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Javier Tamayo Jaramillo

Exmagistrado de la Corte Suprema de Justicia y tratadista

tamajillo@hotmail.com, www.tamayoasociados.com

 

“Se puede violar la Constitución si se trata de obtener el bien superior de la paz”, nos dicen muchos de los que siempre defendieron sus normas insustituibles y ahora tratan de legitimar las burdas modificaciones y derogaciones de la Carta, como si esta fuera el trapo de limpiar los errores de lo negociado.  

 

Algunas reflexiones:

 

1. Ningún principio constitucional es categórico, ni prima a priori sobre los otros principios, pues, como dice Alexy, todos los principios constitucionales son de optimización, es decir, solo son exigibles si son jurídica y fácticamente posibles. Con la tesis violatoria, so pretexto de la paz como bien superior, habría sido necesario entregarle a Hitler toda Europa, para evitar la guerra, como de hecho sucedió al comienzo de la misma. Entregarle sin condiciones la paz al enemigo es incrementar la guerra, si este no es leal y respeta nuestras convicciones. ¡Hace mucha falta releer La lucha por el Derecho, de Ihering!

 

2. Para los amigos del proceso de paz a todo precio y riesgo, a condición de silenciar los fusiles de las Farc, se justifica todo tipo de matoneo contra el que opine que las cosas debieron hacerse mejor.

 

Como no hubo el consenso prometido, porque el acuerdo vigente era un proyecto del Gobierno con uno solo de los actores del conflicto, y apoyado en ausencia de la mayoría de la sociedad, hoy tenemos un país triste, agresivo, con miedo y con odios entre familiares y amigos de toda una vida. Los ataques verbales o armados de los dueños del proceso de paz, la beligerancia verbal de los políticos opositores y la criminal de grupos al margen de la ley borran, de lejos, el silencio de los 7.000 fusiles de las Farc. No hay violencia de las Farc, pero hay menos paz ahora que antes de pactar con ellos.

 

Y peor, sibilinamente, el Gobierno radicaliza la confrontación entre Santos y Uribe, como si no cupieran términos medios. Se ataca a los que piensan distinto, con la táctica antidemocrática de la confrontación amigo-enemigo, tan de los afectos de Karl Schmitt y de Gramsci.

 

3. A Carlos Bernal Pulido lo entrevistó el Presidente, para saber si podía contar con su apoyo en la Corte, en las decisiones sobre el fast track. Pero el profesor Bernal le quedó grande a la Corte, y al poder del Gobierno que todo lo succiona para su maltrecho acuerdo. Como el magistrado cumplió con su conciencia, ahora se le acusa de formalista, cristiano o uribista, como si eso per se fuera un estigma. ¿Será que el 24 % que apoya a Santos es ateo y es el faro de la nación justa? Yo, que conozco a Bernal y a su obra, y que no comparto muchas de sus ideas, me llené de tristeza por las bajezas con las que ha sido atacado un hombre que, como debe ser, está en la Corte para defender la Constitución y no para convertirla en pedazos cueste lo que cueste. Pero, doctor Bernal, ¡cuídese!, que esos ataques son para ablandarlo y se vuelva políticamente correcto en las sentencias que vienen. Si deja de fallar de acuerdo con la Carta, poco me importa el contenido de sus fallos, el costo histórico para usted será impensable. Su imperativo categórico es ser coherente.

 

4. Y como si faltara, Santos mostró su soberbia y sus odios contra el exministro Pinzón, porque manifestó su desacuerdo con algunos aspectos del Acuerdo de Paz. Inexcusablemente, Santos afirmó, desolado por las palabras de su exfuncionario, que “…la lucha por el poder que es la política, infortunadamente, saca a relucir lo peor de la condición humana”. Señor Presidente: ¿Eso fue lo que usted sacó a relucir cuando después de hacer la apología de la guerra para llegar al poder, de inmediato, fue a caer en brazos de sus enemigos? ¿O usted y sus legionarios son los únicos políticos que sacan a relucir lo mejor de la condición humana?   

Señores gobernantes y formadores de opinión sean prácticos: mientras sigan señalando a los que no están de acuerdo con el manejo de la paz, como “amigos de la guerra”, “cristianos” y “uribistas”, Uribe seguirá creciendo con mengua del 24 % que todavía pertenece al mundo de los “justos”. ¡Por su bien: no ataquen más!

 

Solo habrá paz, como un bien superior, cuando haya un consenso entre todos los colombianos y todos los violentos silencien sus armas. La falta de ese consenso es la causa de que aumenten el odio y la violencia espiritual entre los amigos y opositores del Gobierno. Cuando ese acuerdo sea tangible, se justifica modificar la Constitución, pero no lo harán los poderes, a su antojo. La modificará la sociedad que forme parte del consenso.