular. En los otros casos, la tilde era inútil y prescindible.

 

La Ortografía de 1999 pide que esta tilde se restrinja a casos de posible confusión. Y, finalmente, la Ortografía de la lengua española del 2010 elimina la tilde, incluso en casos en que se puede prestar a confusión. A partir de entonces, no se tilda el adverbio, ni siquiera cuando se refiere a masculino singular.

 

¿Y si hay confusión? Muy sencillo: se acude a otra palabra, en vez de sólo, con tilde, se puede escribir solamente o únicamente. Lo mismo que se hace si hay confusión entre el verbo para y la preposición para, “para el auto” (si es verbo, se puede escribir “detén el auto”).

 

La tendencia de la Academia en los últimos setenta años ha sido la de simplificar el sistema de tildes. En 1952 la Academia eliminó las tildes de los monosílabos dio, vio, fue, fe, que algunos notarios todavía usan; en 1999 se agregaron a esa colección, los sustantivos Sion, guion, truhan y los pretéritos de tercera persona guio, rio, lio (“ella los guio ayer a la olla, se rio de ellos y los lio con sus negocios”, distinto de “yo los guío ahora, me río de ellos y no los lío más”).

 

En ese mismo año desapareció la obligación de tildar verbos con enclítico como dispónte, déle, dése, pasáme, acabóse.

 

La conjunción o, que se debía tildar entre cifras para que no se confundiera con el cero, ya no se tilda. Antes se escribía 45 ó 46; ahora, 45 o 46.

 

Los pronombres este, ese, aquel (“éste me gusta más que aquél”) y sus femeninos y plurales se tildaban para que no se confundieran con los adjetivos (“este sedán me gusta más que aquel cupé”). Ahora no se tildan. ¿Y si se presta a confusión? Sería un caso rarísimo, pues lo que distingue el pronombre del adjetivo es la ausencia del sustantivo, como se puede ver en los ejemplos de este párrafo (con los sustantivos sedán y cupé).

 

A decir verdad, cada vez se estudia menos gramática y, por eso, cada vez es más difícil que el escribiente medio distinga pronombre o adverbio de adjetivo para resolver con presteza y acierto la marcación de las tildes. Lo que ha hecho la Academia es actuar en consecuencia con esa realidad, simplificando y facilitando el sistema de acentuación ortográfica.

 

Las tildes diacríticas, como la que se usaba en solo, se dejaron únicamente para palabras con diferencia fonética. Por ejemplo, el verbo va con tilde, “dé limosna”, mientras que la preposición de no, “¿De qué vive? De limosna”.

 

¿Y por qué en esta caso sí? Porque en este caso hay una diferencia fonética. Por favor, lea (interprete, como lo haría un actor) los dos ejemplos anteriores. Note que cuando pronuncia el verbo hay más fuerza que cuando pronuncia la preposición de. En efecto, el verbo es tónico (tiene acento) y la preposición es átona (no tiene acento).