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Fernando Ávila

feravila@cable.net.co

Fundación Redacción

 

Pregunta: ¿Siempre la extorsión es para conseguir dinero?, H. Cortés.

 

Respuesta: Según el Diccionario de la lengua española, DLE, 2014, extorsión es la ‘presión que se ejerce sobre alguien mediante amenazas para obligarlo a actuar de determinada manera y obtener así dinero u otro beneficio’. Para el Diccionario del español jurídico, DEJ, 2016, la intención de obtener beneficio económico es determinante, ‘delito consistente en obligar a otro con violencia o intimidación y ánimo de lucro a realizar u omitir un acto o negocio jurídico en perjuicio propio o de terceros’.

 

‘Otro beneficio’ puede ser el mencionado por el DEJ bajo el registro extorsión terrorista, que define así: ‘extorsión realizada con la finalidad de colaborar en la comisión de delitos de terrorismo, incluida la colaboración con grupos u organizaciones terroristas’. Y también la ahora llamada sextorsión o extorsión sexual, ‘forma del explotación sexual en la cual una persona es chantajeada con una imagen o video de sí misma desnuda o realizando actos sexuales, para que entregue más imágenes eróticas o pornográficas, dinero o alguna otra contrapartida, bajo la amenaza de difundir las imágenes originales si no accede a las exigencias del chantajista’.

 

La sextorsión acude al sexting, ‘envío de fotos o videos de contenido sexual por teléfonos inteligentes’. La Fundación del Español Urgente aconseja usar el sustantivo sexteo y el verbo sextear, para evitar el anglicismo sexting, formado por las palabras inglesas sex (‘sexo’) y texting (‘envío de mensajes de texto’).

 

El hombre del teléfono

 

Los nuevos escritores tienen hoy como modelo literario el minimalismo de Raymond Carver (De qué hablamos cuando hablamos de amor): un lenguaje escueto, en el que el personaje simplemente es gordo o flaco, joven o viejo, y no hace más que lo cotidiano. No hay grandes historias ni héroes admirables, sino hombres, mujeres y niños que hacen lo mismo que todos. La vida en su máxima simpleza.

 

Pero he aquí que llega Margarita Rosa de Francisco, y nos sorprende con una narrativa que se sale de ese círculo, con personajes inéditos, escenas grandiosas y cavilaciones filosóficas inesperadas, en su libro El hombre del teléfono.

 

Personajes: la pánfila, “menuda como una espiga”, pulsa las cuerdas de la guitarra con sus “dedos de nácar, discretamente ataviados”, para luego caminar sobre “tacones de pulsera”, empujando la tela de un “vestido largo y líquido” que deja asomar de pronto unas piernas albinas como lirios. La pánfila acaba de llegar de Australia y está en plan de cerrar un capítulo tormentoso de su vida. La pánfila quiere olvidar a un hombre adinerado, guapo y encantador, que quedó embrujado por su belleza cuando se reencontró con ella ya mayor. Era su hija. 

 

El personaje central, sin embargo, es el hombre del teléfono, un excéntrico presentador de televisión, responsable de complicadas misiones secretas, chofer de un “campero desarropado” y seductor natural y exitoso, a pesar de su desgarbo, de su legendario caos dental, de “sus ojos estrábicos” y de “todas sus desproporciones”.

 

Escenas cinematográficas: “La mañana azul todavía duerme en el asfalto frío que pisan muy pocos vehículos a esa hora. Se acerca una motocicleta de alto cilindraje con dos hombres. La motocicleta se ubica justo al lado izquierdo del jeep destechado. Puedo oír y ver con total nitidez la mirada cobriza y agrietada del sujeto que le pregunta el nombre y luego le dispara seis veces. Las balas, sordas de odio, se estrellan contra los huesos, siniestras y sin eco, opacas y pobres. El reloj marca las 5:45 a. m.”.                                               

 

Cavilaciones: “Qué puede ser más loco que tener razón”. “No hay nada que haya hecho al hombre un ser tan infeliz como ese fatídico momento en que surgió el primer raciocinio”.