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Oscar Alarcón Núñez

 

No se preguntó María Isabel Rueda, sino fue afirmativa. Consideró como una idea estúpida prohibir el paramilitarismo en la Constitución, como lo hizo el Acto Legislativo 4 de este año. Equivaldría, según ella, a prohibir algo que ya está prohibido.

 

Los constituyentes de 1886 fueron desacertados en establecer disposiciones que iban en contra el Estado de derecho, pero, por el contario, sí se cuidaron mucho de la redacción de las normas; por algo estaba allí Miguel Antonio Caro.

 

En el artículo 22 de ese Estatuto, se dijo: “No habrá esclavos en Colombia. El que siendo esclavo pise territorio de la república, quedará libre”.

 

En el proyecto de Constitución todo artículo prohibiendo la esclavitud se había omitido, por razones obvias. La comisión redactora pensó que era innecesario disponer algo sobre ese particular, porque la esclavitud se había suprimido desde el 1º de enero de 1852. Luego, ¿por qué se reiteró una prohibición que ya estaba prohibida 34 años atrás? El delegatario José María Samper, quien confesó ser autor de la norma, la justificó diciendo que “podían ocurrir dificultades con esclavos que se escapasen del Brasil o de la isla de Cuba, y viniesen a Colombia; y, por otra parte, que durante la reciente guerra habían ocurrido ciertos episodios políticos, indicativos de la facilidad con que podía engañarse a la gente de color, haciéndole temer un absurdo restablecimiento de la esclavitud” (Derecho Público Interno de Colombia, tomo II).

 

La norma, a pesar de que todos los comentaristas de la Constitución la consideraron inocua, permaneció los ciento y tantos años de vigencia de esa Carta y ningún esclavo acudió a ella. Si el propósito principal, según Samper, era volver libres a los esclavos que llegaran al país, así debió decirlo el artículo y no prohibir lo prohibido como estaba dicho en el primer inciso. Extraño que un gramático como el señor Caro se le hubiera pasado esa redacción, de pronto por estar pensando en el latinismo de otros artículos, como el de ser penado ex post facto.

 

La controversia que han querido armar con el paramilitarismo puede tener también justificación, por “ciertos episodios políticos”, como lo planteó el mismo Samper refiriendo a la esclavitud.

 

No está de más recordar que José María Samper pasó de radical a conservador, como ciertos personajes públicos actuales. Él fue el esposo de Soledad Acosta de Samper, nombre que le endilgaron a Horacio Serpa cuando comenzó a perder elecciones.