Daniel Raisbeck

 

Maquiavelo comenta en el capítulo XXI de El Príncipe que un gobernante debe evitar alianzas con un poder más fuerte en contra de un tercero. En caso de victoria, explica Maquiavelo, el príncipe débil dependerá de su superior y le cederá el control de su destino, lo cual puede conducirlo a la ruina.

 

Si se transfiere dicha máxima a la esfera de la política interior en una democracia, se podría argumentar que un partido pequeño que sostenga a uno mayor en una coalición de gobierno eventualmente pagará un alto costo electoral por ejercer el poder como socio minoritario.


Esta fue ciertamente la experiencia de los liberales alemanes del Partido Democrático Libre (FDP) en el 2013. Tras obtener el 14,6 % del voto, en el 2009, y formar una coalición con la más poderosa Unión Cristiana Demócrata (CDU) de Angela Merkel, dueña por sí sola del 34 % del parlamento (Bundestag), el FDP obtuvo menos del 5 % del voto nacional y, por lo tanto, se quedó sin representación parlamentaria a nivel nacional por primera vez desde la fundación de la República Federal en 1949.

 

La razón principal de la “debacle electoral” del FDP, en el 2013, fue la percepción de que el partido cogobernó solo por el hecho de estar en el gobierno. Ninguna de las promesas de campaña de los liberales en el 2009 se cumplió. Como explicó Matthias Geis, en la revista Die Zeit, la coalición negra-amarilla, llamada así por los colores de la CDU y del FDP, respectivamente, no introdujo una reducción de impuestos de 35.000 millones de euros, ni recortes drásticos a los subsidios, ni una disminución significativa del gasto público, ni una liberalización del mercado laboral.

 

Si el propósito del FDP era simplemente garantizar una agenda cristianodemócrata, una porción considerable de sus votantes del 2009 decidió elegir directamente al partido de Merkel en el 2013. Por otro lado, el FDP había perdido la fuerza que tuvo desde 1998 como partido pequeño, pero sólidamente opositor; quienes querían votar en contra del establecimiento pudieron escoger al partido de izquierda radical La Izquierda (Die Linke) o a la agrupación anti-Unión Europea y anti-inmigración masiva Alternativa para la Alemania (AfD), cuyo ingreso al Bundestag tras las elecciones del 2017 dominó las noticias internacionales durante varios días.

 

Los liberales alemanes, sin embargo, habían sido una parte fundamental del éxito de la República Federal desde su fundación, reforzando la libertad económica en coaliciones con cristianodemócratas como Helmut Kohl y socialdemócratas como Willy Brandt. La ausencia del FDP en el Bundestag desde el 2013 hasta el 2017 fue un acontecimiento histórico, y no había ninguna garantía de que lograran regresar al parlamento este año.

 

El 10,7 % del voto que logró obtener el FDP en las elecciones nacionales de septiembre es, en mi opinión, un suceso más importante que el polémico éxito de la AfD, cuya victoria obligó al Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) a descartar una nueva “gran coalición” con Merkel para ser el principal partido de oposición en el Bundestag.

 

Según la tradición en Alemania, el líder del segundo partido de una coalición de gobierno es nombrado Ministro de Relaciones Exteriores. Sin embargo, se sabe que Christian Lindner, quien lidera el FDP con solo 39 años de edad, buscaría el Ministerio de Finanzas (o Hacienda). Esto es de gran importancia, porque Lindner exige no solo un cambio de Ministro de Finanzas, sino un cambio de la política financiera de Alemania.

 

A nivel nacional, el giro financiero que exige Lindner consiste en recortar impuestos y eliminar regulación para facilitar el surgimiento de nuevas empresas, especialmente en el ámbito digital, donde una infraestructura deficiente y el proteccionismo excesivo de los datos no permiten que fluya la revolución digital.

 

Y a nivel internacional, Lindner insiste en que el Banco Central Europeo cumpla con las reglas establecidas de responsabilidad fiscal en cada país, lo cual no ha hecho desde que se desató la crisis de la deuda griega en el 2009. Lindner también descarta cualquier avance adicional hacia una “unión de transferencias” bajo la cual los países ricos de la Unión Europea, como Alemania, deben subsidiar permanentemente a los menos exitosos, modelos que impulsan los eurofederalistas liderados por el luxemburgués Jean Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea.  

 

Si no hay garantía de que Merkel aplique una política financiera liberal en su próximo gobierno, Lindner dice que está dispuesto a liderar al FDP desde la oposición. Por otro lado, su nombramiento como Ministro de Finanzas tendría un impacto económico mucho más allá de Alemania. No obstante, surgiría la pregunta de si, en el 2021, los liberales alemanes podrán sobrevivir electoralmente otra coalición con la CDU.