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Sergio Michelsen Jaramillo

Socio Brigard & Urrutia Abogados

 

Sin importar el tamaño ni la industria, las empresas requieren del acompañamiento de un abogado, ya sea que este trabaje en la organización o que preste sus servicios desde una firma de abogados. Este profesional debe servir no simplemente para mitigar riesgos, sino también para facilitar las actividades de la empresa (cada vez es más común ver el abogado que se pone en los “zapatos” del cliente y que se aproxima a los escenarios jurídicos desde una perspectiva de empresario). Una buena asesoría legal debe contribuir a que la empresa sea más competitiva.

 

Tradicionalmente, las firmas se han concentrado en generar y cultivar reputación y prestigio gracias a un apellido. Su marca, o su apellido, debe tener más de 50 años de vigencia para representar valor, y ese valor se traduce en honorarios, generalmente alcanzables solo para las grandes empresas. Hoy, las pequeñas y medianas compañías ya no buscan un apellido. Buscan una respuesta rápida, sencilla y a un precio justo, ante un problema que para ellos puede representar el éxito o el fracaso de su negocio. Y bueno, si tienen apellido, mejor, particularmente cuando se asocia a las mejores prácticas empresariales, a principios y a valores sanos.

 

¿Qué puede hacer entonces una firma, con un gran nombre, para lograr que pequeñas y medianas empresas puedan pagar sus servicios? La respuesta es innovar. Pensar distinto. Crear nuevos esquemas de precios y costos, pensar en diversas formas de medir la calidad y el valor del servicio, optimizar recursos y generar resultados en menos tiempo y de mejor calidad.

 

La tecnología juega un rol fundamental. Nuevos software para lograr optimización de recursos, producir el doble o el triple, con los mismos recursos, es el gran reto de las firmas de abogados, tradicionales y nuevas.

 

El ‘new law’

 

Toda esta tendencia, en la que la tecnología requiere y permite una nueva forma de prestar los servicios jurídicos, se llama “new law”. Los servicios tecnológicos ofrecidos bajo los esquemas de new law han alcanzado un nivel de sofisticación que les permite competir con casi todo el portafolio ofrecido por las firmas tradicionales de abogados. Por ejemplo, existen distintas plataformas tecnológicas que por un bajo precio o, incluso, de manera gratuita, ofrecen sistemas de automatización documental, que permiten desarrollar programas y aplicaciones para el análisis de potenciales clientes y evaluaciones preliminares de sus casos jurídicos, crear aplicaciones para el examen y la asesoría del cumplimiento regulatorio de políticas y procedimientos y hasta automatizar la selección, redacción, entrega y archivo de contratos, formularios y otros documentos.

 

Además de realizar trabajos jurídicos complejos con una excelente calidad, estos sistemas han demostrado hacerlo en periodos de tiempo mucho más cortos que lo que le tomaría a un abogado o, incluso, a un grupo de abogados.

 

A través del uso de la tecnología como elemento esencial de su operación, este esquema de servicios legales, o new law, tiene la capacidad de ofrecer precios competitivos en comparación con los servicios jurídicos tradicionales, particularmente cuando se trata de procesos sencillos que pueden ser sistematizados. Algunos recursos tecnológicos sobre los que se basan estos servicios incluyen, entre otros, el big data, la inteligencia artificial, la automatización documental y el cloud computing.

 

Adicionalmente, la inserción de la tecnología en la práctica jurídica también debe entenderse como un ejercicio de innovación en la forma de aproximarse a los problemas o deseos del cliente, ya no simplemente desde el texto de la ley –como tradicionalmente se ha hecho–, sino de la capacidad de entender el objetivo que se pretende lograr y la creatividad en visualizar los posibles caminos para alcanzar tal objetivo.

 

Atrás quedaron los tiempos en los que bastaba con rendir un concepto o elaborar un contrato. El abogado de hoy debe ser un miembro más del equipo de trabajo del cliente, que conozca como ninguno su negocio y sus proyectos, de manera que su participación genere valor. Esto, indudablemente, supone un cambio en el paradigma del rol del abogado, que pasa de ser el de un simple espectador, al de un verdadero aliado.

 

Así las cosas, los abogados tenemos que ser conscientes de que, para continuar prestando nuestros servicios, debemos reinventarnos y migrar nuestra forma tradicional de trabajar a la implementación de tecnología y a la innovación. Solo así podremos generar valor.

 

La tecnología es y será un factor fundamental para la sostenibilidad de las firmas y si estas quieren mantener su liderazgo, deberán promover su uso y desarrollo.