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Benjamín Ardila Duarte

 

- Al terminar las dos guerras mundiales, se dijo que era más difícil hacer la paz que ganar las batallas. Las soluciones de fuerza deben ser superadas. El ex ministro de Educación Daniel Arango le decía al ministro de guerra Ruiz Novoa: “Esparta se edificó en Grecia como una ciudad de hierro; Atenas vivía del diálogo civilizador; vivimos aún de los diálogos griegos y los geólogos no han encontrado, en el Valle de Eurotas, dónde quedaba Esparta”.

 

- Para condenar la insurgencia mental de sus adversarios, los déspotas hablaron de supuestos “guerrilleros intelectuales” y se imaginaron conspiraciones. Al Café Automático de la Avenida Jiménez de Bogotá llegó la tropa a detener y averiguar por enemigos del Gobierno de entonces. Juan Lozano, Felipe Lleras y León de Greiff fueron esculcados, en busca de armas y documentos. Este último tenía en los bolsillos sus poemas del libro Fárrago quinto mamotreto y el coronel Castañeda dijo: “En estos papeles de León de Greiff está la clave de la conspiración”.

 

- El ex ministro de Educación Germán Arciniegas llegó de embajador a la República Argentina y se prendó locamente de la voz acariciadora de la declamadora Berta Singerman. Cuando esta artista llegó a sus recitales en Colombia, aquí decían: “Ya llegó Berta Sin Germán”.

 

- En Ecuador, recientemente, y en la Venezuela de Juan Vicente Gómez, además de las regalías, las petroleras pavimentaron las vías nacionales. En Colombia, sea en el Norte de Santander, con la concesión después del Tratado Chaux-Folsom (L. 80/31) o hasta la creación de Ecopetrol, en Santander del Sur (L. 165/48), las compañías que O’Connor llamó el Imperio del Petróleo no pavimentaron ruta alguna. Dura y necesaria apreciación para el sector minero-energético que deja huellas y no obras.