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Benjamín Ardila Duarte

 

- Decía Ortega y Gasset que hay un sentido de la palabra “política” como cima de su significado y dote suprema que califica al genio de ella, separándolo del hombre público vulgar: “Política es tener una idea clara de lo que se debe hacer desde el Estado en una nación”. Lenín Moreno, en su aspiración presidencial ecuatoriana, acaba de precisar con humor: “Suelo decir que tan fea es la política a veces que a la suegra se le llama la madre política”.

 

- Las arcas públicas vacías tienen antecedente: el día de la posesión del presidente Suárez no había un centavo en la tesorería, según Gómez Restrepo. La guerra europea había cerrado las puertas del comercio exterior y las exportaciones, sufrido quebranto. Semanalmente, en palacio la hora melancólica del consejo de ministros se reunía para contemplar el déficit creciente a pesar de la constante poda y recortes de los gastos públicos. Valencia diría que era un cuadro a cuatro lápices de palidez y espanto.

 

- La responsabilidad presidencial es tema de los constitucionalistas. Don Miguel Antonio Caro pregonó la no responsabilidad del mando supremo en el consejo de delegatarios de 1886 y fue, en esto, derrotado. El rey no se equivoca, solía decir con los ingleses. En cambio, el 20 de julio de 1942, el presidente Eduardo Santos, al dejar el poder presidencial dijo: “Estoy listo a responder de mis actos, ahora y siempre, a dar cuenta de ellos, cuantas veces sea necesario, con responsabilidad que no prescribe”.

 

- La muerte del político y millonario David Rockefeller, a los 101 años de vida este mes, pone a pensar sobre la entrega de fondos a las universidades y a la ciencia por parte de los dueños de las grandes fortunas. Los anglosajones donan sus legados a los claustros donde estudiaron, a los hospitales y a obras sociales. Para ello, utilizan la indispensable libertad de testar de sus legislaciones.