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Nicolás Parra Herrera

n.parra24@uniandes.edu.co / @nicolasparrah

 

Hace poco un estudiante me preguntó si existía una diferencia conceptual entre ética y moral. Me percaté de que utilizamos indistintamente los términos ética y moral en todos los debates, como si fueran conceptos intercambiables. Aunque no pretendo cerrar este debate, creo dar algunas luces sobre esa diferencia y sobre la pregunta de si es relevante esa distinción.

 

Empecemos por la etimología. La palabra “ética” viene del griego ethos que puede significar ‘carácter’ o ‘hábito’; la palabra “moral”, acuñada por Cicerón, viene del latín mores que significa costumbre. Esta primera aproximación, si bien no nos dice mucho sobre el contenido semántico de los términos, sí evidencia que el concepto de la ética tiene raíces griegas y está íntimamente ligado con la acción o actitud de una persona individual. La moral, en cambio, tiene origen romano y su etimología nos indica que se trata de un hábito más generalizado, recurrente y colectivo.

 

En términos de las asociaciones ligadas a cada uno de estos términos, podemos decir que la moral tiene un atisbo religioso. Más aún, solemos hablar con más frecuencia de la “moral cristiana” que de la “ética cristiana”. La ética, por su parte, tiene una resonancia más fuerte en un pensamiento filosófico, lo cual explica por qué hablamos de ética utilitarista, aristotélica o kantiana. En otras palabras, la moral tiene una vinculación más cercana con un pensamiento religioso y la ética con uno filosófico; sin embargo, esto tiene sus matices. Por ejemplo, en los departamentos de Filosofía se enseñan cursos de “Ética” y no de “Moral”, pero en las últimas décadas se ha consolidado una rama de la filosofía denominada ‘filosofía moral’ que está compuesta por la meta-ética y la sicología moral. Por lo tanto, no es posible ser tan tajantes en cuanto a la vinculación o desvinculación de la moral con la filosofía.

 

En el lenguaje ordinario utilizamos términos como ‘moralista’ para referirnos a una persona que critica algún comportamiento generalizado o conducta individual añadiendo un grado de superioridad frente al sujeto o la conducta juzgada. En contraste, pocas veces utilizamos la palabra ‘eticista’, pero si lo hacemos, nos referimos con dicho término a una persona que estudia la ética y, concretamente, una persona que estudia la acción correcta. Según esto, la moral implica unos juicios de conducta que contrastan una acción con unas reglas morales, mientras que la ética supone un estudio o juicio sobre los motivos, razones y consecuencia de una acción.

 

Ian Welsh elaboró una distinción muy creativa al sostener que la ética es la reflexión sobre cómo tratar a personas que no conocemos, mientras que la moral es la reflexión sobre cómo tratar a personas que conocemos. Según esta novedosa distinción, la moral nos introduce en nuestros roles sociales de profesor, madre, padre, esposo, esposa, amigo y un largo etcétera. La ética nos induce a pensar pautas de conducta descontextualizadas que nos permitan actuar y tomar decisiones independientemente del rol social o del contexto.

 

Podemos concluir parcialmente que la ética es una reflexión que nos permite cultivar hábitos, carácter y decidir cómo actuamos individualmente en cualquier contexto práctico. Por su parte, la moral resulta ser más una reflexión, a veces con tinte religioso, que nos permite determinar unas reglas de conducta que deben ser observadas por todos en contextos sociales, culturales, geográficos e históricos determinados y en el ejercicio de nuestros roles sociales. Quizás una simplificación de lo anterior es que la moral cultiva el carácter de una colectividad en un contexto determinado, mientras que la ética cultiva el carácter individual en contextos indeterminados. La regla moral por excelencia “no hagas a los otros lo que no quieres que te hagan” está necesariamente dirigida a una colectividad y ligada a un contexto particular, pues el patrón de lo que se quiere será fijado por el contexto histórico concreto. En cambio, el mandato ético por excelencia “examina tu vida” apunta a una orientación individual que podrá ser aplicada en cualquier contexto.

 

Pero, ¿es esta una discusión bizantina? A mí me parece que no lo es. Al fin y al cabo, la ética nos permite juzgar y ser parámetro de corrección de manifestaciones morales. Por eso es perfectamente viable decir: la moral cortesana no es ética. Pero no solo eso, creo que entender el origen de estos conceptos puede aproximarnos a la idea de que la ética era, antes que nada, un llamado a forjar un carácter para cultivar unos hábitos de actuar justamente y la moral era, en su génesis, reglas de conducta influenciadas por las costumbres de la época.