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Diego Felipe Valdivieso Rueda

Socio de VS+M Abogados. Docente universitario

@valdiviesodf @vsmlegal

 

Todo truco de magia se caracteriza por contar con tres elementos; el primero, la promesa, que se da cuando el mago anuncia su proeza: “voy a sacar una moneda de la oreja de un voluntario”; el segundo, el distractor, el mago mueve su mano izquierda mientras que con la derecha esconde la moneda, y, finalmente, el acto concluye cuando aparentemente se cumple lo prometido: el mago hace aparecer la moneda de la oreja del voluntario.

 

Recientemente, nos hemos deleitado con un maravilloso truco de magia, construido a la perfección, utilizándose los tres elementos anteriormente descritos. Se prometió a los colombianos una serie de reformas que significarían cambios importantes en materia social. Durante la legislatura del 2017, se plantearon tres proyectos que pretendían alcanzar dicha promesa: la disminución en el porcentaje de cotización a salud para los pensionados, la disminución en el número de semanas para obtener la pensión para aquellas mujeres que devengaran menos de dos salarios mínimos y la ampliación de la jornada nocturna.

 

Parece ser que el cambio social fue la promesa, primer elemento, y a los ojos de un espectador descuidado, el cumplimiento de dicha promesa, tercer elemento, se consumó con la ampliación en la jornada nocturna que causó la Ley 1846 del 2017. A pesar de no ser un mago, me permitiré explicar, paso a paso, el truco ejecutado. Inicialmente, se planteó la promesa (el cambio social), sin embargo, la ampliación del recargo nocturno no fue el cumplimiento de esa promesa, por el contrario, este fungió como el segundo elemento del truco de magia, el elemento distractor. Pues mientras el mago anunciaba haber cumplido, lo que realmente hizo fue hundir los proyectos de ley que beneficiaban a los pensionados y a las mujeres que devengan menos de dos salarios mínimos. 

 

Este mago es muy hábil, pues además de habernos distraído con el cambio del horario nocturno a partir de las 21:00 horas, en realidad no materializó las más importantes de sus promesas: disminuir el aporte a salud de pensionados y anticipar el recargo de la noche a partir de las 18:00 horas. Es de señalar que el espectáculo resulta aún más deslumbrante, si se tiene en cuenta que la supuesta promesa cumplida no representa en realidad un impacto significativo para el Gobierno colombiano, sino que el real impacto económico es trasladado, en su mayoría, a un tercero que no participó del show, esto es al empresario del sector privado, que es donde se presenta en mayor medida el funcionamiento ininterrumpido o nocturno de actividades (las fábricas, los hoteles, los restaurantes, etc.). En otras palabras, al Gobierno se le hizo fácil sacar adelante la tibia modificación del horario nocturno, porque no le cuesta económicamente hablando, y si, en cambio, evitó a toda costa modificar el aporte a salud de pensionados, porque eso si le implicaba un esfuerzo económico considerable. Lo más paradójico es que, a pesar de lo anterior, el mago pretende despertar los aplausos del público.

 

Es claro que el Gobierno Nacional asume una postura antipática con un sector vulnerable de la población, los pensionados, pues a pesar de su promesa, parece no importarle incumplirla. La razón del mago para desaparecer dichos proyectos de ley no es otra que la de no querer asumir los costos económicos de cumplirlos.

 

No pretendo criticar la ampliación de la jornada nocturna, pues como los colores de un prisma depende desde donde se le esté mirando para obtener un matiz diferente. Pero si quiero resaltar el truco de magia que todos acabamos de presenciar, pues pareciera que el cambio del recargo nocturno no es nada más que un distractor frente al incumplimiento en la promesa hecha a los pensionados.

 

El proyecto que modificó el recargo nocturno deja insatisfechos a la inmensa mayoría. Los trabajadores, que vieron frustrada la promesa de regresar al horario diurno que existía antes de la Ley 789; a los pensionados, que se les escapa de las manos la posibilidad de racionalizar el esfuerzo en cotizaciones al sistema de seguridad social en salud, y a los empresarios, que ven una vez más como se les traspasa el costo de la impertinencia de ciertas promesas.