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Daniel Raisbeck

 

En febrero del 2013, cuando escribí en ÁMBITO JURÍDICO acerca del entonces presidente del Parlamento Europeo, el alemán Martin Schulz, me referí a sus críticas a la propuesta del entonces primer ministro británico David Cameron de llevar a cabo un referendo para definir la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea (UE).

 

En ese entonces, Schulz comparó a Cameron con el hechicero aprendiz de Goethe, declarando que, al convocar un referendo, el Primer Ministro estaba evocando fuerzas que no podría contener, y que el evento que luego vino a ser llamado el brexit perjudicaría al pueblo británico.


Schulz, sin embargo, fue uno de los catalizadores del brexit no solo con su intento de aleccionar a los británicos, impulsando su natural rebeldía frente a cualquier intervención extranjera (ver la letra del himno Rule, Britannia!), sino también al oponerse a los esfuerzos de Cameron por reducir el gasto de la UE, cuya extravagancia presupuestaria motivó a un buen número de ciudadanos a votar por independizarse de Bruselas.

 

Como argumenté en estas páginas, el Parlamento Europeo no es un parlamento en el pleno sentido de la palabra, ya que “la única función de sus miembros es aprobar las iniciativas de la Comisión (Europea) no electa”. No obstante, Schulz presidió el Parlamento Europeo desde enero del 2012 hasta enero del 2017. Por lo tanto, aparte del brexit (la salida de la UE del segundo mayor contribuyente al fondo común), su curriculum vitae incluye: un rescate financiero de 1,6 mil millones de euros para Grecia (por parte de la UE y el Fondo Monetario Internacional), que terminó en un incumplimiento; la decisión del Banco Central Europeo de comprar los bonos de países de la “periferia” para impedir su quiebra y el colapso del euro, violando toda regla fiscal previa; un nuevo rescate financiero para Grecia, que puede terminar en incumplimiento según el FMI; el fin de facto del sistema Schengen de fronteras abiertas como resultado de la mayor crisis migratoria en el continente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, y un incremento formidable en los ataques de terrorismo islamista contra las principales ciudades europeas sin que haya solución a la vista.

 

Cuando Schulz terminó su mandato en enero del 2017, pocos hubieran pensado que su destino inmediato era llegar a Alemania para gobernarla. A diferencia de los británicos, sin embargo, los alemanes tienen tanto aprecio por la UE que cuando el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) anunció que Schulz sería su candidato a la Cancillería Federal, su nivel de aprobación incrementó súbitamente en las encuestas. Schulz también logró que en todo estado federal subiera de manera considerable el número de afiliados a su partido de centro-izquierda, el cual cogobierna con la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de la canciller Angela Merkel desde el 2013.    

 

En febrero y en marzo, la prensa alemana comenzó a asegurar que, gracias al llamado Schulz-Effekt (el “efecto Schulz”), el SPD podría derrotar a Merkel en las elecciones nacionales de septiembre por primera vez desde que ella llegó al poder en el 2005. La cúpula del SPD llegó a pensar que, con Schulz, había acertado al escoger a un candidato percibido como independiente de la política nacional, cuyas figuras no inspiran a los alemanes.

 

Tales ilusiones se esfumaron cuando el SPD tuvo que acudir a las urnas en tres elecciones al nivel de Landtag o parlamento de estado federado. En Sarre, Schleswig-Holstein y Renania del Norte-Westfalia (estado natal de Schulz) el SPD defraudó las expectativas de sus simpatizantes al perder entre el 1 % y el 7,9 % de su votación en comparación con el 2012, mientras que la CDU incrementó su porcentaje de la votación en cada estado.

 

Según algunos analistas, el error de Schulz fue concentrar su campaña en la desigualdad, mientras que a una mayoría ciudadana le preocupa el terrorismo y la inseguridad, tanto a nivel nacional como global.

 

En junio, el SPD estaba 14 puntos detrás del partido de Merkel en las encuestas. Según el diario berlinés Die Welt, el “efecto Schulz” había dejado de existir.

 

A pocas semanas de las elecciones del 24 de septiembre, parecería que lo máximo que puede esperar Schulz es ser el Ministro de Relaciones Exteriores de un nuevo gobierno liderado por Merkel en caso de que la CDU se vea obligada a restablecer su coalición con el SPD. Merkel, sin embargo, preferiría gobernar con los liberales, cuya bandera es amarilla, e inclusive con los verdes.

 

Dada la bandera negra del CDU, dicha alianza entre conservadores, liberales y verdes sería la primera “Coalición Jamaica” (el nombre surge de la bandera del país) en la historia de la República Federal alemana.