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Leonardo García Jaramillo

Profesor del Departamento de Gobierno y Ciencias Políticas, Universidad EAFIT-Medellín

 

Una de las particularidades del Derecho como ciencia y como disciplina es la amplitud temática a la que se enfrentan sus cultores. Su ejercicio en las distintas áreas (el litigio, la docencia, la investigación o la judicatura) tiene eventualmente relaciones con todos los saberes. Baste hacer un breve repaso por algunas sentencias de las altas cortes en materia ordinaria o constitucional, para observar las múltiples conexiones que en casos concretos tiene el Derecho con la Economía, la Historia, la Filosofía e, incluso, con la Ingeniería.

 

En este sentido, para formarse adecuadamente como un abogado integral, como un jurista, las lecturas deben trascender los códigos, las sentencias y la doctrina en cada área. Los procesos de globalización que actualmente se desarrollan en el mundo de manera intensa, sin duda transforman el Derecho y, en particular, el Derecho Constitucional, debido a la configuración e interpretación del conjunto de derechos fundamentales y principios de naturaleza moral que integran las Constituciones, desde que se empezaron a renovar en Europa durante la Segunda Posguerra y en América Latina, a partir de la década de los ochenta.

 

La globalización del Derecho, que ha creado e intensificado patrones particulares de desarrollo para el Derecho Constitucional, es un fenómeno incuestionable e irreversible. Se ha venido extendiendo y consolidando un “derecho constitucional genérico”, en expresión de David Law, es decir, un cuerpo de teoría, metodología y doctrina constitucionales que no pertenece exclusivamente a ninguna jurisdicción. Se trata de un canon local, que es afín en normas, principios, instituciones judiciales y teorías que han adquirido particular relevancia en la creación y desarrollo del Derecho, así como en las agendas locales de investigación.

 

Este fenómeno ha complejizado la formación jurídica y ha puesto de presente, quizá como nunca en la historia, la idea familiar de que el destino irremediable de un buen abogado es mantenerse activo en sus lecturas, una de las principales fuentes, sino la más, del conocimiento jurídico. La inquietud intelectual y la avidez en la lectura son virtudes que deben acompañar a un buen abogado durante toda su vida.

 

Entre la lista de obras que podrían considerarse necesarias e imperdibles para complementar el estudio de la dogmática y la doctrina, se encuentran los siguientes:

 

CONSTITUCIONAL

 

-Teoría de los derechos fundamentales, de Robert Alexy

 

 


 

-El dominio de la vida. Una discusión sobre el aborto, la eutanasia y la libertad individual, de Ronald Dworkin

 

 


 

-Constitucionalismo democrático, de Robert Post y Reva Siegel

 

 


 

-Derecho y desacuerdos, de Jeremy Waldron

 

 


 

FILOSOFÍA DEL DERECHO

 

-El concepto y la naturaleza del derecho, de Robert Alexy

 

 


 

PENSAMIENTO POLÍTICO

-Dos conceptos de libertad, de Isaiah Berlin

 

 


 

-La constitución de la democracia deliberativa, de Carlos S. Nino

 

 


 

-El príncipe, de Maquiavelo

 

 


 

-Justicia, de Michael Sandel

 

 


 

FILOSOFÍA

 

-Respuesta a la pregunta ¿qué es la Ilustración?, de Kant

 

 


 

-Justicia para erizos, de Ronald Dworkin

 

 


-El hombre en el derecho, de Gustav Radbruch

 

 

ECONOMÍA

-Un vistazo a la catedral. Cuando el Derecho se encuentra con la Economía, de Guido Calabresi

 

 


 

HISTORIA

 

-El federalista, de Madison, Hamilton y Jay (sobre todo, los textos 10, 51,78 y84).

 

 


 

SOCIOLOGÍA

-La fuerza del derecho, de Pierre Bourdieu

 

 


 

-La revolución de los derechos, Charles R. Epp

 

 


 

GLOBALIZACIÓN DEL DERECHO

 

-Derecho y globalización, de William Twining